«No es solo un chiste»: El trasfondo psicopedagógico de amenazas en escuelas
La Licenciada Lucía del Castillo (MP RN: 855) analiza la ola de amenazas en la región. Advierte sobre la "banalización del daño" y señala que, tras el impacto mediático, subyace una gravísima forma de tramitar el malestar y la soledad adolescente.
La repetición de amenazas de tiroteos en escuelas de Río Negro, Neuquén y el resto del país ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un síntoma social. Para la psicopedagoga Lucía del Castillo, abordar este fenómeno requiere evitar las simplificaciones. Aunque muchas veces no exista un plan de ataque real, nos enfrentamos a una «gravísima forma de tramitar el malestar».
«Cuando un adolescente apela a una amenaza de este tipo, suelen aparecer una mezcla de búsqueda de impacto, necesidad de ser visto y una escasa simbolización del conflicto», explica Del Castillo. La profesional destaca que, si bien no todo autor busca matar, el mensaje es alarmante respecto a cómo expresan hoy su angustia, agresividad o necesidad de pertenencia.
Qué hacer ante el efecto contagio
Del Castillo confirma la existencia de un claro efecto contagio potenciado por la digitalidad. «Las redes son vehiculadores de la violencia; ofrecen guiones rápidos y una recompensa inmediata en forma de atención«, señala. Según su análisis, cuando una amenaza se vuelve captura de pantalla o noticia, baja el umbral para que otro joven la repita, instalando la idea de que una frase en un baño puede detener una institución entera.
Para cortar este círculo, la especialista es tajante: hay que evitar la «espectacularización». Esto implica no viralizar los mensajes y responder con protocolos claros y discretos, trabajando el tema en el aula sin convertir la amenaza en un show mediático.
El error de minimizar: «Pasó aunque sea chiste»
Uno de los puntos más críticos que señala Del Castillo es la tendencia a relativizar estas conductas bajo la etiqueta de «humor negro». «El error más frecuente es pensar que como era chiste, entonces no pasa nada. Y sí pasa: hubo intimidación, ruptura de lazo y pérdida de seguridad», advierte.
La diferencia entre una conducta disruptiva y un riesgo real radica en indicadores específicos: la planificación, el hostigamiento previo a compañeros o la fascinación por masacres. Sin embargo, la regla para las instituciones debe ser clara: no sobreactuar, pero jamás minimizar.
El día después: Enseñar es cuidar
Frente a la respuesta policial predominante, desde la psicopedagogía se propone recuperar la escuela como lugar de cuidado. Del Castillo sostiene que la suspensión de clases solo se justifica si el riesgo es inmediato y no está contenido. «Sostener la escuela abierta suele ser más reparador porque devuelve previsibilidad y la sensación de que el mundo adulto puede proteger sin paralizarse».
En el hogar, el abordaje debe ser firme: «El humor termina donde empieza el terror del otro». La profesional sugiere a los padres no realizar un interrogatorio policial, sino habilitar preguntas para entender qué circula en las redes de sus hijos y ayudarlos a distinguir entre expresión y daño.
Un síntoma mayor: El ausentismo y la soledad
El análisis de Del Castillo se vincula también con datos recientes de Argentinos por la Educación, que indican que el 39% de los estudiantes falta a clase por «no tener ganas». Para la licenciada, esto no es un capricho, sino una «desvinculización subjetiva».
«Cuando un chico no quiere ir, muchas veces está diciendo que no encuentra un sentido o un sostén«, reflexiona. El problema de fondo, concluye, no es que los jóvenes «no aguanten nada», sino que están quedando demasiado solos para tramitar su sufrimiento en un sistema que muchas veces solo ofrece control y sanción, perdiendo la batalla frente a la pertenencia inmediata que ofrece el celular.
La repetición de amenazas de tiroteos en escuelas de Río Negro, Neuquén y el resto del país ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un síntoma social. Para la psicopedagoga Lucía del Castillo, abordar este fenómeno requiere evitar las simplificaciones. Aunque muchas veces no exista un plan de ataque real, nos enfrentamos a una "gravísima forma de tramitar el malestar".
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