Sería la más grande de Latinoamérica: que pasó con la ciudad universitaria abandonada en un cerro de Tucumán
Décadas después, las estructuras de hormigón todavía sobreviven entre la vegetación y el silencio, como el recuerdo de una idea gigantesca que nunca llegó a completarse.
En la cima del Cerro San Javier todavía sobrevive una estructura de hormigón gigante, silenciosa y cubierta por vegetación. Lo que hoy parece una obra inconclusa perdida entre la montaña fue, alguna vez, uno de los proyectos universitarios más ambiciosos de toda Latinoamérica.
La historia comenzó en 1946 y tuvo como protagonistas a dos figuras clave de la Universidad Nacional de Tucumán: el rector y biólogo Horacio Descole y el arquitecto Jorge Vivanco.
Descole regresó de un viaje por universidades de Europa y Estados Unidos obsesionado con una idea: construir en Tucumán una ciudad universitaria moderna, monumental y revolucionaria. Al mismo tiempo, Vivanco viajaba a Londres para participar del CIAM, el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna. Allí quedó retratado en una histórica fotografía sentado junto al célebre arquitecto Le Corbusier.
Una ciudad universitaria en plena montaña
Cuando ambos volvieron a Tucumán, combinaron visión y arquitectura para diseñar un proyecto que parecía futurista para la época. Junto a los arquitectos Eduardo Sacriste y Horacio Caminos imaginaron una ciudad universitaria completa sobre la montaña, a 1200 metros de altura.
El acceso estaría conectado mediante un funicular de 2,5 kilómetros que subiría hasta el complejo principal.

El corazón del proyecto era un gigantesco bloque de residencias estudiantiles de 480 metros de largo, 21 metros de ancho y seis pisos de altura, pensado para alojar a unos 4.000 estudiantes. Además, el diseño incorporaba tabiques internos removibles para modificar y adaptar los espacios según las necesidades.
También se proyectaron 33 viviendas para profesores sobre un enorme basamento de piedra de un kilómetro de extensión. La idea no era construir sobre la montaña, sino integrarse a ella.
El ingeniero más importante del mundo y una obra inconclusa
Para resolver las complejas estructuras de hormigón convocaron al prestigioso ingeniero italiano Pier Luigi Nervi, considerado uno de los más importantes del mundo en ese momento.
Las obras comenzaron en 1948 y avanzaron rápidamente, pero en 1952 el financiamiento se interrumpió. El megaproyecto quedó paralizado antes de completarse.
Solo llegaron a terminarse las viviendas de los profesores y la primera estructura del enorme bloque de residencias, el mismo esqueleto de hormigón que todavía hoy puede verse abandonado en el cerro.
Sin embargo, aquello era apenas una parte mínima del plan original. El edificio definitivo iba a ser tres veces más largo y, según revelaron antiguos planos, incluso existía un proyecto preliminar para construir un dique propio que abasteciera de agua a toda la ciudad universitaria.
El sueño moderno que quedó detenido en el tiempo
Lo que quedó en el Cerro San Javier es mucho más que una obra abandonada. Representa el intento de transformar a Tucumán en un polo universitario de escala internacional mediante una arquitectura moderna integrada al paisaje de montaña.
Décadas después, las estructuras de hormigón todavía sobreviven entre la vegetación y el silencio, como el recuerdo de una idea gigantesca que nunca llegó a completarse.
Comentarios