La opinión del Mono Navarro Montoya sobre el debut de Argentina en el Mundial: «Todo comienza y termina con Messi»

El extraordinario ex arquero de Boca, enviado especial para Río Negro en el Mundial 2026, explica cómo es que Lionel Messi, a casi 39 años, sigue siendo capaz de cambiar el destino de cualquier partido.

Por Carlos Fernando Navarro Montoya, enviado especial de Diario Río Negro

Messi sigue transitando una dimensión propia, reservada para aquellos que desafían el paso del tiempo y convierten lo extraordinario en costumbre.

El debut de Argentina en el Mundial de Estados Unidos tuvo el mejor de los comienzos. Frente a Argelia, la Selección dio el primer paso con una victoria contundente, pero más allá del resultado, hubo una certeza que atravesó cada minuto del partido: todo comenzó y todo terminó en Lionel Messi.


Porque cuando el encuentro se volvió incómodo, cuando el trámite exigió una solución distinta, apareció él. No sólo por sus tres goles, sino porque fue el futbolista capaz de romper el cerrojo, de encontrar los espacios y de inclinar la balanza cuando el partido todavía no estaba resuelto. Como tantas veces en su carrera, la historia se escribió en ese territorio que parece pertenecerle por derecho propio: el borde del área, la medialuna, el lugar donde Messi convierte el fútbol en una obra de precisión y talento.


Y quizás lo más asombroso es que todavía haya quienes se sorprendan. A los casi 39 años, jugando en la MLS, un torneo que muchos observan con cierta mirada despectiva, Messi sigue transitando una dimensión propia, reservada para aquellos que desafían el paso del tiempo y convierten lo extraordinario en costumbre.

Sin embargo, hay algo que vuelve aún más grande su figura. Después de haber conquistado todos los títulos imaginables y pulverizado récords históricos, Messi insiste en relativizar las estadísticas. Para él, los números son apenas números. Y en tiempos donde todo parece medirse por métricas, registros y porcentajes, su mensaje adquiere una fuerza singular: la esencia del juego vale más que cualquier planilla.


Detrás hay respaldo. Esta es la mejor selección del mundo y si bien no es garantía de éxito, menos en un mundial, este equipo tiene un proceso muy amplio y extendido en el tiempo que le permitió adquirir una categoría superlativa.

El capitán nos recuerda que el fútbol sigue siendo emoción, imaginación y belleza. Que una gambeta puede tener más valor que una estadística perfecta. Que una acción memorable puede sobrevivir mucho más que cualquier récord. En una época obsesionada con cuantificarlo todo, él sigue defendiendo el arte de jugar bien.


Tal vez por eso sentimos que es tan cercano. Hace más de dos décadas que forma parte de nuestra vida cotidiana. Está en las transmisiones que escuchamos, en los diarios que leemos, en las conversaciones con amigos, con familiares… Su presencia es tan constante que a veces corremos el riesgo de naturalizar lo imposible. Y ahí radica la paradoja: que Messi haga tres goles en un partido parece algo normal. Pero no lo es. Nunca lo fue. Messi es una excepción permanente, una utopía hecha realidad.

Su grandeza no se limita al césped porque detrás del mejor futbolista de todos los tiempos, hay una persona que nunca necesitó actuar como una superestrella. Mientras el mundo lo coloca en un pedestal, él elige la sencillez. Cuando otros se refugian en el personaje, Messi sigue siendo el mismo. Antidivo, genuino y cercano.

Por eso, cuando hablamos de Messi, siempre terminamos hablando de fútbol. De cómo juega, de cómo interpreta cada partido y de cómo sigue encontrando caminos donde nadie más los ve. Esa es su verdadera dimensión.
Disfrutémoslo mientras siga escribiendo capítulos de esta historia irrepetible. En este debut de Argentina quedó demostrado una vez más que, cuando Messi está en la cancha, todo comienza y todo termina con él.




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