Disputas, presiones y ajedrez político: el antes y después del reclamo hospitalario rionegrino

Trabajadores de la salud protestaron en diferentes rutas y calles de la provincia. El nuevo gremio suma visibilidad, pero el camino para tener “voz y voto” es largo. Similitudes y diferencias con el conflicto neuquino.

La protesta en el acceso principal a Roca contó con la adhesión de trabajadores de diferentes hospitales del Alto Valle. (Foto: Juan Thomes)

La protesta en el acceso principal a Roca contó con la adhesión de trabajadores de diferentes hospitales del Alto Valle. (Foto: Juan Thomes)

El mapa de rutas de Río Negro y Neuquén tuvo ayer, por algunas horas, la misma imagen. Trabajadores de la salud protestaron sobre diferentes caminos, para exigir a los gobiernos de cada provincia mejores sueldos y condiciones dignas para cumplir sus tareas.

“Tienen la misma apariencia, tal vez el mismo origen en el reclamo, pero son dos conflictos bien diferentes”, se atajó un funcionario rionegrino. Mientras ocurría esa charla con RÍO NEGRO, en el acceso principal a Roca por Ruta 22, en la Ruta 151 en Cipolletti, en el puente Villarino de Viedma, en las rutas 23 y 8 de la Región Sur y en el Centro Cívico de Bariloche se complicaba el tránsito por las manifestaciones de la Asociación Sindical de la Salud Pública de Río Negro (Asspur).

La carta exhibida por el funcionario para marcar distancia tiene que ver con la fuerza real de los sectores autoconvocados en los hospitales de las dos provincias.

En Neuquén los trabajadores lograron sostener casi dos semanas de bloqueos y pusieron bajo tensión tanto a gobernantes y como a dirigentes de gremios tradicionales.

En Río Negro la intención final es la misma, pero las posibilidades concretas de lograrlo aparecen más lejos. Y eso tiene explicaciones legales y políticas, que no siempre están en la superficie.

Lo que resumen quienes conocen las idas y vueltas del mundo sindical es que armar un gremio es relativamente sencillo, pero darle peso específico para influir en las decisiones de un gobierno requiere de esfuerzo, paciencia y aceitados contactos políticos.

La Asspur que protagonizó las protestas de ayer transita esos primeros pasos formales. Avales, afiliaciones, un estatuto y varios requisitos más forman parte del camino hacia el primer objetivo, que es contar con la simple inscripción gremial.

Esa primera meta ya demanda gestiones políticas, porque la firma final se estampa en el Ministerio de Trabajo de la Nación y en el mundo sindical todos saben de esa discrecionalidad: hay quienes pasaron una década esperando el final del trámite mientras que otros lo consiguieron en pocas semanas.

Ahora bien, ¿qué lograría Asspur si finalmente consigue la simple inscripción gremial? Sentarse en las mesas de negociación con el gobierno, pero obtener acuerdos exclusivamente para sus afiliados.

Para firmar convenios de representación general se necesita el bien más preciado: la personería gremial.

En el ámbito privado, para obtener ese reconocimiento hace falta acreditar tener un 10% más de afiliados que el gremio reconocido hasta ese momento. En el Estado no se pone tan alta la vara y se permite la coexistencia de entidades con personería gremial, pero se exige contar con un piso del 20% de afiliados dentro del campo de acción.

Como se observa, el recorrido es largo y sinuoso. Y todo eso para llegar a una instancia donde empieza a tallar fuerte la política.

Porque se puede tener la personería gremial y de todas maneras quedar relegado a la hora de las decisiones.

Es lo que ocurrió durante los últimos años con UPCN, que tiene representación formal en el Consejo de la Función Pública, pero influye poco -muchísimo menos que años atrás- porque la sintonía política vigente entre ATE y el gobierno marca el rumbo a la hora de las votaciones.

Asspur tendría que lograr en el futuro lo que pasó entre ATE y UPCN. Claro que el esfuerzo sería mucho mayor, porque sus estrategias deberían imponerse no a uno, sino a dos competidores directos.

¿En qué confía la dirigencia del nuevo gremio? En el descontento que -aseguran- va creciendo entre los trabajadores del sector salud con esos dos gremios tradicionales. Eso les daría mayor poder de movilización y, desde los hospitales o en las rutas, sumar presión para que el gobierno los reconozca como un actor válido en las negociaciones.

Ese tira y afloja también merece una mirada particular. Dentro del gabinete provincial hubo división cuando la gobernadora, Arabela Carreras, se reunió por primera vez con los autoconvocados en noviembre del año pasado. Algunos ministros consideraron que esa legitimación resultaría inconveniente a futuro.

A pesar de esas opiniones, la mandataria consolidó la Mesa de Salud, una especie de subcomisión dentro de la discusión global para redactar el Convenio Colectivo de Trabajo dentro del Estado.

Con ese ámbito activo, el gobierno mantuvo arriba la imagen “dialoguista” que intenta mostrar ante diferentes temas complejos. Sin embargo, la actualidad muestra una versión bastante desmejorada de lo que empezó como un espacio amplio, al que llegaron a concurrir hasta cuatro ministros en simultáneo. La semana pasada la reunión tuvo como máxima representante del gobierno a la secretaria Liliana Arriaga.

Pero no fue eso lo que más “pinchó” el encuentro. La lectura de un dictamen que el propio gobierno rionegrino pidió al Ministerio de Trabajo de la Nación sobre el ámbito de acción reconocido a Fesprosa (la federación que otorgó amparo a los autoconvocados de salud mientras se formaba Asspur) fue lo que cambió los ánimos. Ese informe oficial de Nación concluyó que la entidad no tenía sostén legal para actuar en Río Negro.

El solo pedido de un dictamen demuestra que el gobierno provincial no allanará el camino formal de los autoconvocados.

En consecuencia, la disputa que viene estará en las calles y rutas, con el desafío para el gobierno de que no crezcan mucho más allá de lo que se vio ayer.

Que las protestas se parezcan a las de Neuquén, pero siempre más cerca del origen que del final.


"Hay un cansancio generalizado", dijeron desde Jacobacci


Las voces de los trabajadores de Salud se hicieron oir en distintos rincones de la Región Sur, donde se realizaron cortes de rutas, movilizaciones y panfleteadas.

Nucleados en la Asociación Sindical de Salud Pública de Río Negro (Asspur), los hospitalarios de diferentes comunidades se sumaron a la jornada de protesta provincial con movilizaciones en reclamo de mejoras salariales.

“Llevamos bastante tiempo trabajando en condiciones que no son dignas. Con salarios que parecen que son buenos, pero en realidad son grandes sumas no remunerativas. Estamos pidiendo una recomposición salarial. Que esas sumas se incorporan el básico y que todos los trabajadores puedan llegar a fin de mes”, señaló la doctora Alejandra Ayllapan, de Jacobacci.

En esta ciudad, un nutrido grupo de agentes se movilizó por las calles céntricas, distribuyendo panfletos y haciendo oír su voz.

Ayllapan afirmó que es necesario que el gobierno “escuche” a la nueva asociación sindical, conformada legalmente a partir de abril. “Que los representantes de la provincia que se tengan que reunir, que realmente lo hagan. No que convoquen y después no se presenten”, dijo.

Agregó que antes de llevar adelante la protesta hubo una búsqueda de consenso para llevar adelante medidas que no resientan el funcionamiento del único centro de salud de la ciudad.

“Siempre nos planteamos qué actividades realizar, porque tratamos a personas en un servicio esencial como es el de salud. Muchas veces nos costaba esto de salir a la calle, pero necesitamos que nuestras demandas se visibilicen. Que seamos escuchados, hay un cansancio generalizado por la situación que estamos viviendo y los que significa estar al frente de la pandemia”, sentenció.


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