Por qué la economía no despega: el freno del consumo y la pérdida del poder adquisitivo

El debate abierto por el Gobierno sobre el movimiento comercial en los centros urbanos choca con la pérdida del poder adquisitivo y el creciente peso de las tarifas en los ingresos familiares. Mientras el Banco Central sostiene el tipo de cambio para contener los precios, la industria manufacturera y la construcción recorta las estimaciones del Producto Bruto Interno.

Por Redacción

el mayor peso de los gastos corrientes en los presupuestos familiares limita el gasto en bienes de primera necesidad y modera la demanda interna. (Foto: gentileza)

La discusión pública sobre el verdadero estado de la actividad económica sumó un nuevo capítulo de confrontación tras la viralización de registros en polos gastronómicos porteños compartidos por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo. Si bien la desaceleración de la inflación marca una pauta favorable para el programa económico, la evolución del consumo masivo y la actividad fabril en los grandes centros urbanos muestran una marcha más moderada, un escenario que llevó a reajustar las proyecciones del Producto Bruto Interno (PBI) para este año por debajo del 2%.

En diálogo con RÍO NEGRO Radio el periodista especializado en Economía Pablo Wende analizó la controversia y remarcó la distancia entre las anécdotas individuales y los datos agregados: «Sacar una conclusión tan tajante porque había mucha gente en la calle Corrientes yendo al teatro o entrando a una pizzería es un poquito fuerte. No tiene razón el gobierno diciendo que está todo espectacular ni quienes afirman que esto es un drama absoluto donde nadie llega a fin de mes. Hay estadísticas y hay que analizarlas».

El peso de las tarifas en los salarios y el cambio de hábitos


Detrás de la merma en las ventas tradicionales subyace una reconfiguración forzosa del gasto de los hogares, motivada por la quita de subsidios estatales a los servicios públicos y la pérdida del poder adquisitivo frente a los precios de primera necesidad.

«El fondo de la cuestión es que los salarios no alcanzan. Si antes un 10% del ingreso se destinaba al pago de la luz, el gas y el transporte, ahora representa cerca del 20% porque pasó la motosierra de los subsidios. La gente tiene menos dinero disponible para comprar indumentaria o salir», puntualizó Wende.

En sectores críticos como el textil, el analista explicó que la retracción no responde únicamente a una falta de recursos, sino a una transformación en las modalidades de compra: «Muchos empresarios dicen que no venden nada, pero lo que no se cuenta es que la gente migró hacia plataformas online y compras en el exterior para abaratar costos. Siguen adquiriendo indumentaria, pero buscan optimizar el gasto».

Asimismo, Wende señaló que la baja recaudación tributaria condiciona el esquema fiscal: «Como los ingresos fiscales caen y se redujeron ciertos impuestos, la única vía para sostener el superávit es profundizar el recorte de gasto público en obras, salarios estatales y subsidios».

La estrategia de Luis Caputo: dólar planchado y emisión cero


Frente a la debilidad de la demanda de pesos, el Ministerio de Economía y el Banco Central priorizan mantener el tipo de cambio como ancla nominal para consolidar la inflación por debajo del 2%, aun cuando esto resigne reactivación en el corto plazo.

Wende detalló el accionar del Tesoro en las últimas colocaciones de deuda: «Tenían la oportunidad de no renovar todos los vencimientos para inyectar pesos y mover la rueda comercial, pero renovaron el 100%. Saben que en este contexto de cautela y desconfianza, cualquier peso volcado a la calle va directo a la compra de dólares, recalienta el tipo de cambio y acelera los precios».

En ese sentido, comparó la postura del titular del Palacio de Hacienda con antecedentes recientes: «Caputo ya vivió en carne propia la devaluación durante la gestión de Mauricio Macri en 2018, cuando el dólar se duplicó. Está curado en salud y prefiere evitar cualquier cimbronazo cambiario, apostando a llegar al proceso electoral con el dólar planchado y una inflación entre 1,5% y 2%, aunque la actividad económica quede postergada».

Críticas industriales y el freno en la construcción


El atraso relativo del tipo de cambio abrió cuestionamientos desde entidades fabriles como la Unión Industrial Argentina (UIA), donde advierten que los costos crecientes en moneda local le quitan competitividad a la producción nacional frente a la apertura comercial.

«Desde la industria reclaman que el dólar a 1.500 pesos está artificialmente bajo y que un valor superior permitiría aliviar a sectores jaqueados por importaciones baratas», comentó Wende, y agregó: «En la construcción privada ocurrió algo similar: con el dólar quieto y costos en pesos en aumento, construir se volvió más caro en dólares que el valor de venta de un departamento terminado. Nadie invierte en ladrillos si los números no cierran».

Economía asimétrica: el empuje de Vaca Muerta frente al retroceso urbano


El mapa económico actual muestra una marcada dualidad estructural entre los complejos exportadores y el tejido manufacturero tradicional:

  • Sectores dinámicos: La minería, el agro y la energía en Vaca Muerta impulsan un superávit comercial cercano a los 30.000 millones de dólares, pero presentan baja intensidad en la contratación directa de mano de obra.
  • Sectores contractivos: La industria manufacturera y los talleres urbanos continúan en terreno negativo. «Se pensaba que la industria había tocado piso, pero en julio cayó un 5%. No hay un piso claro para los sectores más castigados», subrayó el especialista.

Esta brecha productiva impactó de lleno en las proyecciones generales. «El Fondo Monetario Internacional estimaba un avance del 3,5%, pero las estimaciones actuales sitúan el PBI entre el 1,8% y el 1,9%. Pese a las compras de reservas y el superávit energético, el 2026 termina siendo un año mucho más flojo de lo previsto para el bolsillo y la actividad general», concluyó.


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