Detrás de escena: El costo emocional de querer ser excelente en todo

La presión por rendir en todos los ámbitos de la vida puede convertirse en una fuente silenciosa de agotamiento. Cómo la autoexigencia impacta en la salud emocional y por qué la inteligencia artificial puede potenciar una tendencia que ya afecta a muchas mujeres.

Por Analía Tarasiewicz, Psicóloga del trabajo de la nueva era IA de Trabaja Mejor @trabaja.mejor

Hay una escena que se repite cada vez más entre las mujeres que consultan por agotamiento. Son profesionales, madres, parejas, amigas, hijas. Cumplen en el trabajo, sostienen vínculos, intentan cuidar su salud, entrenar, verse bien y estar presentes en cada aspecto de su vida. Desde afuera parecen tener todo bajo control. Por dentro, muchas sienten que nunca es suficiente.

La exigencia de hacerlo todo y hacerlo bien suele confundirse con compromiso, responsabilidad o ambición. Sin embargo, cuando el valor personal empieza a depender exclusivamente de los resultados, aparece un desgaste silencioso. Ya no se trata de disfrutar los logros, sino de perseguir una vara que siempre se mueve un poco más arriba.

En mi práctica clínica observo que detrás de esta autoexigencia suelen existir historias, mandatos y heridas más profundas. En mi libro llamo a este fenómeno “Dolor Laboral”: cuando el trabajo y el rendimiento se convierten en el escenario donde se expresan conflictos que exceden lo laboral. El problema no es buscar la excelencia. El problema aparece cuando sentimos que solo valemos por lo que hacemos.

Cuando el cuerpo habla


El cuerpo suele ser el primero en advertirlo. Insomnio, contracturas, dolores de cabeza, problemas digestivos o una sensación constante de cansancio aparecen mucho antes de que la persona reconozca que algo no está funcionando. Es un agotamiento que no siempre se ve porque la mujer sigue respondiendo, sigue llegando, sigue cumpliendo. Pero el costo emocional se acumula.

La idea de ser excelente en todos los roles al mismo tiempo es una meta imposible. Siempre habrá áreas que requieran más atención que otras según el momento de la vida. Sin embargo, muchas mujeres viven cualquier límite o error como una falla personal, cuando en realidad forman parte de la experiencia humana.

Muchas de estas exigencias tienen raíces tempranas. Crecimos escuchando que había que ser fuertes, no molestar, rendir, poder con todo. Con el tiempo, esos mensajes se transforman en una forma de relacionarnos con el trabajo, con los vínculos y con nosotras mismas. La autoexigencia deja de ser una herramienta y se convierte en una obligación permanente.

La IA, un espejo que amplifica


En este contexto, la inteligencia artificial agrega una nueva capa de exigencia. La tecnología ofrece herramientas para trabajar más rápido, producir más y optimizar tareas. Pero también puede alimentar la sensación de que siempre hay algo más por hacer, una versión mejor para entregar o un nuevo estándar que alcanzar.

La IA no crea la autoexigencia, pero puede amplificarla. Si una persona ya vive bajo el mandato de la perfección, la tecnología puede convertirse en un aliado para seguir exigiéndose más. Lo que antes terminaba en una tarea realizada ahora parece abrir la puerta a infinitas mejoras posibles.

Por eso, uno de los grandes desafíos de esta época no es solamente aprender a utilizar nuevas herramientas, sino revisar la relación que tenemos con nuestras propias expectativas. Ninguna tecnología puede resolver aquello que evitamos mirar de nosotros mismos.

Redefinir el éxito implica cuestionar la idea de que debemos controlar todo y rendir al máximo en cada aspecto de la vida. Significa aceptar que equivocarse, pedir ayuda, descansar o cambiar prioridades no son señales de debilidad, sino parte de una vida saludable.

También implica reconocer que el descanso, el disfrute y el cuidado personal no son recompensas que llegan después de cumplir con todo. Son necesidades básicas que merecen tener un lugar propio.

Quizás la verdadera excelencia no consista en sostener todos los platos en el aire sin que caiga ninguno. Tal vez consista en elegir conscientemente cuáles vale la pena sostener y cuáles podemos dejar descansar por un tiempo, sin que eso ponga en duda quiénes somos.


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