¡Bienvenido León XIV!

Como defensor de la justicia social, solicitó a los gobiernos priorizar el fortalecimiento de la familia, advirtió sobre las desigualdades y llamó a renovar la diplomacia en pos de la paz.

Foto: Gentileza Vatican News.

La supremacía de nuestra Constitución Nacional (CN), nos asegura la provisión institucionalmente operativa de aquello conducente al desarrollo humano y a un progreso económico pero con “justicia social” (artículo 75 inciso 19). Con la justicia social como concepción e identificación de satisfacción y paz, la ratificamos desde una prospectiva prioritaria e innegociable para un desarrollo humano decisivo.

Precisamente el papa León XIV –como sus predecesores –, en su primer discurso ante el cuerpo diplomático, solicitó a los gobiernos priorizar el fortalecimiento de la familia, advirtiendo sobre las desigualdades globales y llamó a renovar la diplomacia internacional en favor de la paz.

Ante los representantes de los 184 países con los que la Santa Sede mantiene relaciones, el papa instó a los gobiernos a priorizar políticas que fortalezcan la familia tradicional y contribuyan a la construcción de sociedades “armónicas y pacíficas”.

Este pensar, decir y hacer se corresponde no solo con un contexto bíblico, peculiar y distintivo del carisma agustiniano papal, sino con el propio espíritu característico en las primeras comunidades de creyentes. La visita anunciada oficialmente para noviembre próximo, reanima, entusiasma y deviene providencial en tiempos de hambrunas de pacificación, del fenomenal descuido de “la casa común”, de fraternidad con tacto y contacto, de alimentos y medicamentos, de salud y de educación, de trabajo y techo digno, de bondad, de empatía y de solidaridades intergeneracionales (personas con discapacidad, jubilados, infraestructura vial).

Solamente sabiendo “escuchar y encarnar” esas palabras de León XIV, podremos “hendir la tierra con una cuña antropológica” para que ‘todos, todos, todos’ vuelvan a quedar adentro; cuña o instrumento en vértice diedro de espalda con espalda, claramente no para separar ni dividir sino, para extender una insustituible calidez humana existencialmente imprescindible a cada excluido, lastimado y descartado.

 Apuntando a tan lacerante desigualdad global, León XIV subrayó que en el contexto del “cambio de época” que atraviesa el mundo, la Santa Sede “no puede eximirse de hacer sentir su propia voz ante los numerosos desequilibrios y las injusticias que conducen, entre otras cosas, a condiciones indignas de trabajo y a sociedades cada vez más fragmentadas y conflictivas”

Puentes de fraternidad


Consecuentemente anoticiados, “lucen imperiosos nuevos y auténticos puentes de fraternidad para la dignidad humana, entre un exiguo número de incluidos y multitudes de excluidos, puentes que serían la mejor respuesta posible para, paulatina pero oportunamente revincular con “una noble igualdad de trato y de oportunidades” consumidores y productores, usuarios con prestadores, ahorristas con mutualistas sin usureros, “a todo enfermo con su médico”, evitando intermediarios y extravagantes especulaciones lucrativas, para ir revirtiendo lacerantes desigualdades de posibilidades que vienen generando “surcos profundos de opulencia e indigencia entre continentes, países e, incluso, dentro de las mismas sociedades”; al fin y al cabo una de las acciones concretas que siempre alentó Francisco y vigorosamente recordó “urbe et orbi” el Papa León XIV desde el inicio de su pontificado.

El nombre elegido, León XIV, es toda una definición: como sabemos, León XIII dio inicio a la Doctrina Social de la Iglesia con su famosa encíclica Rerum Novarum (de las cosas nuevas) en 1891. Basta repasarla para ver no sólo su vigencia sino (sobre todo) la hondura e ineludible incidencia social que contiene en abundancia si la tomamos en serio.

En recientes apotegmas del politólogo Augusto Salvatto, “La modernidad fue un ordenamiento y el Estado, su ejecutor”, anticipando el experto que “hoy, esa promesa ya no seduce” .

Igual concluye Salvatto, “resta una esperanza de vida para el Estado: ¡volver a ser humano!”; que se corresponde con la máxima inquietud, propósito y sentido de León XIV en su Carta Encíclica: “Magnifica humanitas”, en tanto celo y centinela de la dignidad humana en plena irrupción de la dada en llamar, inteligencia artificial, (IA).

*Abogado experto en Cooperativismo, certificado por la Coneau.


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