«Era un infierno vivir en esa casa»: el crudo relato de Valentín Yankelevich sobre los maltratos de su padre tras la muerte de Romina Yan
A los 23 años, el hijo de la inolvidable actriz rompió el silencio en una cruda entrevista y reveló el calvario de violencia física y psicológica que sufrió durante su infancia a manos de Darío Giordano. El rol de su abuelo Gustavo Yankelevich y por qué decidió sacarse su apellido.
El crudo relato del hijo de Romina Yan.
A casi dieciséis años de la partida de Romina Yan, la trágica muerte que conmocionó al mundo del espectáculo argentino en septiembre de 2010, uno de sus hijos decidió romper el pacto de silencio que arrastró durante su infancia.
En una entrevista Valentín Yankelevich expuso por primera vez la dura infancia que vivió puertas adentro junto a su hermano bajo el cuidado de su padre, Darío Giordano, tras la pérdida de la actriz.
El joven de 23 años, hoy enfocado en su carrera como piloto en el automovilismo, confesó que aquellos años estuvieron marcados por agresiones sistemáticas. «Realmente era un infierno vivir en esa casa», sentenció Valentín al recordar una infancia atravesada por el miedo, la descalificación constante y un resguardo familiar que falló en protegerlo cuando más lo necesitaba.
Golpes, encierros y maltrato psicológico: el crudo relato de Valentín Yankelevich
En una entrevista con Tatiana Schapiro para Infobae, Valentín contó que tenía apenas siete años cuando su mamá falleció de manera repentina. Aunque en los primeros momentos su padre les prometió protección y un futuro juntos, la cotidianeidad familiar se transformó rápidamente en una pesadilla cuando cumplió nueve o diez años.
«Cuando uno creía que eso era tocar fondo y la tristeza máxima que se podía experimentar, llegaron situaciones que hoy, mirando para atrás, fueron mucho peores”, afirmó.
“Eran golpes, gritos, maltrato”, aseguró y agregó que las horas que pasaba en el colegio se habían convertido en el mejor momento de su día porque le permitían permanecer lejos de su casa: “Las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa. Yo sabía que volvía y se desataba el infierno”, recordó.
Además, relató que como castigo le servían la comida fría horas después de haber sido preparada y se la dejaban tirada en el suelo. Valentín remarcó que las palabras hirientes calaron hondo en su autoestima: “Vos no vas a hacer nunca nada en tu vida, no servís para nada”, era la frase recurrente que escuchaba, reconociendo que «mucho de ese daño psicológico a veces hiere más adentro que un golpe».
«Mi abuelo Gustavo me salvó la vida»
Ante los primeros intentos de pedir ayuda a su entorno paterno —donde minimizaban la situación argumentando que su padre atravesaba un mal momento—. Según relató, les dijeron que su padre estaba atravesando un mal momento y que debían tratar de entenderlo. La reacción de Valentín quedó resumida en una pregunta que todavía recuerda: “¿Qué tengo que entender? Tengo 10 años y mi papá me caga a palos”.
La oportunidad de escape se gestó gracias a Gustavo Yankelevich, quien solía retirar a sus nietos del colegio para almorzar con ellos. En esas charlas clandestinas, Valentín y su hermano lograron exponer la verdad.
“Nosotros le empezamos a pedir que no queríamos vivir más en esa casa, que queríamos vivir con él y nos escuchó. Él fue la primera persona que nos escuchó”, recordó.
Los hermanos declararon ante la Justicia tras salir del colegio, suplicando no volver a su hogar. Aquella causa derivó en los años siguientes en la tenencia definitiva a cargo del productor televisivo. Al recordar la contención que recibió, Valentín fue categórico: «Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida», detallando que les brindó el amor y la estabilidad que perdieron tras la tragedia.
A los 18 años tomó la tajante decisión de abandonar legalmente el apellido Giordano para adoptar el de su familia materna, rindiéndole honor a su abuelo, a quien considera su verdadero padre.
“Nos dio lo único que necesitábamos como dos nenes que habían perdido a su madre y, en este caso, a su padre porque, si vos me preguntás a mí, fue como perderlo… yo no tenía padre”.
A casi dieciséis años de la partida de Romina Yan, la trágica muerte que conmocionó al mundo del espectáculo argentino en septiembre de 2010, uno de sus hijos decidió romper el pacto de silencio que arrastró durante su infancia.
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