Aprendía de memoria el linaje de cada vaca y terminó siendo jurado en las grandes pistas de la ganadería

Con 42 años, Javier De Ezcurra lleva décadas vinculado a las pistas y a la selección genética. Se crió entre Angus, comenzó a trabajar en cabañas desde muy chico y a los 19 años hizo su primera jura. Hoy asesora establecimientos de Argentina, Uruguay y Brasil y sostiene que el gran desafío es producir animales más pesados sin perder rusticidad y funcionalidad.

Javier Ezcurra recorrió durante décadas pistas y campos de Argentina y otros países, una experiencia que hoy aplica a la selección genética. Foto: Luciano Cutrera.

La ganadería forma parte de la vida de Javier De Ezcurra desde que tiene memoria. Su vínculo con los animales nació en el campo familiar, en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, y estuvo marcado desde el comienzo por una fuerte tradición genética.

La familia de su padre está vinculada a la cría de Angus desde hace más de 100 años. Su padre, además, fue una de sus principales referencias y todavía hoy, a sus 87 años, continúa acompañándolo en algunas de las juras y compartiendo la actividad.

«Desde muy chico siempre acompañaba a mi padre, trabajando un poco en el campo y en la cabaña», recuerda De Ezcurra.

La formación comenzó casi como un juego, cuando tenía 7 u 8 años, su padre le hacía aprenderse de memoria los animales: debía reconocerlos por la cabeza, identificar su RP, su padre y hasta su abuelo materno.

A los 10 años llegó otro paso importante, salió por primera vez con una ternera a la pista de Palermo. Y muy joven comenzó a trabajar fuera del establecimiento familiar, preparando animales Hereford en el sur de Brasil.

Ese recorrido fue construyendo una carrera que con el tiempo se amplió desde las exposiciones hacia la asesoría genética. Hoy trabaja con empresas y cabañas de distintos tamaños y participa de proyectos productivos en Argentina, Uruguay y Brasil.

La funcionalidad, la fertilidad y la capacidad de adaptación son algunas de las características que considera centrales al momento de evaluar un reproductor. Foto: Luciano Cutrera.
La funcionalidad, la fertilidad y la capacidad de adaptación son algunas de las características que considera centrales al momento de evaluar un reproductor. Foto: Luciano Cutrera.

Además, es criador, tiene una cabaña de Angus en Argentina y Uruguay, asociada con Ramón Díaz, el extécnico de River su hijo Michael y la familia, y también participa de una cabaña de Brangus junto con socios argentinos y un cliente del sur de Brasil.


Una carrera que comenzó en las pistas


La primera jura de De Ezcurra fue a los 19 años, en la exposición de Dolores, en la provincia de Buenos Aires. Después llegaron las exposiciones de otoño y primavera, las nacionales y distintas competencias internacionales.

En 2022, con 37 años, fue elegido para jurar la raza Angus en la Exposición Rural de Palermo y se convirtió en el jurado más joven de la raza en ocupar ese lugar. Aquella elección fue la culminación de un camino que había comenzado muchos años antes.

Con el tiempo, su recorrido como jurado se extendió a otros países y razas. En 2024, por ejemplo, juró en una importante exposición de Canadá.

Hoy, con 42 años, reconoce que descubrió una nueva pasión. «Primero me gustaba estar en la pista presentando animales y ahora descubrí que juzgar también me gusta mucho», cuenta.


Del ojo del jurado a los datos genéticos


De Ezcurra sostiene que la mirada sobre los reproductores cambió con los años. La evaluación visual continúa siendo fundamental, pero ahora se complementa cada vez más con información objetiva.

«Hoy estamos agregando el tema de los datos, todo lo que podemos medir, y eso ayuda mucho a la selección», explica.

De Ezcurra fue jurado de la raza Hereford en la 37° Exposición Ganadera, Comercial e Industrial de Primavera de General Conesa. Foto: gentileza.

En ese proceso aparecen las DEPs, las Diferencias Esperadas en la Progenie, una herramienta estadística que permite estimar el desempeño que pueden transmitir determinados animales a su descendencia.

Para De Ezcurra, su utilización seguirá creciendo, especialmente a medida que los productores deban responder a nuevos mercados y busquen animales con mejores características productivas.

Pero los números no reemplazan al ojo, la fortaleza, sostiene, está en combinar ambos mundos, evaluar el fenotipo, la funcionalidad y la adaptación del animal y, al mismo tiempo, utilizar la información genética disponible para tomar decisiones más precisas.


Más kilos, pero sin perder rusticidad


Uno de los desafíos que observa hacia adelante es aumentar el potencial productivo de los animales sin perder las características que hicieron fuerte a la ganadería argentina.

«Tenemos que tener un poco más de tamaño para poder llegar a todos los mercados nuevos que nos van a pedir un poco más de marmoleo y un poco más de ojo de bife», señala.

Pero ese crecimiento tiene un límite: la adaptación.

«Tenemos el desafío de tratar de mantener en los campos duros animales más pesados, pero sin modificar el biotipo de los animales que nosotros tenemos», explica.

Para De Ezcurra, la rusticidad sigue siendo una de las grandes fortalezas de la genética argentina. Y esa discusión adquiere especial importancia cuando se piensa en regiones como la Patagonia.


Qué debería buscar un productor patagónico


En los ambientes más exigentes, la elección de un reproductor no puede reducirse al peso o al tamaño.

«En la Patagonia, que son campos duros, lo más importante es la funcionalidad de los animales», afirma.

Eso significa animales capaces de desplazarse grandes distancias, mantenerse en condiciones adversas y expresar su potencial sin perder adaptación.

En las hembras, además, la fertilidad ocupa un lugar central. De Ezcurra menciona la necesidad de contar con vacas fértiles, rústicas y capaces de adaptarse al ambiente, sin problemas estructurales que condicionen su desempeño reproductivo.

El tamaño, nuevamente, debe encontrar un equilibrio.

Si la vaca es demasiado grande, puede resultar más difícil mantenerla en un ambiente restrictivo. Pero si el tamaño es excesivamente bajo, el peso del ternero al destete puede verse limitado. «Ese es el desafío», resume.


Una tecnología que vuelve a tener sentido


Para De Ezcurra, la mejora de la eficiencia no necesariamente pasa siempre por incorporar herramientas nuevas. En algunos casos, implica volver a utilizar tecnologías y prácticas conocidas que durante años no resultaban económicamente convenientes.

El cambio está dado por los números del negocio. «Cuando la vaca no valía mucho, nadie pensaba en darle de comer a la vaca o darle de comer a su cría o hacer un destete precoz para que la vaca pueda entrar a su segundo servicio mejor», explica.

Con los valores actuales, algunas de esas prácticas vuelven a ser atractivas, por eso observa un cambio de paradigma en la cría: utilizar la suplementación, el manejo y otras herramientas para mejorar la eficiencia y lograr mejores resultados productivos.

«Hoy se pueden empezar a aplicar», sostiene.

El objetivo, en definitiva, es conseguir terneros más pesados y, al mismo tiempo, premiar y conservar las vacas que mejor funcionan dentro del sistema. «Las vacas, en definitiva, son la clave de nuestro negocio», afirma.


La pista y el campo, cada vez más cerca


Después de recorrer durante años exposiciones y establecimientos productivos, De Ezcurra considera que una de las grandes transformaciones de la ganadería argentina fue la reducción de la distancia entre lo que se premia en una pista y lo que realmente necesita un productor.

Recuerda que durante la década del 90 era posible encontrar animales destacados en las exposiciones que, desde su mirada, resultaban demasiado artificiales para ser utilizados en condiciones productivas.

«Hoy eso se terminó», afirma.

El especialista sostiene que el desafío de la ganadería es lograr animales más pesados sin perder rusticidad y adaptación a los distintos ambientes. Foto: Luciano Cutrera.

Para De Ezcurra, actualmente la producción y las exposiciones están mucho más vinculadas, «los toros que se destacan en las pistas pueden multiplicarse mediante dosis de semen y terminar utilizados en miles de rodeos». Lo mismo ocurre con hembras y donantes que ingresan a programas de reproducción.

Por eso entiende que una exposición no debería ser solamente una competencia.

«Las exposiciones son para que los productores puedan compararse, mostrar lo que están haciendo y marcar un poco el rumbo de la raza», explica.

En ese escenario, el jurado tiene una responsabilidad que va más allá de elegir al animal más atractivo.

Debe reconocer las virtudes, pero también mantener una línea productiva que tenga sentido para el campo.


Una ganadería argentina en un buen momento


Después de tantos años de recorrer campos y pistas en distintos países, Ezcurra observa con optimismo el presente de la ganadería argentina.

«Me parece que toda la ganadería argentina está en un momento bárbaro», sostiene.

Y no habla solamente del Angus. También destaca el desarrollo de otras razas, como Brangus y Braford, con las que trabaja y participa en distintas exposiciones.

El desafío será producir más y mejor, responder a mercados que exigirán nuevas características y, al mismo tiempo, conservar una de las principales fortalezas de la ganadería argentina: animales funcionales, rústicos y capaces de producir en ambientes diversos.

Para De Ezcurra, ese equilibrio es justamente el camino que debe seguir la selección genética.


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