Cabaña Don Enrique, en Villalonga: genética para producir en campos donde la adaptación no se negocia

Fernando Bayón está al frente de Agropecuaria Don Pedro y de la cabaña Don Enrique, en Villalonga. Sobre unas 4.500 hectáreas combina agricultura y ganadería de ciclo completo, con un plantel de unas 700 madres Angus. La genética tiene una premisa clara: producir animales funcionales, de bajo peso al nacer y capaces de caminar y producir en los ambientes exigentes de la Patagonia.

Cabaña Don Enrique, Villalonga.

La historia de Fernando Bayón con la ganadería tiene raíces familiares, pero también una decisión personal. Es el menor de cinco hermanos. Cuando sus hermanos mayores se fueron a estudiar y sus padres se trasladaron a Bahía Blanca, él dejó Villalonga con apenas 11 años.

Estudió Agronomía y, después de algunos años, regresó al campo familiar. Hace aproximadamente dos décadas volvió a Villalonga para trabajar en agricultura y ganadería junto a uno de sus hermanos.

“Vine a hacer agricultura y ganadería, las dos cosas”, recuerda. Con el paso del tiempo, sin embargo, la ganadería terminó convirtiéndose en el eje de la empresa.

Hoy, Agropecuaria Don Pedro trabaja alrededor de 4.500 hectáreas, entre superficie bajo riego y campo de secano. La agricultura cumple una función productiva central: generar buena parte de los alimentos y reservas que necesita la ganadería.

“La agricultura es una necesidad para alimentar a lo que te gusta”, sintetiza Bayón.

La cabaña Don Enrique comenzó a tomar forma antes de la separación societaria con su hermano. Después de aquel proceso, en 2015, cada uno continuó con una parte de la actividad y Bayón empezó a darle una presencia más marcada a la cabaña en las exposiciones.

La primera participación llegó en 2024, en la Rural de Viedma. Y desde entonces los resultados acompañaron el proyecto: Don Enrique consiguió ganar las tres Nacionales de Angus en las que participó, en 2024, 2025 y 2026. “Ha sido un empuje importante porque nos sirvió para hacernos conocer en la zona”, reconoce.

Angus para un ambiente exigente



Don Enrique trabaja exclusivamente con Angus, tanto negro como colorado. La elección no responde a una estrategia circunstancial, sino a una convicción productiva.

Fernando Bayón, de cabaña Don Enrique, en Villalonga, junto a Río Negro Rural.


Bayón sostiene que el objetivo es obtener un animal adaptado al ambiente y que pueda cumplir con su función productiva sin requerir condiciones extraordinarias.

Por eso, dentro de la selección genética hay una característica que considera irrenunciable: el bajo peso al nacer. “Hay algo que defiendo a ultranza en el rodeo, que es el bajo peso al nacer”, afirma.

La razón es concreta: facilidad de parto y funcionalidad. En el establecimiento, todo toro utilizado para inseminación debe estar probado para bajo peso al nacer. Si no cumple con esa condición, directamente no se utiliza.

El resultado se refleja en el manejo. Bayón asegura que hace alrededor de diez años que no realizan una cesárea en el campo. “Cuidamos mucho eso”, explica.

“Hay algo que defiendo a ultranza en el rodeo, que es el bajo peso al nacer”.

Fernando Bayón, cabaña Don Enrique.

Los toros que salen de Don Enrique tienen como destino distintos puntos de la región. Se comercializan entre 100 y 110 toros por año, además de unas 200 vaquillonas, y llegan a establecimientos de lugares como Jacobacci, Maquinchao y Sierra Grande.

También tienen compradores en establecimientos ganaderos de gran extensión, como Santa Nicolasa, en Chimpay, donde necesitan reproductores que puedan recorrer grandes superficies y mantenerse productivos. “Tiene que ser un animal que pueda ser mantenido, estamos en una zona muy dura”, remarca Bayón.

Bajo peso y facilidad de parto



La selección por bajo peso al nacer es una de las características que atraviesa todo el esquema de Don Enrique.

Angus negro en cabaña Don Enrique.


Bayón explica que no se trata simplemente de buscar animales pequeños, sino de trabajar sobre una genética que permita obtener terneros con facilidad de parto sin resignar funcionalidad posterior.

Dentro de la raza Angus existen diferentes alternativas según el destino del reproductor. Hay toros orientados a facilidad de parto para vaquillonas jóvenes y otros destinados a vacas.

En Don Enrique se trabaja habitualmente con vaquillonas de 24 meses. La decisión está vinculada al ambiente y al objetivo de preservar el desarrollo de la futura madre.

La inseminación se realiza en otoño y la vaquillona llega a la siguiente primavera con el ternero ya nacido. De esa manera, cuando se incorpora al rodeo general lo hace sin la cría al pie, lo que facilita su recuperación y permite afrontar mejor el segundo servicio.

Para Bayón, adaptar el manejo a las condiciones de cada zona es fundamental. Una práctica que funciona en los mejores ambientes de la provincia de Buenos Aires no necesariamente tiene el mismo resultado en los campos más duros de la región.

700 madres y un ciclo completo



El establecimiento cuenta con un plantel de aproximadamente 700 madres. De ellas, entre 600 y 650 son inseminadas, utilizando dos servicios consecutivos con un intervalo de 30 días.

Cabaña Don Enrique, en Villalonga. Animales adaptados a territorios difíciles para hacer ganadería.


La metodología permite concentrar la parición: entre el 70 y el 80% de los nacimientos se produce dentro de un período de aproximadamente 30 días.

La concentración facilita el manejo y permite organizar mejor el trabajo del personal.

Los destetes se realizan de manera anticipada, durante enero, con terneros que se encuentran aproximadamente entre los 140 y los 160 kilos. Los animales más livianos reciben un tratamiento diferencial y pasan por un período de adaptación en corrales, donde se les enseña a comer.

«El productor está dispuesto a invertir cuando entiende que la genética puede mejorar su resultado».

Fernando Bayón, cabaña Don Enrique.

Después llega una instancia clave: la selección de los futuros reproductores. “Se hace la selección para la cabaña de la hembra que va a quedar y del macho que va a quedar”, explica. Las hembras que no quedan para la cabaña pasan a engorde y los machos que no son seleccionados siguen otro destino dentro del esquema productivo.

Fernando Bayón en la última Expo Rural que se realizó en Viedma, también estuvo en Conesa.


La empresa completa el ciclo con recría y terminación. Compra terneros y vacas para negocio, además de utilizar parte de su propia producción, y cuenta con una etapa de encierre. Entre 1.500 y 1.800 animales por año pasan por ese circuito, con destino principalmente a mercados de Neuquén y el sur.

La agricultura como fábrica de alimento



En Don Enrique, la agricultura no está separada de la ganadería. Una buena parte de la producción agrícola termina transformándose en alimento para los animales.

Angus negro, en cabaña Don Enrique, de Agropecuaria Don Pedro.


En el campo de secano se producen avena y cebada, además de mezclas con vicia. También se elaboran rollos de alfalfa y silos de maíz.

El maíz producido en el establecimiento alcanza rendimientos de entre 10.000 y 12.000 kilos por hectárea en grano, mientras que el picado puede llegar a unos 40.000 o 45.000 kilos de materia verde por hectárea.

La producción de reservas es considerada estratégica, especialmente después de los años de sequía. Bayón recuerda el período comprendido entre 2006 y 2009, cuando la falta de alimento llegó a tal extremo que resultaba difícil conseguir rollos en la región. “Nosotros no sabemos nunca cuándo nos va a volver a pegar la seca”, advierte.

Por eso, aun cuando las condiciones climáticas mejoran, la decisión es mantener una política de reservas.

El establecimiento dispone además de unas 650 a 700 hectáreas bajo riego y este año incorporó un nuevo equipo de riego por pivot, cuya puesta en funcionamiento está prevista hacia fin de año.

Manejo, potreros y eficiencia



La eficiencia no se limita a la genética. También está presente en el manejo cotidiano.

En el campo ganadero, de unas 2.360 hectáreas, hay más de 30 potreros. Se realizan movimientos rotativos y se utiliza alambrado eléctrico para controlar las parcelas y ajustar el manejo. La estructura permite recorrer mejor la hacienda y aprovechar de manera más eficiente los recursos disponibles.

Los resultados reproductivos se ubican entre el 92 y el 93% de preñez, según Bayón.

La facilidad de parto y la selección por bajo peso al nacer colaboran con esos índices, pero también destaca el trabajo del personal y la posibilidad de recorrer frecuentemente los rodeos.

El esquema de dos inseminaciones consecutivas permite, además, concentrar una parte importante de la parición en apenas 30 días. “No tenemos que andar recorriendo todos los días”, explica, señalando una de las ventajas de concentrar los nacimientos.

Una ganadería que vuelve a recuperar terreno



Bayón observa con atención el proceso de recuperación de la ganadería regional después de los años de sequía.

La evolución del stock ganadero de Río Negro es, para él, una muestra de la capacidad de recuperación de los productores. La actividad atravesó momentos muy difíciles y, sin embargo, volvió a crecer.

Agropecuaria Don Pedro, en Villalonga.


En las exposiciones de la región también encuentra una señal positiva. La calidad de los reproductores que se presentan demuestra, a su entender, que las cabañas patagónicas pueden competir en niveles muy altos.

“Hay toros que son de nivel nacional”, sostiene. Y los precios acompañan esa percepción. En remates realizados en la región se alcanzaron valores que, según Bayón, se acercan a los de importantes remates de cabañas del centro de la provincia de Buenos Aires.

Para él, eso tiene una lectura concreta: el productor está dispuesto a invertir cuando entiende que la genética puede mejorar su resultado. “El productor de acá, el ganadero, invierte y quiere seguir mejorando”, destaca.

La genética no se detiene



En Don Enrique, la incorporación de genética es una tarea permanente. El trabajo de una temporada no termina cuando se venden los toros: inmediatamente comienza el siguiente ciclo.

Cabaña Don Enrique, presente en el calendario ganadero de primavera de Río Negro.


Mientras se preparan los reproductores para la próxima temporada, ya se está trabajando sobre las futuras generaciones. “Eso no para nunca”, dice Bayón. Y enseguida agrega, con una sonrisa: “Yo digo que es una enfermedad”.

La inseminación de las vaquillonas que serán las futuras madres ya forma parte de la planificación. De allí saldrán los animales que dentro de algunos años podrán convertirse en los nuevos toros de la cabaña.

La exposición es solamente una parte visible de ese trabajo. Detrás de cada reproductor premiado existe un proceso mucho más largo que empieza en el campo, continúa con la selección y termina cuando ese toro llega a otro establecimiento.

El momento de la ganadería



El contexto económico también ocupa un lugar importante en la mirada de Bayón. Considera que el sector atraviesa un momento de precios ganaderos muy favorable, especialmente medidos en dólares.

“En precios en dólares es impensado”, afirma.

La demanda internacional de proteína animal aparece como uno de los factores que podrían sostener este escenario. Al mismo tiempo, considera necesario que se recupere el consumo interno, condicionado por el poder adquisitivo.

Dentro del ciclo ganadero, observa una situación particularmente interesante para la cría. También encuentra una buena ecuación para el engorde debido al precio del maíz.

“Hoy, si no empezamos a ser eficientes, vamos a quedar en el camino”.

Fernando Bayón, cabaña Don Enrique.

El ternero recriado, además, abre una alternativa para el productor. En lugar de venderlo inmediatamente con 160 kilos, puede incorporar kilos y comercializarlo con 280 o 300 kilos, cuando existen compradores que luego completan la terminación hasta los 500 kilos.

“Eso le dio la posibilidad al criador de no malvender un ternero”, analiza.

Para Bayón, la estabilidad económica también modifica las decisiones productivas. En épocas de alta inflación, vender un animal para cubrir una necesidad podía significar perder poder de compra rápidamente. Hoy, con mayor estabilidad, existe otra posibilidad de planificar.

Pero esa estabilidad también obliga a ser más eficientes. “Hoy, si no empezamos a ser eficientes, vamos a quedar en el camino”.

Producir mejor, no solamente producir más



La filosofía de Don Enrique se resume en una idea que atraviesa toda la conversación: adaptación.

No se trata solamente de obtener un toro que se destaque en una pista, sino de producir un reproductor capaz de caminar grandes extensiones, adaptarse a campos difíciles, tener facilidad de parto y dejar terneros que después tengan buena respuesta productiva.

Angus negro y colorado en cabaña Don Enrique.


La cabaña encontró en ese concepto su identidad.

Bayón estudió Agronomía, pero terminó siguiendo el camino de la ganadería porque, como él mismo reconoce, es una actividad que lo apasiona. La agricultura sigue siendo importante, pero fundamentalmente como soporte de un sistema ganadero integrado. “Hay que ser eficiente en las dos cosas”, sostiene.

A más de dos décadas de su regreso a Villalonga y después de haber convertido a Don Enrique en una cabaña reconocida en el circuito Angus regional, el desafío sigue siendo el mismo: producir un animal funcional, adaptado y capaz de generar resultados en el campo real.

Porque para Bayón, la genética no se mide solamente por un premio. Se mide cuando el toro sale de la exposición, llega a un campo, camina, sirve, preña y deja terneros que hacen rentable al productor que confió en él.


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