El martillo que llegó de Junín (Bs. As.) a hacer historia en la Patagonia
Gastón Paz es uno de los tres hermanos que forman parte de Paz Hnos., la consignataria de hacienda originaria de la provincia de Buenos Aires, que a principios del 2000 puso un pie en la plaza neuquina donde no se hacían remates desde dos décadas atrás. Con el tiempo, Junín de los Andes se consolidó como la referencia ganadera de esa zona patagónica donde en abril pasado se vendieron 3.000 cabezas a productores regionales.
Gastón Paz es segunda generación de consignatarios de hacienda y su vínculo con la actividad comenzó en la infancia, cuando el oficio todavía se definía con una palabra que hoy suena lejana en el tiempo: feriero.
“Mamamos la actividad desde los nueve años”, arranca la charla con Río Negro Rural, como quien habla de un destino que ya estaba escrito de antemano.
En 1993, junto a sus hermanos José María y Patricio, dieron forma a Paz Hermanos SRL, una consignataria que nació en un contexto complejo: la pérdida temprana de su padre y la necesidad de reinventarse como empresa independiente. “Nos largamos solos siendo muy jóvenes, pero en una actividad que nos gusta mucho”, recuerda hoy a la distancia.
El consignatario: figura clave en el entramado productivo
Desde su base en Junín, en el noroeste bonaerense, la firma fue creciendo hasta consolidar una red de operaciones que hoy abarca Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe y Córdoba, sin dejar de lado su llegada a territorio patagónico ya hace varios años atrás, y sumando además negocios inmobiliarios rurales y urbanos, y actividad productiva propia.

El rol del consignatario suele simplificarse haciendo alusión a un intermediario comercial. Sin embargo, Paz lo define con otra profundidad: una figura clave en el entramado productivo. “El feriero fue siempre el nexo en la Argentina profunda, el que está al lado del productor, aconsejando y acompañando en lo que se pueda”, resume.
Esa función incluye mucho más que cerrar operaciones: implica recomendar momentos de venta, categorías, definir estrategias comerciales y hasta acompañar financieramente al productor cuando es necesario. “Se trata de que se cumplan los compromisos y de ayudar a tomar decisiones”, explica Gastón Paz.
A pesar de los avances tecnológicos que también llegaron a la actividad ganadera a través de remates virtuales, streaming y plataformas digitales, el contacto directo entre el consignatario y los productores sigue siendo esencial. “Se visita el campo, aunque hoy la tecnología cambió mucho las formas”, sostiene sobre esta realidad.
El salto a la Patagonia: un desafío que cambió un mercado
Uno de los hitos más relevantes en la trayectoria de Paz fue su desembarco en la Patagonia, de la mano de Abraham Neiman, a comienzos de los 2000.
La propuesta era ambiciosa: reactivar un sistema de remates que llevaba dos décadas sin actividad en Neuquén. “Hacía veinte años que no se hacía un remate en la provincia, era todo un desafío para nosotros”, recuerda de ese momento.
Lo que comenzó como una apuesta logística y comercial terminó convirtiéndose en un cambio estructural para la región.
Los remates en Junín de los Andes -hoy consolidados como plaza de referencia- marcaron un antes y un después en la formación de precios y en la dinámica ganadera local. “Generamos un mercado donde no había valores de referencia”, destaca sobre el rol que les tocó cumplir en este territorio.
De vender terneros a transformar la producción
El impacto en la región no fue solo comercial. Según Paz, el desarrollo de los remates y el trabajo conjunto con productores, instituciones y el Estado provincial generaron una transformación profunda.
“Cuando empezamos, el 90% de los terneros que se ofrecían se iban a La Pampa, hoy el 80% se queda en Neuquén”, comenta sobre el cambio de mercado.
“Cuando empezamos, el 90% de los terneros que se ofrecían se iban a La Pampa, hoy el 80% se queda en Neuquén”.
Gastón Paz, de la consignataria Paz Hnos.
Ese cambio implica más valor agregado en origen: recría, engorde y faena dentro de la región.
La clave, explica, fue la constancia: “Esto es un trabajo silencioso, pero sostenido en el tiempo”.
Una ganadería adaptada y eficiente
Consultado sobre las diferencias entre las regiones en las que desempeñan su actividad, Gastón Paz no duda en destacar la calidad de la hacienda patagónica. “El criador hace maravillas en condiciones difíciles”, destaca.
Lejos de las grandes escalas de la pampa húmeda, la Patagonia desarrolló un biotipo adaptado, con años de selección natural y manejo: “Es una hacienda con una adaptación impresionante, transmitida por generaciones”.
Ese proceso, más que la incorporación masiva de genética externa que se dio a lo largo de los años, es lo que explica los resultados. “Es un trabajo lento: lo que hacés hoy lo ves dentro de varios años”, explica Paz sobre el trabajo desarrollado al sur del río Colorado.
Ganadería: claves de un negocio que se reacomoda
Para Gastón Paz, el momento actual de la ganadería no debe interpretarse como excepcional, sino como una corrección de distorsiones históricas. “Más que un boom, lo que estamos viendo es una normalización de precios”, explica desde su visión del negocio ganadero.
Durante años, la actividad estuvo condicionada por restricciones, tipos de cambio múltiples y bajo poder adquisitivo interno. Hoy, con un mercado más libre y exportaciones activas, los valores reflejan mejor la realidad del negocio.
En este sentido, uno de los factores centrales del escenario actual es el desbalance estructural entre oferta y demanda. “La oferta crece muy poco y la demanda mundial sigue aumentando”, destaca Paz.
Recuerda que Argentina mantiene un stock similar al de décadas atrás, pero con una población mucho mayor. “Antes había dos vacas por habitante, hoy hay poco más de una”, resume la situación.
A esto se suma el crecimiento global del consumo de proteínas animales, que empuja los precios.
Paz también pone en contexto el presente recordando momentos críticos: “Se perdieron 12 millones de cabezas en pocos años”. Factores climáticos y políticas adversas llevaron a muchos productores a abandonar la actividad. Esa pérdida aún condiciona la capacidad de crecimiento actual.
¿Es momento de invertir?
Con precios más firmes, aparece una oportunidad clara para el productor. “Hoy hay margen para recomponer infraestructura que estuvo postergada”, dice Paz.
Mejoras en instalaciones, manejo del agua, subdivisión de potreros y eficiencia productiva son algunas de las prioridades.
«La ganadería es una actividad muy noble, donde todavía existen la palabra, el honor y la dignidad
Gastón Paz, de la consignataria Paz Hnos.
La genética y la sanidad siguen siendo pilares, pero el contexto permite volver a pensar en inversiones de mediano plazo. A diferencia de otras proteínas, la ganadería bovina tiene ciclos largos que condicionan cualquier recuperación. “Para aumentar el stock necesitás varios años”, destaca el consignatario.
Retener hembras o mejorar índices reproductivos implica resultados a largo plazo, lo que exige planificación y paciencia.
Sanidad y barreras: una ventaja estratégica
Respecto a la barrera sanitaria patagónica, un tema que ya no se discute tanto pero que estuvo en el candelero durante varios meses en la Patagonia su postura es clara: “Hay que mantener el estatus sanitario hasta que todo el país esté en igualdad de condiciones”.
“Hay que mantener el estatus sanitario hasta que todo el país esté en igualdad de condiciones”.
Gastón Paz, de la consignataria Paz Hnos.
En un contexto global con alertas sanitarias, la prudencia aparece como un valor clave.
Más allá de los avatares de la actividad, Paz vuelve siempre a lo esencial: el vínculo humano. “Es una actividad muy noble, donde todavía existen la palabra, el honor y la dignidad”.
Esa dimensión, difícil de medir pero fundamental, es la que explica por qué, pese a las crisis, muchos siguen apostando a la ganadería. “La pasión fue lo que nos sostuvo cuando todo estaba mal”, finalizó Paz.
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