De enseñar robótica a impulsar una ecoaldea: la historia de Alí, el viedmense que busca formar comunidades sustentables en Río Negro

Aprendió robótica en Viedma Digital y hoy enseña en el mismo lugar. A los 18 años se convirtió al islam y, mientras impulsa talleres para chicos, busca crear una comunidad agroforestal en la Patagonia.

Alí Carrasco, el profesor que enseña robótica a niños mientras impulsa una ecoaldea en Viedma. Foto: Marcelo Ochoa

“A los niños les brillan los ojitos cuando construyen algo, lo encienden y se mueve”, cuenta Alí Carrasco, profesor de robótica de Viedma Digital.

El joven que inició como estudiante del plan y hoy enseña a otros chicos a construir y programar, mientras paralelamente impulsa Ecoaldea Lamat, un proyecto comunitario que busca combinar agroecología, bioconstrucción y energías renovables.


De alumno a profesor de robótica/ Del lugar donde aprendió al aula donde enseña


La historia con la tecnología empezó, justamente, en el espacio donde hoy trabaja. «Literalmente lo estudié donde lo estoy enseñando. Yo aprendí robótica Arduino en Punto Digital«, recuerda.

En este sentido, el programa que, tras ser absorbido por la ciudad, pasó a ser Viedma Digital, ofrece talleres que van desde alfabetización digital y ofimática para adultos hasta robótica e IA.

Estudiantes de 8 a 15 años que participaron en clases de robótica en Viedma Digital. Foto: gentileza

«Hay gente que queda afuera del sistema porque no puede acceder a ese conocimiento», explica el docente, quien señala que los talleres también pretenden acercar la tecnología a los niños a través de la experiencia.

«Cuando logran que algo que construyeron funcione, llaman a la mamá, le quieren sacar fotos, y cuando los vienen a buscar no se quieren ir. Eso también nos ha hablado del éxito de estas propuestas», manifestó.


La búsqueda de otra forma de vivir


La tecnología, sin embargo, es solo una parte de su historia. Mientras enseña robótica y modelado 3D, Alí también trabaja en un proyecto que parece ubicarse en el extremo opuesto: la creación de una ecoaldea autosustentable.

El proyecto se llama Ecoaldea Lamat y comenzó a tomar forma en 2021, después de que realizara una formación en diseño de permacultura vinculada a la Ecovilla Gaia de Buenos Aires.

Miembros de Ecoaldea Lamat, construyendo una sede durante 2023. Foto: gentileza

La idea inicial era formar un espacio comunitario que les permitiera producir alimentos e intercambiar conocimientos.

Comenzaron siendo dos personas. Después llegaron las redes sociales, entrevistas y reuniones. En menos de un año ya eran más de veinte integrantes trabajando en un terreno cercano a la recicladora de Viedma.

El agua solo llegaba durante cinco meses, lo que impidió el avance de los trabajos sobre la zona. Foto: gentileza

Allí realizaron trabajos de bioconstrucción, plantaciones y manejo del agua, pero el proyecto terminó frenándose.

El agua subterránea tenía altos niveles de arsénico, el canal funcionaba durante una parte limitada del año y el ganado suelto de terrenos adyacentes afectaba los cultivos.

“Se volvió insostenible”, resume. Pero Lamat no desapareció.


Una nueva búsqueda en el IDEVI y convenios con la Universidad de Río Negro


Actualmente, el grupo busca acceder a tierras en la zona del IDEVI para desarrollar una comunidad agroforestal donde puedan recibir escuelas, estudiantes, investigadores y vecinos.

“Una ecoaldea viene a ser un mismo espacio residencial que combina bioconstrucción, energías renovables, tratamiento de residuos y agroecología”, explica.

Ecoaldea Lamat ubicada en Viedma, Río Negro. Foto: gentileza

Paralelamente, el grupo trabaja en una propuesta de formación junto a la Universidad Nacional de Río Negro.

La idea inicial es desarrollar un curso introductorio sobre permacultura y, más adelante, proyectar una diplomatura cuando puedan contar con un espacio para realizar experiencias de campo.

«Buscamos armar una especie de laboratorio vivo, con participación de distintas carreras y áreas vinculadas con la agroecología, el ambiente y la producción«, señaló Alí.


“Me ven con la túnica, muchas veces con el turbante, y me preguntan de dónde vengo, me dan la bienvenida al país, me preguntan si conozco el mate”


El joven señala que muchas veces se sorprenden al saber que nació y creció en Viedma, pero a los 18 decidió convertirse al islam y adoptar el nombre que lo representa.

«Hay un enfoque constante en intentar hacer el bien, lo que es correcto. De hecho, vestimos la ropa tradicional como un recordatorio de ello». Foto: Marcelo Ochoa

Además, relató que, pese a que la capital rionegrina cuenta con una pequeña comunidad de cinco o seis personas, no ha tenido problemas para integrarse.

«A veces hay personas que se acercan con bastante grosería a transmitirte que no les gusta tu religión, pero son muchas más las que se acercan con genuina curiosidad e incluso sin entender, dejan en claro que te respetan», explico.

Los musulmanes no cuentan con una mezquita en Viedma pero se reúnen regularmente los viernes para compartir rezos, o viajan a otras ciudades cuando tienen la oportunidad. Foto: gentileza

Para él, el islam implicó una transformación personal. No solo en la vestimenta o en la alimentación, sino en una forma de pensar la relación con los demás.

«Todo pasa por mí como un préstamo y va a seguir de largo cuando yo muera», explica al hablar de una filosofía basada en la transitoriedad y en la idea de hacer el mayor bien comunal posible durante la vida.


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