Del dolor naturalizado a los infartos mal diagnosticados: los sesgos médicos que ponen en riesgo a las mujeres

La médica ginecóloga y asesora del Ministerio de Salud de Neuquén, Gabriela Luchetti, sostuvo que aún "se asume lo masculino como el patrón”. Enfermedades específicas de las mujeres como la endometriosis tardan un promedio de entre cuatro y diez años para ser diagnosticadas.

En promedio, la endometriosis tarda entre seis y 10 años en diagnosticarse. (Foto ilustrativa).

Hoy 28 de mayo es el Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer. La fecha busca visibilizar las dificultades de las mujeres para acceder a ciertos tratamientos frente a los sesgos de género dentro de la medicina. “Hay sesgos en la investigación, en la atención, en la receta de medicamentos, en la receta de estudios, hay sesgos en todo, porque se asume lo masculino como el patrón”, afirmó la médica ginecóloga, docente y asesora del Ministerio de Salud de Neuquén, Gabriela Luchetti.


Eso genera retrasos en el diagnóstico de enfermedades que afectan a las mujeres, como pasa con la endometriosis. La especialista indicó que ante la subestimación del dolor, se tarda un promedio de entre cuatro y 10 años hasta que la paciente recibe un tratamiento adecuado. “Este dolor les arruina la vida y a nadie le importa mucho”, enfatizó.

El dolor ya alcanza para diagnosticar la endometriosis, según una experta de Neuquén



Sostuvo que siempre se le restó importancia al padecimiento de las mujeres. “Existe esta creencia de que las mujeres hemos nacido para tener dolor. Entonces, siempre se ha naturalizado el dolor menstrual, que es el síntoma clave de la endometriosis”, recalcó la ginecóloga. Insistió en que ello ya es un síntoma considerable para comenzar un tratamiento.


Luchetti participó de la coordinación y la redacción de la Guía de Práctica Clínica Nacional de Abordaje Inicial de la Endometriosis, junto a la actual secretaria de Salud neuquina, Guadalupe Montero. Detalló que el documento fue firmado mediante resolución ministerial en 2023, apenas días antes de que Javier Milei asumiera la presidencia.


Pese al nuevo escenario de ajuste en Salud, en Neuquén recalcan la importancia de su implementación, ya que incluso ha despertado interés internacional para ser adaptada en otros países. “La propuesta terapéutica de la guía, basada en evidencia, es que hay que medicarla precozmente para que la endometriosis no avance y para que la mujer tenga una vida digna”, subrayó.

Infartos, anticoncepción y placer sexual: otros sesgos de género en la medicina



La endometriosis es solo un ejemplo de cómo el sistema deja de lado a la mitad de la población. La cardiología es otro campo donde la falta de estudios específicos en mujeres se combina con los estereotipos de género. “Mismo síntoma, distinto tratamiento. Un hombre con dolor precordial que se irradia al brazo y al cuello sale de la guardia con un electrocardiograma. Una mujer con el mismo cuadro muchas veces se va con un clonazepam porque se interpreta como angustia o contractura”, resaltó. Advirtió que esa diferencia se traduce en más muertes por infarto entre mujeres.


Los sesgos también atraviesan la anticoncepción. Mientras se toleran efectos adversos graves en los anticonceptivos femeninos (trombosis, ACV, infarto), casi no se investiga en anticoncepción masculina. “¿Por qué no hay investigaciones o hay muy pocas investigaciones sobre la anticoncepción masculina?”, se preguntó y recordó la lógica con la que se frenan los pocos ensayos en varones: “Dicen que baja la testosterona, por ende baja la libido”. Ante el riesgo de la pérdida de la erección, la carga se concentra sobre las mujeres, aunque pueda causar la muerte.


Algo similar ocurre con el placer sexual. El conocimiento sobre el clítoris y el placer femenino llegó recién de la mano de científicas mujeres, más de un siglo después de que se sistematizara la anatomía masculina. “Ahí tenés otro sesgo”, mencionó.

Desde la investigación hasta el consultorios: los sesgos están presentes en todas las áreas de la medicina


Para Luchetti el problema empieza antes del consultorio, en las investigaciones, sobre todo dentro de la industria farmacéutica. “Reclutar mujeres para probar tratamientos es más difícil porque las mujeres trabajamos cuatro horas más que los hombres y tenemos obligaciones que los hombres no tienen”, señaló y agregó: “Es más difícil porque las empresas tienen mucho miedo que, por ejemplo, se les pase una mujer embarazada y después les hagan juicio. Por todas esas razones, la industria hace muchas más investigaciones sobre hombres que sobre mujeres”.


Pese a que hay cada vez más mujeres dentro de la ciencia que podrían contribuir a disminuir ese sesgo, la médica indicó que ocupan una menor jerarquía y no participan de la toma de decisiones. Además, la maternidad y la sobrecarga de cuidados interrumpen sus carreras y retrasan concursos. Por eso, propuso igualar las licencias por maternidad y paternidad: “Si los dos tienen el mismo tiempo de licencia de forma obligatoria, cuando te presentás a un concurso el jurado sabe que si van a tener un bebé el varón también va a faltar”.


En este escenario, las usuarias de salud llega en desventaja frente al “poder médico hegemónico”. “Las herramientas que tiene la gente común frente a la medicina son bastante pocas”, lamentó. Sostuvo que el conocimiento es clave para cambiar esa asimetría. “La educación da recursos internos para plantarse frente a una ventanilla y decir: ‘no, este dolor no es normal’, o ‘dame la anticoncepción de emergencia’”. Confió en que hablar de los sesgos contribuye a reducirlos y a visibilizar la problemática para que la medicina deje de darle la espalda a las mujeres.


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