El detrás de escena del cerro Catedral en Bariloche: cómo es trabajar en el corazón mecánico del centro de esquí
Estudiantes técnicos de Bariloche recorrieron salas de máquinas, cañones de nieve y talleres históricos. Quiénes son las personas que hacen funcionar la montaña todo el año y qué habilidades se necesitan para sumarse.
Entre piezas mecánicas, grandes engranajes, salas de bombeo y cables de acero, los 33 estudiantes de quinto año de la escuela técnica Los Andes, de Bariloche, recorrieron el detrás de escena del centro de esquí. El cerro Catedral tiene un 60% de personal ténico o de apoyo técnico, que trabaja en el funcionamiento de los medios de elevación, en los talleres mecánicos y en la sala de fabricación de nieve.
El fascinante cablecarril de 1950 que cautiva a los alumnos
Bautista avanza por la sala de máquinas del antiguo cablecarril, inaugurado en 1950, con curiosidad y entusiasmo. «Siempre me interesó saber cómo hicieron para diseñar algo así hace 76 años, cómo lo pensaron, qué herramientas tenían. Es muy interesante», señaló el estudiante, que quiere anotarse en la carrera de diseño industrial en la universidad.
Con orientación en automatización y sistemas de control, los alumnos de la escuela se capacitan para trabajar en instalaciones eléctricas y de gas y manejar maquinaria pesada y específica. Trinidad camina por la estación de bombeo, donde también se encuentra la sala de control desde donde se manejan los cañones que fabrican nieve técnica.
«Me gusta la montaña, voy a esquiar en invierno y a caminar y andar en bicicleta en verano. Trabajar en un lugar así, en contacto con máquinas y a la vez con la naturaleza, sería ideal«, se entusiasmó Trinidad, que quiere estudiar «alguna ingeniería» al terminar la secundaria.
Trabajar en un lugar así, en contacto con máquinas y a la vez con la naturaleza, sería ideal»
Trinidad, estudiante del colegio Los Andes.
Patrick Peintner, jefe del área de fabricación de nieve, señaló que «lo más importante es saber de electricidad, si hay una falla es eléctrica». Oriundo de Italia, él mismo tuvo una formación en electrónica, y antes de llegar al Catedral trabajó en la empresa que desarrolla los cañones de nieve.

«Las máquinas funcionan con un sistema automatizado, desde computadoras y teléfonos celulares», explicó a los alumnos. Actualmente, en el área son 6 personas que, durante el invierno, se turnan entre las jornadas diurnas y las guardias nocturnas. Nehuen Aguirre, el más jóven del equipo, tiene 22 años y trabaja en la sala de control de potencias y bombas. Contó que llegó allí de casualidad: estaba trabajando en el estacionamiento , cuando surgió la demanda de una persona capacitada en mecánica y electrónica.
Él estudió en el colegio Nehuen Peumán, con orientación en construcción, donde tuvo formación en instalaciones eléctricas, pero además había trabajado en un taller mecánico de autos. «Me quedé porque me gustan los desafíos. Para trabajar acá tenés que tener ganas de estar siempre aprendiendo», señaló Aguirre, que está por arrancar la carrera en ingeniería electrónica en la UNRN.
Del libro a la práctica
Otra de las paradas del recorrido fue la sala de control de la telesilla séxtuple, donde los alumnos pudieron ver el funcionamiento del medio de elevación y el trabajo de los operarios técnicos. «La idea es llevar a la práctica lo que vemos en el papel», explicó Santiago Argañaraz Bonini, profesor de cuarto y quinto año de la escuela.
Mientras conversa con Agustin, uno de sus alumnos, Valentin De Brito, egresado de Los Andes y profesor del taller de electrónica en la misma escuela, recuerda que «de chico, cuando esquiaba, siempre miraba para arriba. Me llamaba la atención el funcionamiento de las aerosillas, quería saber cómo era». El profesor, que está estudiando ingeniería en computación, remarcó: «ver que la automatización toma un rol principal es esperanzador para el futuro de los chicos».
La montaña, tapada de nubes, aún conserva la nieve técnica en la pista de principiantes. A pocos días de terminar la temporada de invierno, Bogdan Bertoncelj, ingeniero en electromecánica y trabajador en el Catedral desde hace más de 30 años, explicó que «por su perfil técnico, los estudiantes podrían trabajar en cualquier área de la montaña: en el reservorio de agua, en la sala de bombas, en los medios de elevación o en el taller de máquinas pisanieves».
Actualmente, la empresa cuenta con 120 personas en su planta estable. «Unos 80 son profesionales técnicos», remarcó Bertoncelj, y aclaró que, en temporada de invierno, llegan a ser aproximadamente 400 personas las que trabajan para el centro de esquí. Durante el verano, se trabaja en el movimiento de suelo para la preparación de las pistas y en reparaciones de maquinaria. «Somos una empresa atípica: pasamos nueve meses haciendo mantenimiento», señaló Bertoncelj.
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