Dejó su empleo en los 80 para emprender y hoy tiene cinco estaciones de servicio en una capital de la Patagonia

A lo largo de más de 40 años, Alberto Pozzo Ardizzi consolidó una empresa familiar en el rubro de estaciones de servicio, con presencia en Viedma y Carmen de Patagones, basada en la reinversión permanente, la expansión progresiva y la adaptación constante a los cambios tecnológicos del sector.

Por Auribel Zuarce

Alberto Pozzo Ardizzi consolidó una red de estaciones en Viedma y Carmen de Patagones. Foto: Pablo Leguizamón.

En la historia de Viedma, el nombre de Alberto Pozzo Ardizzi quedó ligado al crecimiento del sector de los combustibles y al desarrollo de una actividad que acompañó durante décadas la vida de la ciudad. Su recorrido comenzó en 1980, cuando decidió apostar por una estación de servicio sin experiencia previa en el rubro. Desde allí fue construyendo un camino empresarial sostenido en la reinversión, la expansión progresiva y la incorporación de servicios como el GNC, en tiempos en que todavía era una novedad en la región.

Se crio en Carmen de Patagones, donde, según recordó «hice mi vida, mis amigos, el deporte… todo«. Desde joven había mostrado una inclinación por generar sus propios ingresos. Mientras estudiaba, ya trabajaba y sostenía un taller. «Trataba de tener mi propio dinero, de no depender de mis padres», contó.

Su ingreso al mundo empresario se produjo en 1980. Tenía 31 años, estaba casado y con hijas cuando decidió comprar la «llave» de una estación de servicio, un rubro completamente desconocido para él. «No conocía nada, pero empecé igual. Tenía el taller, trabajaba en Vialidad y además la estación. Hacía de todo», relató.

El crecimiento de la empresa de Alberto Pozzo Ardizzi acompañó la expansión urbana y económica de Viedma. Foto: Pablo Leguizamón.

Ese inicio estuvo marcado por la intensidad y la acumulación de tareas. Durante un tiempo sostuvo en paralelo su empleo estatal, su emprendimiento propio y la nueva actividad. Sin embargo, el crecimiento del negocio fue rápido. «En dos años empezó a andar bien», señaló. Esa evolución lo llevó a tomar una decisión clave: dejar la estabilidad laboral. «Primero pedí licencia y después me desvinculé. Aposté todo al negocio».


Una apuesta temprana al GNC lo llevó a desarrollar un modelo de negocio innovador


Uno de los hitos centrales de su trayectoria fue la incorporación del GNC en la región, en una época en la que prácticamente no existía. «No había autos a gas, no había nada. Para probar los equipos me tuve que ir a Buenos Aires y ponérselo a mi propio auto«, explicó. La apuesta implicó también formar recursos humanos. «Hice capacitar a un mecánico amigo porque no había nadie que colocara equipos».

A partir de esa experiencia, desarrolló un modelo de negocio que integraba la venta de equipos, su instalación y el expendio de gas. «Compraba los equipos, los hacía instalar, los vendía y después vendía el gas», detalló. Esa lógica le permitió posicionarse en un mercado incipiente.

Con el paso de los años, su actividad se expandió. La apertura de nuevas estaciones respondió tanto a oportunidades de mercado como a una lectura del crecimiento urbano. «Yo veía que Viedma iba creciendo y que había oportunidades», afirmó. Esa visión lo llevó a invertir en distintos puntos estratégicos de la ciudad y la zona.

En la actualidad, Pozzo Ardizzi S.A. opera una red de estaciones de servicio en la región que consolidó su presencia en Viedma y Carmen de Patagones. La empresa cuenta con estaciones bajo distintas banderas (Puma Energy, Axion Energy y YPF Full), varias de ellas con servicio de GNC y espacios de atención integral, además de un lubricentro y una unidad operativa en el balneario El Cóndor. En Carmen de Patagones, mantiene también una estación YPF con GNC, completando así una red que acompaña el crecimiento de la zona y se sostiene como empresa familiar desde hace más de 40 años.

Su filosofía empresaria se sostuvo en una idea clara: reinvertir. «Lo que gano lo vuelvo a poner en el negocio», explicó. Esa decisión se tradujo en ampliaciones, nuevas estaciones y modernizaciones constantes. «Si uno se queda tranquilo, el negocio se cae», advirtió.

El crecimiento también implicó adaptarse a los cambios del sector. Con el tiempo, las estaciones dejaron de ser espacios dedicados exclusivamente al combustible. «Antes era vender combustible y lubricantes. Hoy tenés kioscos, cafetería, comida… cambió todo», señaló. A eso se sumó la transformación tecnológica. «Ahora cambia todo el tiempo, los sistemas, la facturación, los surtidores. Es constante».

A pesar de esos cambios, sostuvo una misma lógica comercial. «Soy un defensor a muerte del cliente», afirmó. Y agrega: «Si puedo hacer que pague menos y yo igual tenga una renta, mejor». Esa relación con el consumidor fue, según su propia mirada, uno de los pilares de su crecimiento.

En términos de volumen, su empresa llegó a alcanzar cifras importantes dentro del mercado local. «He llegado a vender más dos millones y pico de litros anuales«, indicó al referirse al total de sus estaciones, en una ciudad donde el consumo general también acompañaba el crecimiento.


Alberto Pozzi Ardizzi: «Le tengo mucha confianza a Viedma»


Su recorrido no se limitó al ámbito empresarial. También tuvo una fuerte vinculación con instituciones de la comunidad, especialmente con el club Jorge Newbery, donde se formó como deportista y luego participó como dirigente. «Fue el club donde me formé», destacó.

Una de las estaciones de servicio que integran la red empresarial de Alberto Pozzo Ardizzi en Viedma. Pablo Leguizamón.

Al analizar la ciudad, mantiene una visión optimista. «Le tengo mucha confianza a Viedma», considera que su condición de capital provincial, sumada al empleo público y la actividad productiva, generan una base sólida. «Siempre se puede planificar».

Al repasar su trayectoria, evita definiciones grandilocuentes y prefiere explicar desde la experiencia: «Se me fueron dando las cosas», señaló. Aunque también reconoció el esfuerzo detrás de cada paso: «Siempre traté de aprovechar las oportunidades y de trabajar».

Y dejó una reflexión final que sintetiza su recorrido: “Yo soy producto de la ayuda de mucha gente. Siempre hubo alguien que me dio una mano».


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