Rewilding: la decisión de una joven veterinaria que dejó todo para restaurar la Patagonia
Llegó desde La Rioja y en el Parque Patagonia descubrió no solo un trabajo, sino una manera de habitar el mundo. En el mes mundial del Rewilding, es una de las que lleva a cabo esta práctica clave para recuperar la biodiversidad y consiste en trasladar animales silvestres desde provincias donde abundan hacia otras donde están extinguidos o en niveles críticos.
El viento no se detiene nunca en la estepa. Sopla de costado, levanta polvo, corta la cara y, con el tiempo, también ordena. En ese paisaje abierto del noroeste de Santa Cruz, donde el horizonte parece no terminar, hay una escena que se repite todos los días: personas que monitorean, trasladan, cuidan. Lo hacen en silencio, lejos de todo, con la paciencia de quienes saben que el tiempo de la naturaleza no es inmediato.
Ahí trabaja Sofía Ocampo. Podría haber elegido otro camino. Consultorios, ciudades, una rutina más previsible. Pero algo cambió cuando todavía era estudiante en la Universidad Nacional de La Rioja. No fue una clase ni un examen, fue un puma.
Había llegado atropellado al hospital-escuela donde hacía sus prácticas. Participó del tratamiento, del seguimiento, de la recuperación. Pero lo que le quedó no fue solo la imagen del animal volviendo a ponerse en pie. Fue otra cosa. “Estábamos tratando un animal, pero también estábamos ayudando al ecosistema”.
Esa frase le quedó dando vueltas. Ahí empezó a correrse, casi sin darse cuenta, hacia otro lugar. Llegaron los voluntariados, los primeros contactos con la conservación y, más adelante, el rewilding como una forma concreta de hacer. El camino la llevó al sur, al Parque Patagonia. Y ahí, en medio de la inmensidad, encontró algo que no sabía que estaba buscando. “Ahí descubrí lo que era el verdadero silencio”.
No es la ausencia de sonido, sino otra cosa, una forma de escuchar distinto. El viento, los pasos, los animales a lo lejos. Un paisaje donde no hay límites claros y donde el cuerpo se acomoda a otra escala. “Nada es predecible”, resume sobre su rutina. Y en esa frase aparece buena parte del desafío. “Tenés que estar preparado, ser flexible y adaptarte constantemente a la especie, al momento y al animal”, dice Sofía.
Su día a día cambia todo el tiempo: puede incluir planificación de capturas, monitoreo, anestesias, traslocaciones, seguimiento en libertad o tareas de cuarentena. A eso se suma el contexto: el clima, el viento, las distancias largas. “Vivimos bastante aislados”, cuenta, como quien describe una condición que ya forma parte de la elección.
Entre tantas experiencias, hay una que la marcó especialmente. El envío de choiques entre Argentina y Chile. Un proceso complejo, inédito, que implicó capturar animales silvestres y liberarlos también en estado silvestre. “Fue la primera traslocación silvestre a silvestre entre ambos países”, explica.
El trabajo exigía precisión, coordinación y responsabilidad, nada podía fallar. “Fue súper emocionante”, dice. Y en esa emoción aparece algo más profundo: “Son esos momentos en los que entendés la magnitud de lo que estás haciendo por la conservación”.
Porque en la Patagonia no se trata solo de cuidar lo que queda, se trata de reconstruir lo que falta. “El rewilding es una forma de conservación que busca restaurar ecosistemas completos. La idea es recuperarlos, muchas veces a través de la reintroducción de especies que ya se extinguieron localmente”.
En ese proceso, cada especie cumple un rol. “Cuando falta una, el sistema pierde el equilibrio”. Por eso, el objetivo final no es intervenir para siempre, sino lo contrario. “Apuntar a que la naturaleza vuelva a funcionar por sí sola, devolver a los ecosistemas la dinámica original que tenían”. Pero hay algo más. “El rewilding también tiene que ver con las personas”. Restaurar ecosistemas implica también reconstruir vínculos, generar oportunidades, recuperar formas de habitar el territorio.
Sofía lo ve en lo cotidiano, en ese entramado que se arma entre equipos, comunidades y paisaje. Nada de eso es inmediato, es un trabajo lento, muchas veces invisible, pero constante, como el viento.
Devolver especies, reconstruir ecosistemas
En silencio, también, crece una red. No se ve en los mapas turísticos ni en las agendas políticas diarias, pero atraviesa provincias, equipos técnicos y organizaciones. Tiene un objetivo concreto: devolverle vida a ecosistemas donde algunas especies desaparecieron.
La herramienta central son las translocaciones “de silvestre a silvestre”: trasladar animales libres desde lugares donde abundan hacia otros donde están extinguidos o en niveles críticos. No es solo mover fauna. Es rearmar piezas de un sistema que dejó de funcionar.
A diferencia de los programas con animales en cautiverio, estas translocaciones utilizan individuos silvestres, lo que mejora la adaptación y eleva las tasas de éxito. Es una estrategia extendida a nivel global, con miles de traslados anuales en África, Europa, Asia y otros países, mientras que en Sudamérica recién comienza a desarrollarse, con Argentina entre los más avanzados.
En ese esquema, Rewilding Argentina se convirtió en uno de los actores clave, junto a gobiernos provinciales y científicos que coordinan cada proceso. Detrás de cada traslado hay una lógica más profunda: restaurar relaciones. Porque el rewilding no busca solo proteger lo que queda, sino recuperar lo que se perdió. Reintroducir especies, recomponer cadenas alimentarias y permitir que la naturaleza vuelva a autorregularse.
Los ejemplos ya empiezan a multiplicarse. Desde Santa Cruz se enviaron guanacos hacia el Chaco. Desde Corrientes salieron yaguaretés para recuperar su presencia en otras regiones. Ocelotes viajaron entre provincias y los osos hormigueros rescatados encontraron un nuevo lugar en ecosistemas donde habían desaparecido.
Incluso hay cruces internacionales, como el envío de choiques desde Argentina hacia Chile, en un intento por recuperar poblaciones en la región de Aysén. A diferencia de otros programas, estos trabajos se realizan con animales que ya viven en libertad. Eso acelera la adaptación y mejora las probabilidades de éxito.
Argentina, con su diversidad de paisajes, empieza a consolidarse como un laboratorio a cielo abierto de restauración ecológica. Y en ese proceso, la cooperación entre provincias dejó de ser excepcional, se volvió regla.
Con información de Agencia Ambiente.
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