Un gesto que revelaría mayor dureza hacia casos de pedofilia

El papa tuvo ayer su encuentro con cardenales. Antes mantuvo frialdad y podría separar a un purpurado acusado de encubrir abusos. Además, visitó sorpresivamente a un prelado enfermo.

Por Redacción

AP

Francisco tuvo ayer su encuentro oficial con los cardenales, a quienes trató de “hermanos” y les pidió “no temer a las diferencias”.

CIUDAD DEL VATICANO, (AFP/Redacción).- En menos de 48 horas de pontificado, el papa Francisco ha impuesto un estilo innovador, más accesible, sencillo y directo, tanto en gestos como en discursos, que el de su predecesor Benedicto XVI, el papa teólogo. Y ayer agregó un gesto que podría significar mucho para algunos sectores de la Iglesia, al marginar a un cardenal acusado de complacencia con hechos de pederastia en Estados Unidos, según fuentes vaticanas.

Medios italianos resaltaron que en su primer día como Papa tuvo un embarazoso encuentro en la Basílica Santa María la Mayor con el cardenal Bernard Law, acusado de haber encubierto a unos 250 curas pederastas entre 1984 y el 2002, cuando fue arzobispo de la diócesis de Boston en Estados Unidos. Francisco visitó el jueves Santa María la Mayor, donde reside el cardenal retirado, de 82 años, quien en ese momento se encontraba allí, según reconoció después el portavoz de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi.

El diario italiano “Il Fatto Quotidiano” asegura en su edición de ayer en una reconstrucción de los hechos que al ver al cardenal Law, a Francisco se le desencajó la cara y se alejó inmediatamente de él. “No quiero que siga frecuentando esta Basílica”, aseguró, según el medio italiano.

El cardenal Law, es arcipreste emérito de la Basílica Santa María la Mayor y, tras los casos de pedofilia que supuestamente encubrió, abandonó el cargo de arzobispo de Boston.

“El cardenal Law estaba presente en Santa María la Mayor como arcipreste emérito y vio al papa, después saludó a Francisco y continuó su camino”, afirmó Lombardi.

El periódico italiano sostiene que Francisco podría estar decidido a obligar al cardenal Law a entrar en un convento de clausura y a cumplir con el retiro espiritual que se anunció que llevaría a cabo cuando fue obligado a dimitir como arzobispo de Boston en medio de las acusaciones de haber encubierto a curas pederastas y que nunca ha llevado a cabo.

Como contrapartida, Francisco visitó ayer por sorpresa al cardenal argentino Jorge María Mejía, de 90 años, que hace dos días sufrió un infarto de miocardio y se encuentra hospitalizado en una clínica de Roma.

El pontífice llegó a primera hora de la tarde local a la clínica Pío XI, perteneciente al Vaticano y ubicada en la romana Vía Aurelia, en medio de la sorpresa del personal sanitario, enfermos y visitantes.

Según informó sor Marina, directora de la clínica, el Papa fue recibido con un largo aplauso y subió a la zona de cuidados intensivos en la que está ingresado el cardenal Mejía, donde permaneció entre 20 y 30 minutos.

En su encuentro de ayer con los cardenales, a quienes de entrada saludó como “hermanos”, no señores ni eminencias como suelen llamarlos, ofreció un inhabitual parte médico de Mejía.

Aunque en esta ocasión sí leyó, se saltó el guión en varias ocasiones refiriéndose con un tono más relajado al Espíritu Santo como un “apóstol de Babel” que vela por la armonía dentro de la Iglesia. Citó también a su “poeta preferido”, Friedrich Hölderlin, en una reflexión sobre “la vejez”, que luego equiparó con “el vino bueno que mejora con los años”.

Y, al final, se levantó del trono para saludar uno por uno a todos los cardenales y se puso espontáneamente la pulsera amarilla que le regaló el cardenal sudafricano Wilfrid Napier.

El nuevo papa