cuatro muertos a tiros
Todos los testigos señalaron al imputado, el “Turco” Montecino, como el autor del disparo que terminó con la vida de la víctima. La audiencia de ayer mostró, con un sesgo de dramatismo, que la rivalidad persiste. Denunciaron que fueron amenazados.
El inicio del juicio por el asesinato de Juan de la Cruz “Moco” González (19), por el que está imputado Jairo “el Turco” Montecino (26), a quien todos identificaron como el autor del tiro fatal, reveló ayer el ámbito de violencia en el que viven los jóvenes en el sector Los Pumas del barrio Confluencia, uno de los más conflictivos de la ciudad.
Acceso a armas de fuego, enemistades heredadas y reacciones violentas fueron as constantes en los relatos de los testigos.
Algunos denunciaron haber sido amenazados en vísperas del debate oral y otros llegaron esposados dado que están cumpliendo condenas o medidas cautelares por su participación en robos.
Los que declararon apenas superan la mayoría de edad pero a pesar de eso la mayoría reconoció haber tenido un arma en sus manos.
Contaron que están tan acostumbrados a las balaceras que ya reconocen el calibre de las armas por como suenan y que ante un disparo, casi rutinariamente, se tiran al piso o se esconden detrás de algo sólido.
Para el fiscal Pablo Vignaroli el crimen de González, el 29 de junio del año pasado, fue en el contexto del enfrentamiento entre dos bandos. Por un lado los vinculados a la familia de José Oyarzo, de quien González era yerno, y por otro los ligados a los Osés y los Cañete, Montecino (26), familiar político de los últimos.
Los testigos contaron que la “bronca” entre ambos sectores “es de vieja data” y que hasta hace unos años los más de 16 jóvenes que esa noche se enfrentaron habían sido amigos.
Esa tarde González, sus amigos y parientes estaban en el playón jugando al fútbol, fueron sorprendidos por el otro grupo y lo que comenzó con insultos terminó con al menos siete tiros. Uno dio en el rostro a González.
Uno de los testigos explicó que “siempre jugábamos ahí y ellos aprovechaban que estábamos distraídos para atacarnos”.
El defensor Gustavo Palmieri planteó que en realidad Montecino no fue quien efectuó ese disparo, sino un menor de edad.
Algunos de los testigos llegaron a la audiencia esposados, porque están cumpliendo condenas o medidas cautelares por participar en robos.
El asesinato en cifras
Gatillaron dos armas
16 jóvenes participaron en el enfrentamiento del día del crimen, según la investigación.
7 fueron, de acuerdo a los peritos, los disparos que se efectuaron. Uno impactó en “Moco” González.
2 armas se dispararon durante el ataque, según el resultados de las pericias científicas.
El 16 de marzo de 2013, tras un enfrentamiento de varios jóvenes que tuvo por escenario las serpenteantes calles del sector Los Pumas del barrio Confluencia, asesinaron a Miguel Virulón (20).
Pero el reguero de pólvora entre dos familias que supieron ser amigas comenzó bastante antes.
El joven, amigo de la familia Oyarzo, fue el primer de las cuatro víctimas vinculadas a la enemistad ,que tras ese episodio pasó a ser ya una guerra declarada.
No pasaron ni tres meses que la sangre volvió a las calles de Confluencia. Esta vez José “Tati” Morales (34) fue asesinado el 2 de junio. José Segundo Oyarzo (41) y Rubén “Teté” Soazo, luego abatido por la policía, eran los principales sospechosos.
El caso se dio casi por cerrado el 29 de agosto con el asesinato de José Segundo Oyarzo. Damián “Pili” Moralez fue condenado por ese crimen, pero los hijos de Oyarzo aseguran que Moralez fue quien lo remató de un escopetazo en la cara, ya que el primer tiro que lo dejó indefenso se lo habría dado Jairo Montecino.
Casi dos años pasaron hasta que “Moco” González , yerno de Oyarzo, fue asesinado. En ese plazo hubo numerosos encontronazos entre los hijos más pequeños de ambas familias, que ahora tienen entre 15 y 20 años y que son los protagonistas de los nuevos episodios de sangre.
Entre esos choques previos uno, en febrero del año pasado, un disparo se coló por un cerco y mató a un vecino.
Datos
- Algunos de los testigos llegaron a la audiencia esposados, porque están cumpliendo condenas o medidas cautelares por participar en robos.