El “partido silencioso” de un club de Roca que está cambiando el fútbol infantil: valores, familia y una apuesta al sentido de pertenencia
Más de 350 chicos toman parte de un proyecto que va a contramano del fútbol tradicional. El modelo de CECAP crece con reglas contra la violencia, el bullyng y una lógica poco habitual: formar personas antes que jugadores.
Al fondo de una chacra en Stefenelli, a la sombra de unos frutales, Sergio echa chispas con una soldadura para ir dándole forma a lo que será un arco de fútbol. Cuando esté listo, será parte de una de las canchas que se están levantando en el predio de CECAP, un proyecto deportivo que crece con una lógica poco habitual: antes que resultados, prioriza valores. Sergio es papá de Dylan, uno de los 350 chicos que hoy forman parte de esta ilusión que es levantar un club desde cero.
“Vengo acá desde cuando no había nada y vivo el proceso día a día. Lo que más me gustó es la contención que se le brinda a los chicos y el respeto que se les inculca. Fue lo que me convenció para ser parte de esto”. Sergio sigue con su trabajo, y como él hay decenas de padres que se juntan día a día para dar una mano a un proyecto que nació hace sólo tres años.
Lejos del ruido de los grandes estadios pero muy cerca de las urgencias reales, la idea empezó a tomar forma sin la pelota de por medio. Durante un tiempo, sus impulsores trabajaron con grupos de jóvenes en una iglesia, donde detectaron una necesidad común: la falta de espacios de contención y fortalecimiento emocional. A partir de esa experiencia, surgió la idea de canalizar ese trabajo a través del deporte. La creación de una filial de Argentinos Juniors fue el primer paso. No como fin, sino como herramienta.
Lo explica Marcelo Marco, cabeza visible de esta idea que intenta no replicar el modelo tradicional. “Junto a mi esposa, que es licenciada en Servicio Social, veníamos trabajando con jóvenes y vimos sus necesidades de fortalecerse interiormente y demás cuestiones. Y en el medio de eso, surgió conformar acá en General Roca una filial de Argentinos Juniors. Lo charlamos con mi familia y consideramos que era una buena herramienta para poder trabajarlo, pero apuntando a un criterio que tuviera que ver con algo distinto. Y algo distinto era lo que nosotros veníamos haciendo, donde se incluían valores como el respeto, la resiliencia y la responsabilidad”.
Uno de los aspectos distintivos del proyecto es su reglamento interno. Antes de ingresar, cada familia participa de una charla donde se establecen normas de convivencia. Entre ellas, el uso obligatorio de nombre y apellido. No hay apodos. “Vimos con los años que los apodos a veces son aceptados por los jóvenes, por una cuestión de no generar mayor rechazo o bullying por parte de otros jóvenes, pero que terminan siendo padecidos por los chicos”, explica Marco. Además se deja en claro la prohibición de insultos y cualquier tipo de agresión, tanto dentro como fuera del campo de juego. Estas reglas alcanzan también a los adultos».
La experiencia en torneos regionales, como el Mundialito o la Neuquén Cup, fue clave para definir este posicionamiento. Desde la conducción del club advierten que la violencia verbal en el fútbol formativo se ha naturalizado, especialmente desde las tribunas. En CECAP, la premisa es intervenir sobre ese contexto: lo que no se permite adentro, tampoco se tolera afuera. “Trabajamos mucho en eso. Si algún padre o familiar tiene algún comportamiento que consideramos que no es lo que nosotros hemos acordado, se le llama la atención una vez, dos veces, y si la cosa sigue, se le invita a que vaya a otro proyecto”.
El crecimiento institucional también plantea desafíos estructurales. Actualmente, el club alquila un predio de una hectárea y media en la zona de Stefenelli, donde proyecta desarrollar la institución. Allí ya se trabaja en dos canchas de dimensiones reglamentarias: una de césped natural, destinada a la competencia, y otra pensada como espacio de entrenamiento, con proyección a césped sintético.
La construcción avanza con un esquema de financiamiento comunitario. Por el momento no han recibido ayuda de ninguna institución gubernamental, ni municipal ni provincial, aunque no pierden las esperanzas de recibir un empujuncito que los ayude a crecer. La mayoría de las veces, los aportes vienen de los padres que son uno de los pilares más importante del desarrollo de CECAP. También los pibes, que no sólo juegan al fútbol.
“En esta cancha donde estamos parados, los chicos fueron los que pusieron cada uno de los panes de césped. Saben que esto es para ellos y eso les da un sentido de pertenencia único. El cerco perimetral que va a tener esta cancha, la llamamos “estrellas de perímetro”, donde los papás aportaron cinco metros cuadrados por cada estrella, eso nos ayudó a conseguir varios metros cuadrados. Hoy ya tenemos todo el alambre perimetral. O sea, cada uno de esos tramos es colaboración de un padre. Esto ya está comprado, falta colocarlo…”, confirma Marco.
A pocos metros de la charla de Marcelo con Río Negro, Mauro, papá de un chico que juega en el club, deja una reflexión que nos ayuda a entender el apego de los pequeños protagonistas de esta historia con el proyecto. “Los chicos se sienten parte de la construcción del club. Ellos estuvieron ayudando a colocar los panes, uno por uno, y cuando lo vieron terminado se abrazaban, estaban felices… Lo mismo cuando vieron aparecer el micro (que los traslada a otras ciudades para jugar los partidos) por primera vez acá en el predio. La alegría que tenían era increíble. Todo eso le da un sentido de pertenencia y cultural muy fuerte. Están viendo crecer a su propio club y eso los gratifica”.
Además, el club proyecta vestuarios, iluminación, redes de contención y, a mediano plazo, un albergue para delegaciones. La primera meta inmediata es cumplir con los requisitos de infraestructura exigidos por la Liga Deportiva Confluencia, donde este año empezaron a competir en todas las categoría. “Agradecemos la predisposición de las autoridades del Club Deportivo Roca y de CIMAC, que cuando tenemos que hacer de local , nos han facilitado la posibilidad de hacerlo en sus canchas. Esperemos tener lista la nuestra cuánto antes”, se ilusiona Marcelo.
Cada gesto construye pertenencia, cada metro de cancha es también un pedazo de identidad. El club está enfocado ahora en la campaña “100×1000”, se busca cubrir los costos del campo sintético de la cancha auxiliar mediante aportes individuales. El objetivo es alcanzar los 100.000 dólares necesarios para concretar la obra. “La idea es que cada aportante se transforme en socio fundador. Colaborar con 5 metros cuadrados de sintético significará un aporte de 100 dólares. Es un desafío”.
En lo deportivo, CECAP tuvo un inicio positivo en la competencia oficial, con triunfos en sus primeros dos partidos de primera en la categoría de ascenso. La base del plantel está conformada mayoritariamente por jugadores formados en la institución, lo que refuerza la identidad del proyecto.
El vínculo con Argentinos Juniors se limita a la capacitación de sus cuerpos técnicos y a la posibilidad de visibilizar a los jóvenes jugadores en el ámbito profesional. Sin embargo, desde el club insisten en que ese no es el objetivo principal.
“Acá hay un ‘partido silencioso’ que no pasa por lo deportivo, pasa por la contención. Nosotros tenemos hoy 350 chicos y ese partido silencioso significa generar las condiciones de infraestructura para poder lograr que todos ellos tengan un lugar para poder desarrollarse”. “El foco está en la formación de personas”, remarca Marco.
Bajo el lema “Cuna de Campeones”, la institución propone una interpretación distinta del éxito: no asociada exclusivamente al rendimiento deportivo, sino a que los chicos puedan crecer con herramientas personales sólidas. En este contexto, donde el fútbol formativo suele quedar atrapado entre la competencia y la presión, CECAP ensaya una alternativa. Un modelo que busca equilibrar rendimiento y contención, y actuar como una referencia local tanto dentro como fuera de la cancha.
En este espacio emergente hay reglas que no se negocian. No hay apodos, no hay insultos ni violencia, ni dentro ni afuera de la cancha. Acá todos entienden que el verdadero partido no se juega los domingos, sino todos los días. En tiempos donde el fútbol infantil muchas veces se contamina de gritos, presiones y frustraciones ajenas, CECAP propone otra cosa: un lugar donde equivocarse no sea una condena, quedarse afuera un partido sea solo parte del aprendizaje y donde caerse implique levantarse mejor para volver a intentarlo.
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