Fernando Signorini reveló el lado más íntimo de Maradona y cómo el personaje terminó «matando» al Diego
En el 66° aniversario del nacimiento del Diez, su histórico preparador físico recordó la relación que mantuvieron durante años. La adicción, las contradicciones entre la persona y el ídolo y un relato sobre la vida detrás de la leyenda.
“Maradona fue impiadoso con Diego, lo arrastró por todos lados, lo llenó de chichones y, en definitiva, yo creo que lo terminó matando”, dijo Fernando Signorini esta semana en un nuevo aniversario de la muerte del Diez. Para el Profe, esa convivencia entre dos personalidades tan diferentes terminó creando un genio casi inexplicable para el fútbol, pero también tuvo un costo devastador para la persona que estaba detrás del ídolo.
El histórico preparador físico compartió casi once años con él y conoció de cerca sus contradicciones, sus momentos de alegría y también el deterioro que provocó la adicción. En una entrevista con Clarín, repasó los episodios que marcaron esa relación y recordó cómo era Diego lejos de las cámaras.
La diferencia entre Diego y Maradona: el recuerdo de Fernando Signorini
Cuando le preguntan qué significó Maradona en su vida, Signorini responde que fue un «duende». “Yo estaba casi condenado a una vida monótona, aburrida, gris. Y él la llenó de burbujas y de colores”.
Signorini siempre distinguió al Diego íntimo del personaje público. Al primero lo recuerda como un pibe cariñoso, que se aferraba a su mamá cuando ella lo abrazaba. Maradona, en cambio, “era directamente insoportable”.

La historia entre ambos comenzó en Barcelona, en mayo de 1983. Signorini había viajado desde Lincoln para ver entrenar a César Luis Menotti. El 28 de junio estaba en la puerta del Camp Nou cuando vio llegar a Diego.
Aquel encuentro sería el comienzo de una relación que trascendería el fútbol. El 24 de septiembre de ese año, Andoni Goikoetxea le fracturó el tobillo a Maradona. Según Signorini, a partir de esa lesión Diego sintió que necesitaba una atención más personalizada y le propuso convertirse en su preparador físico. Años después, el Profe reconoció a Goikoetxea en Madrid y le agradeció «lo que había hecho» por él.
La fama de Maradona en Nápoles y las diferencias con Diego
En Nápoles, la fama de Diego había alcanzado dimensiones difíciles de imaginar. La vida cotidiana se había convertido en una sucesión de multitudes, exigencias y situaciones imposibles de controlar.
Signorini lo resume con una imagen contundente: “Vivir con Maradona en Napoli era como vivir en una pelopincho con un tiburón”. Una mañana, después de una cena en un restaurante en el que la gente los había desbordado, decidió planteárselo mientras iban al entrenamiento: “Yo con Diego voy hasta el fin del mundo y con Maradona no voy ni hasta la esquina”.
La respuesta del Diez, acompañada por una sonrisa, fue tan sencilla como reveladora: “Tenés razón, pero si no fuera por Maradona, yo estaría en Fiorito”.
La adicción de Diego Maradona y el doping en el Mundial de 1994
Signorini asegura que, en los últimos años que compartieron, la adicción fue transformando a Diego. “Dejó de ser él para hacer lo que la droga había hecho con él”, describe.
En Nápoles, después de visitar una comunidad terapéutica, le llevó un libro que uno de los jóvenes internados le había dedicado con una frase que todavía recuerda: “No hay un lugar en el mundo tan seguro como para esconderse de uno mismo”.
Antes del Mundial de Estados Unidos 1994, el preparador físico lo entrenaba de noche, en un campo de La Pampa con trabajos por demás exigentes.
Durante el Mundial estaba en la habitación contigua cuando le comunicaron a Maradona el resultado positivo del control antidopaje. “Le pegó a la pared porque escuchamos el ruido del otro lado”, recuerda.
Para Signorini, aquel episodio fue el desenlace de “una instrumentalización brutal que se hizo de él”. Sostiene que la presencia de Diego había sido utilizada para potenciar la venta de entradas, los derechos de televisión y los patrocinadores.
El último abrazo de Fernando Signorini a Diego Maradona
La última vez que Signorini vio a Diego fue durante el velatorio de su padre. “El último abrazo que nos dimos”, recuerda. Tiempo después, cuando Maradona dirigía a Gimnasia y Esgrima La Plata, uno de sus ayudantes lo llamó para decirle que Diego quería hablar con él.
Signorini puso una sola condición: “Decile que yo voy, pero para hablar con él y con nadie más”. El encuentro nunca se concretó. “Después no me volvieron a llamar”, cuenta.
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