“Enanismo de las empresas”, el riesgo que advierte la economista Natalia Motyl en la reforma laboral
ENTREVISTA │ En diálogo con RÍO NEGRO, la economista Natalia Motyl señaló que el actual tipo de cambio entorpece la competitividad. Señaló que desde hace décadas se viene produciendo una caída de la productividad y estimó que "el mundo se cierra por el temor al avance de la inteligencia artificial".
El año económico avanza en medio de una dicotomía. Por un lado calma financiera y cambiaria, dólar quieto, riesgo país bajo y acumulación de reservas. Por el otro, tensiones en la economía real, con caída del consumo y actividad fría. Mientras tanto en lo político, avanzan las reformas estructurales con las que el gobierno espera transformar la matriz productiva. Al respecto, Natalia Motil, economista y profesora de UCEMA y Universidad de Palermo, brindó su perspectiva en el programa La Mano Invisible, por Río Negro Radio.
PREGUNTA: ¿Cómo analiza el inicio del año económico?
RESPUESTA: A grandes rasgos, representaría la realidad en Argentina en términos de un semáforo. En verde, el mercado cambiario, con un dólar que se ha estabilizado, la parte política, que está en calma después de las victorias que ha tenido el gobierno, tanto en el Congreso como en el Senado, y el plano también internacional, donde los vientos son relativamente propicios para países emergentes, como el caso de la Argentina. En amarillo, las reservas. Si bien es cierto que el gobierno está comprando divisas en los últimos meses, son dólares que no vienen, de los argentinos que dicen ‘tengo los dólares en el colchón y los empiezo a circular en el sistema, empiezo a demandar pesos’, y entonces esa mayor oferta es lo que está propiciando esa baja del dólar. Son dólares que vienen del campo, de las propias provincias que se están endeudando en dólares y de algunas empresas, por una cuestión, meramente estacional. La pregunta es si el gobierno logrará acumular los dólares que necesita para engrosar el balance del Banco Central y para afrontar la deuda en 2026 con pago de intereses y capital. Y en rojo la actividad económica. Si bien es cierto que en los últimos meses del 2025 ha mostrado cierto crecimiento, estuvo relacionado con la minería, el agro, la energía. Ahora, si a nosotros nos centramos en aquellos que traccionan más puestos de trabajo en nuestro país, que es el caso de la industria, el comercio y la construcción, y están en recesión. Por eso, en los últimos meses, nuevamente, en boca de todos, ha proliferado la palabra estanflación, porque efectivamente estamos ante un contexto en el cual se está acelerando la inflación, y por otra parte, estamos en una un estancamiento económico.
P: ¿Alcanza la potencial entrada de dólares de Vaca Muerta o la minería para destrabar la estanflación?
R: A ver, en el mejor de los escenarios en que efectivamente pudiéramos ‘vivir de la energía’, aún así no sería suficiente esa entrada de dólares para poder sostener la economía actual de nuestro país. Cuando se habla de la balanza de pagos, y esto de ‘hasta que entren los dólares de…’, y ‘entonces nosotros podemos pagar las importaciones de…’, se están olvidando de otro factor que es muy característico de la Argentina, que es el atesoramiento en dólares, la cuenta capital y financiera. ¿Qué pasaba en 2025? ¿Entraban dólares? Sí, porque nos estábamos endeudando afuera, porque estábamos exportando, estaban bien los precios de las commodities. Ahora, esos dólares no fueron suficientes para abastecer a los argentinos que siguen ahorrando en dólares. Cuando vos flexibilizás el mercado cambiario, bueno, ahí tenés ahí un drenaje, una canilla continua.
Nunca vas a poder ser competitivo con un dólar tan caro. ¿Eso quiere decir que tenemos que vivir siempre de devaluaciones? No, obviamente que no. Hay que exigirle a las empresas que sean competitivas. Pero también hay que generar ese escenario.
P: ¿Qué otras herramientas tiene el gobierno?
R: Hoy las tasas de interés están altísimas. En el último tiempo nuevamente subieron. Los encajes están bastante más altos. Entonces, en tanto y en cuanto uno espera que el gobierno avance hacia otras reformas que podrían llegar a impulsar la actividad económica, como por ejemplo una reforma tributaria, lo que puede hacer en el corto plazo es tratar de bajar un poco la tasa de interés. Quizás eso tiene su correlato en que se acelere un poco más la inflación, que la inflación no llegue al 0%, que de hecho no va a llegar en este año. Pero, bueno, tal vez ceder un poco de espacio en términos de inflación, y al menos intentar sostener la actividad económica.
P: ¿Qué opina de la apertura económica?
R: El error no es la apertura, sino el ritmo. El gobierno debiera tratar de no irse hacia una apertura muy precipitada, que fue el error del año pasado, porque hubo cierta recuperación en los primeros meses del 2025, que no fue absorbida por la estructura productiva argentina. Básicamente porque todo el consumo se fue a productos del exterior, a comprarlos. El gobierno debería intentar ser ‘más amigable’ con la estructura productiva en este tipo de transición.
P: ¿Sigue siendo un problema el tipo de cambio?
R: La realidad es que el esquema cambiario actual no es muy ameno con la actividad económica local. Nunca vas a poder ser competitivo siendo caro en dólares. ¿Eso quiere decir que tenemos que vivir siempre de devaluaciones? No, obviamente que no. Hay que exigirle a las empresas que sean competitivas. Pero también hay que generar ese escenario. Porque hoy, más allá de que se ha avanzado con la reforma laboral, todavía tenemos una de las presiones fiscales más altas, regulaciones que siguen siendo exorbitantes. Entonces, en la medida en que prepares ese terreno para ser competitivos, al menos tratá de no imponer un costo más en relación al tipo de cambio. De lo contrario, enfrentás lo que está sucediendo ahora, que se cierra una empresa por hora. Y eso se convierte en un círculo bastante vicioso, porque empresa que cierra o que se achica, implica menos puestos de trabajo y una demanda todavía aún más débil, que luego va a terminar afectando a otras empresas.
Si va a haber más desempleo, lamentablemente los salarios reales terminan cayendo. Incluso en un escenario hipotético, ilusorio, de que logremos eliminar la inflación.
P: ¿Alcanza la reforma laboral para recomponer los puestos de trabajo perdidos en los últimos dos años?
R: No, no alcanza. A ver, la demanda de trabajo depende fundamentalmente de los costos. Entre ellos están las regulaciones laborales. Pero después tenés los costos fiscales, regulatorios, el crédito, inclusive el tipo de cambio, que también entra en juego. Son pocas las empresas en la Argentina que tienen la capacidad exportadora. Pero para aquellas que tienen la capacidad exportadora, el mayor problema que tienen hoy, es que dejan de ser competitivos para el exterior por el tipo de cambio, que está planchado. ¿Qué dice un norteamericano? ‘Mirá, prefiero comprar el vino francés que el vino argentino porque me sale más barato’. Y al mismo tiempo, para las empresas locales que no exportan, el problema es que no están vendiendo en el mercado interno. Entonces, esta reforma más que nada incentiva que haya un “enanismo” de las empresas y que haya más despidos. La tendencia no es solo el cierre de empresas, sino empresas que ‘se achican’. Por lo menos en el corto plazo.
P: ¿Los salarios seguirán golpeados?
R: Ese es otro problema que tiene la Argentina y que no nace con este gobierno, sino que se viene acarreando de las últimas décadas. Y es que tenemos una caída de la productividad. Un trabajador con una máquina produce dos veces o tres veces menos que hace diez años, en términos de valor agregado. La productividad cayó porque las máquinas son obsoletas, y por la propia incapacidad de la estructura productiva para modernizarse. Por lo tanto sostener ese trabajador a lo largo del tiempo hace más caro. Entonces, la empresa tiene menos incentivo a demandar trabajadores, porque el costo en términos de productividad se te ha incrementado. Ese es otro factor que deprime la demanda de trabajo actualmente. Y uno dice ‘hablemos de la micro ¿Cómo nos afecta a nosotros?’ Y sí, si va a haber más desempleo, lamentablemente los salarios reales terminan cayendo. Incluso en un escenario hipotético, ilusorio, de que logremos eliminar la inflación.
P: A eso se suma el avance exponencial de la tecnología…
R: Sí, exactamente. Eso también explica por qué el mundo se está cerrando, ¿no? Nosotros siempre vamos en contramano del resto del mundo. Argentina tuvo treinta años de proteccionismo cuando el mundo estaba abierto. Y cuando el mundo empezó a cerrarse, nosotros nos empezamos a abrir. Estamos en ese contexto, ¿por qué se está cerrando Estados Unidos con esa guerra de los aranceles con el resto del mundo? Europa, lo mismo. Por el miedo a la inteligencia artificial. China en los últimos años apostó fuerte a estas nuevas tecnologías, y hoy tiene fábricas enteras sin mano de obra, o sea, sin seres humanos, con robots que se comunican entre sí. Entonces, ya no necesitan la mano de obra. En Estados Unidos en cambio, existe incorporación de IA, pero todavía no tenés industrias 4.0. Entonces, en términos de productividad, el gigante asiático les está pasando el trapo a todos. De ese miedo surge el proteccionismo en Estados Unidos o Europa. En Argentina, además de que no estamos poniendo en foco este debate, nos estamos abriendo aún más. Con ese marco, es poco probable que seamos competitivos con este tipo industrias.
Perfil
Natalia Motyl es Licenciada en Economía (UBA), y maestranda en Economia (UBA).
Trabajó durante 10 años asesorando ONGs en proyectos relacionados con políticas públicas.
Se desempeñó como economista en Fundación Libertad y Progreso entre 2017 y 2022.
En la actualidad se desempeña como docente universitaria en la Universidad del Cema (UCEMA), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), la Universidad de Palermo (UP) y la Universidad del Salvador (USAL).
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