Futuro prometedor para el sector de hidrocarburos en la región

América Latina y el Caribe ofrece términos contractuales y fiscales competitivos y es receptiva al capital privado e internacional. Está muy lejos de las zonas de conflictos militares en curso y no cuenta con puntos de estrangulamiento estratégico vulnerables para el transporte marítimo.

Por Carlos Garibaldi*

Foto: archivo.

La retórica sobre nuestra industria se había modificado radicalmente desde el primer trimestre de 2025. Hubo un «chequeo de realidad» sobre el ritmo de las transiciones energéticas. Se reconocieron finalmente la futilidad de imponer soluciones reduccionistas a un sistema tan complejo como energía-economía-clima, las condiciones de contorno que dicta la siempre creciente demanda de energía, las limitaciones tecnológicas de cadenas de valor de las energías renovables y el rol insoslayable, por el futuro concebible, de los hidrocarburos como base fundamental de la seguridad energética y de su asequibilidad.

Hoy la oferta y demanda de la energía sufren de inéditas incertidumbres ingénitas a la actual disrupción geopolítica mundial, pero también al desarrollo social y económico, las complejas cadenas de valor de todo lo relacionado aguas arriba y aguas abajo de los hidrocarburos, al despegue exponencial de la Inteligencia Artificial, y a las políticas sectoriales y regulatorias de nuestros países.

América Latina y el Caribe ofrecen alta prospectividad de subsuelo, tema que se profundizará en la 8ª Conferencia Arpel, del 1° al 4 de junio en Buenos Aires. Con menos del 10% de aporte a la producción global de petróleo y menos del 5% a la de gas en 2025, contribuyó con casi el 40% de los recursos hidrocarburíferos convencionales descubiertos desde 2020.

Además, en general, la región ofrece términos contractuales y fiscales competitivos y es receptiva al capital privado e internacional. Más aun, está muy lejos de las zonas de conflictos militares en curso y no cuenta con puntos de estrangulamiento estratégico vulnerables para el transporte marítimo.

Por tanto, vislumbramos y aspiramos a un futuro prometedor para el sector de hidrocarburos en la región, con producciones crecientes en Brasil, Guyana, Surinam y Argentina. El extremadamente prolífico margen atlántico al sur de Brasil podría extenderse hasta Uruguay y Argentina, mientras que su margen ecuatorial se sitúa a lo largo del fairway Guyana-Surinam. Además, Vaca Muerta es, a nivel mundial, la única cuenca de shales capaz de rivalizar con los yacimientos de Permian e Eagle Ford.

En particular, el gas natural ha dejado de ser un puente para transformarse en un camino de acompañamiento a la descarbonización, porque genera menores emisiones que el carbón y los combustibles fósiles líquidos y, dada su naturaleza no intermitente, apalanca indirectamente a las energías renovables. Podremos aumentar su penetración en las matrices de más países de la región mediante una mejor integración vía ducto y GNL, mejorando así aún más las matrices regionales primarias y eléctricas más limpias del planeta. Podremos también exportar GNL hacia regiones con matrices mucho menos limpias que la nuestra, ayudando así a su descarbonización.

Se nos ha presentado entonces, como región, una excelente ventana de oportunidad y un desafío. Para aprovecharla, industria y gobiernos deben alinearse. Pero más allá de ofrecer términos contractuales y fiscales atractivos, nuestros gobiernos deben gestionar la percepción de estabilidad política y económica, estabilidad institucional más allá de ciclos electorales o de vaivenes ideológicos, estabilidad o previsibilidad regulatoria, mayor agilidad de los permisos ambientales, seguridad jurídica y transparencia.

Hoy, más nunca, tenemos que combinar visión estratégica con cooperación público-privada, pragmatismo y agilidad táctica.

*Secretario Ejecutivo de Arpel


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