Se definen las importaciones de gas para el invierno: licitación clave este lunes en medio de la guerra en Medio Oriente
El proceso para privatizar la operatoria de importación de Gas Natural Licuado (GNL) sumará un nuevo capítulo en un contexto energético volátil por el conflicto bélico que tiene cerrado el estrecho de Ormuz, por el que pasaba el 20% del GNL del mundo.
El suministro de gas de la Argentina para el próximo invierno entra en una etapa de definiciones críticas. En medio de una de las mayores crisis de seguridad energética global generada por la guerra en Medio Oriente, el Gobierno nacional avanza con la privatización de las importaciones de Gas Natural Licuado (GNL). Esta licitación, impulsada por Energía Argentina (ENARSA), busca trasladar al sector privado la estratégica tarea de adquirir y comercializar el combustible durante los meses de mayor demanda.
El pasado lunes 6, el proceso sumó un capítulo decisivo con la recepción de las ofertas técnicas (conocidas como «Sobre 1»). El esquema diseñado por el Ejecutivo contempla la selección de un único operador que coordinará toda la cadena logística en la terminal de Escobar, desde el arribo de los buques hasta la regasificación y distribución.
El próximo paso será la apertura de las ofertas económicas, programada para este lunes 13 de abril, con miras a adjudicar el contrato el 21 de este mes.
Entre las interesadas en quedarse con la operatoria figuran dos gigantes del mercado energético global: Trafigura y Naturgy.
Uno de los puntos clave es que, a diferencia de ENARSA, las empresas privadas no cuentan con exenciones impositivas como el pago del Impuesto a las Ganancias o Ingresos Brutos, lo que introduce nuevas variables en la estructura de costos y en la competitividad de las ofertas.
El impacto del conflicto en Medio Oriente: precios por las nubes
El proceso de desestatización choca de frente con un escenario internacional devastador. El CEO de SAESA, Juan Bosch, advirtió a RIO NEGRO RADIO que el mercado global del GNL es uno de los más golpeados por la guerra. El cierre del estratégico Estrecho de Ormuz y los daños estructurales en el complejo de Ras Laffan en Qatar -responsable de una quinta parte de la producción mundial de GNL- han disparado las cotizaciones internacionales.
Desde el inicio de los ataques, los precios en el mercado de referencia (TTF) saltaron cerca de un 60%, con proyecciones que amenazan con llevar el valor a los 20 dólares por MBTU, justo en el momento en que Argentina debe salir a comprar.
Según los analistas internacionales, los precios de la energía no volverán a los niveles previos al 28 de febrero por motivos estructurales:
- Daños físicos graves: Al menos 40 instalaciones energéticas en nueve países fueron alcanzadas, y su reparación tomará meses o años.
- Costos de seguros disparados: Asegurar un buque para cruzar el estrecho pasó de costar unos 200.000 dólares a cifras de entre 3,5 y 10 millones de dólares por viaje.
- Prima de riesgo permanente: La demostración de que Ormuz puede bloquearse genera una percepción de peligro constante que se traslada directamente al precio final.
El riesgo de cortes de gas en el invierno
A pesar de que Argentina cuenta con Vaca Muerta, la segunda formación shale con más recursos de gas en el mundo, el país aún requiere importar este insumo para cubrir los picos de frío. Las proyecciones oficiales estiman una necesidad de 20 cargamentos de GNL para este invierno, una cifra apenas inferior a los 27 buques importados el año pasado.
Consultado sobre las garantías de que el país no sufra interrupciones en el servicio (como ocurrió el invierno pasado con las estaciones de GNC), Bosch trazó un panorama de cautela: «Es algo poco alentador que en 2026 digamos esto, pero va a depender de la meteorología».
A la escasez global de GNL se suma un problema interno de infraestructura y reconfiguración de rutas. Con el declive de la Cuenca Norte —que pasó de inyectar 24 millones de metros cúbicos diarios a escasos 2,5 millones—, el sistema de transporte nacional (TGN y TGS) está siendo forzado a redirigir los flujos históricos de gas, obligando a los usuarios a buscar nuevas soluciones logísticas a contrarreloj.
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