Femicidio de Estefanía Civardi: el juicio avanza con evidencias que complican a la defensa

El relato de una perito fue determinante para relativizar la interpretación de que fue un suicidio, como sostiene la defensa del imputado. El juicio por jurados entró en su etapa final y mañana se conocería la sentencia.

Por Daniel Marzal

Femicidio de Estefanía Civardi: el juicio avanza con evidencias que complican a la defensa. Foto: Alfredo Leiva

La licenciada en criminalística y jefa de la Unidad Operativa del Ministerio Público Fiscal, Karina Uribe, tuvo a su cargo la recolección y análisis de indicios por el femicidio de Estefanía Civardi y dejó sentada al declarar hoy ante el tribunal popular una conclusión que sonó indigesta para la defensa del imputado por el hecho, Emerson Marín, al señalar que era baja la probabilidad de una muerte por suicidio, en contraposición con una probabilidad media para un femicidio o un disparo producido en un forcejeo.

La especialista analizó las tres hipótesis y las explicó de manera extensa, con proyección de fotos e infogramas, luego de trabajar durante dos días en el departamento donde se produjo el hecho, para comparar y cotejar luego esos datos con los surgidos de la autopsia del cadáver, de pericias balísticas, de rastreos de pólvora y de exámenes de ADN.

La exposición de Uribe ocupó buena parte de la audiencia de hoy, que continuaría tras el cierre de este envío con otros testimonios esperados, como el del perito balístico Roberto Nigris. Antes habían prestado declaración tres exparejas del acusado que hablaron de relaciones conflictivas y episodios de violencia, en algunos casos denunciados a la Justicia.

Una de las jóvenes tuvo una hija con Marín cuando vivían en Las Grutas, donde trabajaba como policía. Dijo que la golpeaba y la insultaba, que era “muy celoso” y no la dejaba relacionarse con otras personas, ni siquiera familiares.

Otra expareja refirió que ante la inviabilidad de la relación le planteaba separarse y Marín “tomaba el arma y amenazaba con quitarse la vida”. Dijo que esa escena se repitió “muchas veces, más de diez”. También habló otra joven barilochense con quien mantuvo un noviazgo entre abril y julio de 2025, sin saber que al mismo tiempo tenía otra relación con Estefanía.

Señaló que al enterarse que lo acusaban de un femicidio entró en shock. “Nunca sospeché que estaba con otra mujer, cuando pasó eso y salió en los medios lo primero que hice fue llamar a mi familia y conocidos para decirles que se queden tranquilos, que estaba bien, que no era yo (la víctima). Hice una denuncia porque no podía entender que una persona así estuvo bajo mi techo, vinculada con mi familia”.

Un cruce de hipótesis contrapuestas

El juicio por jurados es el primero que se realiza en Bariloche en los últimos tres años y podría terminar en una condena a prisión perpetua, si los fiscales Martín Lozada y Sofía Ocampo y la querella que encabeza el abogado Martín Govetto logran probar que Marín mató a su pareja en un hecho encuadrado como femicidio. El defensor Diego Navarro, en tanto, pugna porque lo declaren inocente y aspira a demostrar que Estefanía se suicidó, como lo han sostenido en las audiencias varios policías, colegas de Marín.

También declaró hoy un vecino de la víctima que vivía en el departamento contiguo al de la víctima, quien escuchó el disparo pero no pudo aportar detalles sobre lo ocurrido, salvo su afirmación de que vio a Marín que lloraba y “decía algo así como ´¿qué hice?´ o ´¿por qué hice esto?´”.

Otro de los aportes clave escuchado en la audiencia de hoy fue el de la bióloga forense Silvia Vanelli Rey, quien realizó exámenes genéticos sobre distintas muestras y determinó que el arma de Marín encontrada en el lugar del hecho tenía su ADN, pero de Estefanía solo halló rastros en la empuñadura, no en el gatillo ni en la corredera.

El análisis de la escena del crimen

La perito Uribe hizo un pormenorizado relato de lo que encontró en el departamento del barrio Lera en la madrugada del 30 de julio de 2025, cuando llegó convocada para conducir los primeros pasos de la investigación ante un posible femicidio. Dijo qjue en primer término convocó a Gendarmería, en cumplimiento de una regulación impuesta desde 2018 para casos de violencia institucional con policías de Río Negro como sospechosos.

Dijo que el cuerpo de Estefanía estaba sobre la cama, de costado, con una pierna cruzada sobre la otra. Refirió cómo estaba vestida, precisó que el brazo derecho “colgaba” y el izquierdo estaba tapado por una colcha. También brindó precisiones sobre los orificios de entrada y de salida de la bala, y del proyectil encontrado en la almohada.

Uribe dijo que después de estudiar el tatuaje del disparo en la piel, de efectuar simulaciones y analizar la posición del cuerpo podía concluir que la boca del caño no estaba apoyada en el cuello cuando se produjo la detonación, sino a una distancia que podía variar entre los 11 y 15 centímetros.

Sostuvo que en su experiencia acumulada con suicidios no le tocó investigar ningún caso en el que el caño no esté apoyado sobre el cuerpo. “Es posible, pero antinatural y atípico”, aseguró la perito.

Dijo que detectaron residuos de disparo “en las manos de los dos” (Marín y Civardi) y que luego de evaluar todos los indicios, la planimetría, la biomecánica de los movimientos necesarios, los ángulos de entrada y salida de la bala y el contexto general no podía emitir un dictamen indubitable (porque no es su función) pero sí “probabilidades”, y la circunscribió a tres hipótesis: suicidio con el arma en una o en las dos manos, forcejeo entre dos personas, o femicidio.

Para Uribe, la “secuencia fáctica” permitía concluir que el suicidio en el hecho analizado era de una probabilidad baja, mientras que eran medias las probabilidades de un forcejeo y la de un femicidio, del que Marín sería el autor, porque no había otras personas en el lugar. Otra afirmación de la especialista que podría complicar al imputado es que algunas señales en el lugar donde se encontraba el cuerpo sugerían una escena simulada, por la forma en la que estaba tapado uno de los brazos y por el lugar y posición en la que fue hallada el arma.


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