Juzgan al jardinero que mató a hachazos a su patrón

El hombre ya tuvo otra condena por otro crimen, quedó libre y volvió a matar.

Por Redacción

JUSTICIA

José Alejandro Báez dormitó durante gran parte de la audiencia. El hombre de 41 años no prestó demasiada atención ni cuando se escuchó la acusación en su contra por el homicidio de Raúl Héctor Maceda. Sólo reaccionó cuando se sentó frente al tribunal y contó que es jardinero, que cursó hasta segundo grado en una escuela primaria del Alto de esta ciudad y tercero lo hizo en la Escuela Especial 6 “porque tenía problemas”. Después, abandonó. ¿Entiende de qué se lo está acusando?”, le preguntó el presidente de la Cámara Criminal Segunda, Gregor Joos. El imputado asintió con la cabeza.

No es la primera vez que Báez es juzgado por un brutal homicidio. En 1995 fue condenado a 15 años de prisión por el homicidio del cabo de la Policía de Río Negro, Gerardo Salinas. Lo mató de 18 puñaladas.

Según la acusación fiscal, Baéz mató a hachazos a Maceda. La autopsia estableció que sufrió 8 cortes, aunque la profunda herida en el cuello provocó la grave hemorragia que causó la muerte.

El hecho ocurrió el 12 de marzo de 2010, en el domicilio de Maceda, en la calle La Cascada al 200 de esta ciudad.

Báez se remitió a la declaración que ofreció en la etapa de instrucción, donde confesó haber asesinado a Maceda tras una discusión. En esa indagatoria, afirmó que trabajaba como jardinero tres veces a la semana para Maceda. Según el acusado, le pagaban 60 pesos (a valores de 2010) un sánwinch y una botella de agua mineral.

Dijo que Maceda lo maltrataba. Le decía tonto y lo presionaba para que incendiara una cabaña, ubicada en el lote de la familia de la víctima, donde vivía un hombre, que se negaba a desalojar la casa. Sostuvo que ese día Maceda “lo sacó de las casillas” y lo atacó. Báez no hizo ningún gesto mientras la secretaría leía su confesión. Tampoco cruzó miradas con el Fiscal de Cámara subrogante Eduardo Fernández ni con el abogado por la querella Juan Manuel García Berro.

Tras matar a Maceda, Báez escapó con su pareja y su hijo pequeño a la ciudad de Neuquén, donde fue detenido. Desde entonces pasó más tiempo en el área de Salud Mental del hospital zonal, que en el penal 3.

El eje del debate estuvo en establecer si Báez es inimputable. El psicólogo Oscar Benítez, que integró el cuerpo médico forense del Poder Judicial, declaró que conoció a Báez en 1995, cuando estuvo imputado por el homicidio de Salinas. Recordó que tuvo varias entrevistas con el acusado. “Todos los informes repiten la condición psicopatológica del imputado”, sostuvo.

Explicó que tiene una patología orgánica de base irreversible. Indicó que el peor de los problemas es que Báez “no puede controlar sus impulsos”.

Dijo que Báez transita el hospital desde que tiene 17 años. Tuvo intentos de suicidio y “entra al mundo adulto como puede”. Rememoró que lo hallaron dos veces inconsciente tirado en la calle.

El perito forense Leonardo Saccomanno declaró que Báez “nunca tuvo tratamiento”. Dijo que tiene un retraso mental leve. “A Báez no se le hicieron los estudios que se le hicieron a la mujer de (Carlos) Soria”, advirtió.

“Está depositado hace tantos años en el hospital”, lamentó Saccomano. Señaló que el imputado dirige sus acciones, pero “no tiene frenos inhibitorios”. “Se lo puede condenar o no, pero algún día va a salir y lo vamos a abandonar y va a volver a matar”, afirmó.

La viuda de la víctima, Marta Elena Aissa, declaró que la relación entre su marido y Báez era normal. “Nosotros lo queríamos”, aseguró. “Incluso cuando hacíamos una comida se sentaba a la mesa con nosotros”, afirmó. “No puedo entender por qué reaccionó de esta manera”, sostuvo. El juicio continuará el jueves.

DeBariloche


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