China rechazó las acusaciones de Donald Trump por supuesta injerencia electoral
El gobierno de Pekín calificó las denuncias del presidente norteamericano como "calumnias maliciosas e infundadas". Desde la cancillería asiática instaron a la Casa Blanca a dejar de utilizar a su país como un eje de campaña.
El gobierno de China rechazó de forma categórica las acusaciones lanzadas por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, respecto a una presunta intromisión a gran escala en los sistemas de votación norteamericanos. A través de su ministerio de Relaciones Exteriores, el gigante asiático tildó las declaraciones de la Casa Blanca como «calumnias totalmente infundadas» cuya falsedad ya quedó demostrada en el pasado.
La fuerte réplica diplomática se dio durante una rueda de prensa diaria en Pekín. Según consignó un cable de la agencia de noticias Xinhua, el portavoz de la cancillería china, Lin Jian, cruzó los cuestionamientos de Trump, quien había asegurado en televisión abierta que Pekín ejecutó «la mayor filtración de datos electorales de la historia».
El reclamo de Pekín a Donald Trump y las sospechas de un uso electoral
Para las autoridades de la República Popular China, el discurso de la administración republicana responde a una estrategia interna ante los próximos comicios de medio término en Estados Unidos, los cuales asoman complejos para el oficialismo.
“La comunidad internacional ve con mucha claridad quién es el que habitualmente interfiere en los asuntos internos de otros países. Instamos a la parte estadounidense a reflexionar sobre sus propias acciones y abstenerse de convertir a China en un tema de sus elecciones”, sentenció el vocero Lin Jian.
El informe de inteligencia que contradice la denuncia de la Casa Blanca
Pese al fuerte impacto de la denuncia televisada de Trump, la postura de Pekín encuentra un respaldo técnico clave dentro de los propios organismos de control de Washington.
Una investigación realizada por las agencias de inteligencia estadounidenses concluyó que, si bien diversos actores de origen chino recolectaron información de los padrones de votantes, la totalidad de esos datos ya revestía un carácter público. El informe oficial determinó de forma taxativa que «no había pruebas de que ninguna actividad detectada impidiera votar, alterara los votos o interrumpiera la capacidad de contabilizar» los sufragios.
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