Brasil, una elección de alto voltaje geopolítico
La oficialización de las candidaturas de Flavio Bolsonaro y Lula da Silva puso a la carrera para las presidenciales de octubre en la recta final. Paridad, fuerte polarización, denuncias y una doble disputa internacional marcan la campaña en la principal economía de la región

Con la confirmación de los dos principales contendientes, Brasil entró la semana pasada en la recta final de la campaña electoral de cara a las elecciones presidenciales de octubre, donde el actual mandatario, del centroizquierdista Partido de los Trabajadores (PT), Luis Inacio Lula da Silva, buscará la reelección frente al opositor de derechaFlávio Bolsonaro, en un clima de fuerte tensión política tanto interna como externa.
A nivel nacional, una fuerte polarización entre ambos candidatos y un clima de sospechas han tensionado el clima político exacerbada por el arresto domiciliario de Jair Bolsonaro, expresidente y padre de Flávio, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe. A nivel internacional, una doble crisis diplomática que enfrenta al gobierno de Lula con Estados Unidos y Argentina, que podría afectar la economía. Lo que demuestra que, a nivel internacional, esta elección es vista como una batalla por la hegemonía política regional entre las fuerzas de la “nueva derecha” alineada con Estados Unidos y gobiernos de izquierda o centroizquierda que impulsan el multilateralismo y una mayor autonomía respecto de la potencia hemisférica.
El pasado domingo 2 de agosto, Lula, que a los 80 años buscará un cuarto y último mandato, fue proclamado candidato durante una convención del PT en Sao Paulo, corazón económico de la primera potencia latinoamericana, ante unos tres mil seguidores. Allí se declaró “muy entero” pese a sus 80 años durante su discurso en un recinto cerrado paulista frente a sus partidarios, que entonaron la canción “Lula, guerrero del pueblo brasileño”, alzaron carteles con inscripciones como “Brasil no se entrega” y desplegaron una gran bandera nacional.
Apenas una semana antes, el derechista brasileño Flávio Bolsonaro, de 45 años, fue nombrado oficialmente candidato para enfrentar a da Silva, en un acto en el que se asumió como heredero de su padre preso. “Puedo ser más calmo, más sonriente, más tranquilo y moderado, ¡pero aquí hay sangre de Bolsonaro!”, proclamó palpándose el brazo.
El frente internacional
En la semana que pasó las novedades más relevantes fueron la decisión de la administración del presidente Donald Trump de revocar la visa de la embajadora brasileña María Luiza Viotti, como represalia por la demora en la aprobación de su representante en Brasilia, Danny Pérez, y las trabas puestas al ingreso de una misión de Washington que tenía previsto analizar la “integridad” del sistema electoral brasileño, objeto de fuertes críticas y sospechas por parte del bolsonarismo.
Otro eje de conflicto fue la degradación de la relación diplomática con Argentina a nivel de encargados de negocios por el gobierno brasileño tras las duras críticas e insultos de “ladrón”, “corrupto” y “basura socialista” que profirió el presidente argentino, Javier Milei, durante y días después de haber participado de un acto de lanzamiento de campaña de Bolsonaro, el 25 de julio .
El destacado analista internacional Daniel Zovatto señaló en su informe semanal que los conflictos diplomáticos con Argentina y Estados Unidos reflejan la creciente disputa geopolítica en la región. “La crisis con Washington y Buenos Aires amenaza con aislar diplomáticamente a Brasil de dos socios relevantes, deteriora el vínculo entre las principales economías del Mercosur y convierte la campaña electoral brasileña en un nuevo escenario de confrontación internacional”.
Argumentos de doble vía
Milei es un gran aliado de Donald Trump, quien ha apoyado abiertamente a varios candidatos de derecha victoriosos en recientes campañas electorales en países de América Latina, como Honduras o Colombia. Esta búsqueda de influencia ha sido admitida abiertamente por el secretario de Estado, Marco Rubio.
“Prácticamente en cada elección que se ha celebrado desde que usted fue elegido presidente, ha salido electa una persona que es proestadounidense, y creo que esta es una situación increíble” aseguró Rubio en una reciente reunión de gabinete, dirigiéndose al presidente Donald Trump.
Para Trump y Milei, un triunfo de Bolsonaro en Brasil tendría una importancia especial por el peso político y económico de este país en una región donde los conservadores expanden su poder, como mostró la asunción de Abelardo de la Espriella en Colombia ayer viernes. Pero los incidentes diplomáticos también le han servido a Lula para apelar al sentimiento nacionalista del país y presentarse como defensor de la “soberanía nacional” ante EE.UU.. Para Brasilia, los ataques de Milei contra Lula “son sólo una tentativa de agradar a Washington”. Y al sancionar a la embajadora brasileña, el gobierno de Trump “tomó una actitud irresponsable, impensada, (…) totalmente innecesaria”, aseguró Lula.
“La narrativa sobre la soberanía le calza como un guante a Lula: en un momento de caída de su popularidad, logra identificar a un enemigo allá afuera para responsabilizarlo por algunas de las penurias que vivimos”, dijo a la agencia AFP Leonardo Paz, politólogo de la Fundación Getúlio Vargas.
Otra evidencia del interés geopolítico de la elección es el rol de China. Lula divulgó detalles de una conversación telefónica con el presidente Xi Jinping, el fin de semana pasado. Según la agencia estatal china Xinhua, durante la conversación, Xi Jinping “reafirmó el apoyo a las relaciones bilaterales con Brasil, defendió la no injerencia externa en los asuntos internos de los países y manifestó disposición para ampliar la cooperación con el gobierno brasileño”.
Descontento y polarización
Esta semana se difundieron encuestas electorales, entre ellas la última de Nexus-BTG Pactual, que apunta a un escenario de empate técnico persistente entre Da Silva y Bolsonaro, con el 46% de intención de voto frente al 45% del legislador de derecha. La ventaja de hasta 17 puntos que había mantenido el oficialismo se redujo debido a la percepción de estancamiento en la calidad de vida y una creciente influencia del bolsonarismo en los estratos sociales más vulnerables, tradicionalmente votantes del PT. Los sondeos de Datafolha dan a Lula una leve ventaja de 48% a 43%, aún dentro del margen de error.
Este desplazamiento de los votantes de sectores populares es, a nivel interno, el riesgo más importante para Da Silva y tiene una base económica. Aunque el presidente de izquierda puede reivindicar un crecimiento sólido y empleo récord en estos últimos años, el aumento del costo de vida es lo que hoy más complica la vida de los brasileños, mientras el agravamiento del déficit fiscal es blanco de las críticas de la derecha. Las proyecciones de las principales consultoras económicas anticipan una ralentización del crecimiento del PIB al 1.7% (frente al 2.2% de 2025), mientras la inflación en alimentos se aceleró, alimentando al denominado “voto estómago” y erosionando el respaldo al presidente. Esta percepción de una “economía que no derrama” ha generado un caldo de cultivo para que la oposición canalice el descontento, vinculando las dificultades internas a un supuesto “aislamiento internacional” del país debido a la política exterior del Gobierno hacia Washington y Buenos Aires.
Otro aspecto que ha puesto al gobierno a la defensiva es la seguridad pública, otra de las mayores preocupaciones de los votantes según las encuestas, en un país donde el crimen organizado controla barrios populares en los que viven millones de personas. En este punto, el discurso de “mano dura” del bolsonarismo también le ha permitido sumar respaldos, en detrimento de otras fuerzas centristas. De hecho, el miércoles pasado Flávio Bolsonaro anunció que su candidato a la vicepresidencia será el diputado Alfredo Gaspar, un congresista conservador enfocado en la lucha contra el crimen.
Desde el oficialismo, en tanto, se anunció una investigación sobre presuntos planes para cometer atentados usando la plataforma Telegram que involucra a sospechosos de entre 19 y 31 años.
Corrupción, con efecto en ambos bandos
La corrupción, otro tema prioritario para la opinión pública, también podría influir en estos comicios, aunque en este caso existen dos investigaciones judiciales que resultan inconvenientes tanto para el oficialismo como para la oposición.
La primera se refiere al financiamiento de una película sobre Jair Bolsonaro, para la que Flávio Bolsonaro habría pedido dinero a Daniel Vorcaro, un banquero acusado de una megaestafa. La solicitud de millones de dólares al financista ha fracturado su relación con sectores empresariales y los votantes moderados, ya que refuerza una imagen previa de una gestión vinculada a esquemas de dudosa legalidad.
La otra, abierta esta semana, apunta a un hijo de Lula, “Lulinha”, sospechoso de corrupción y tráfico de influencias en presuntas gestiones ante el Ministerio de Salud. El punto crítico de este caso fue la salida de Marco Aurélio Santana Ribeiro (“Marcola”), ex Jefe de Gabinete hasta el 21 de julio de 2026. Su dimisión se vincula al descubrimiento de una transacción financiera sospechosa de beneficiar a la empresaria Roberta Luchsinger .
De esta forma, el escenario electoral brasileño se presenta sumamente equilibrado, con un resultado incierto debido a la alta volatilidad del voto y a posibles influencias externas e internas que podrían volcar el resultado. Sin dudas, cualquiera que sea, afectará las relaciones de fuerza, el futuro político de la región y la relación bilateral con Argentina.
(Fuentes: agencias internacionales y propias)
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