Milei enfrenta los riesgos de la candidatura anticipada

El presidente se lanzó a la reelección con una promesa económica ambiciosa y un único aliado importante: Donald Trump.

Milei y Adorni

Javier Milei está atravesando las consecuencias de una decisión propia: lanzó con dos años de anticipación su candidatura a la reelección como presidente con una promesa de campaña central y una sola alianza política. La promesa es inflación cercana a cero desde agosto con crecimiento de la economía y el único aliado confirmado es nada menos que Donald Trump.

La oposición más frontal a Milei, así como los aliados posibles que todavía no fueron convocados, optaron ambos por replegarse. No sólo por su manifiesta fragilidad política, sino como alternativa disponible: que Milei quede sólo en la escena y que padezca todos los desgastes.

La promesa de inflación cercana a cero está complicada en el corto plazo No sólo parece lejano el 1,5% de mayo pasado; el índice mensual se acerca a un piso del 3% que complica las previsiones del primer Presupuesto aprobado por el Congreso en la actual gestión. La inflación está inquieta pese a que el dólar se mantiene estable desde las elecciones.

El ministro Luis Caputo reaccionó airado contra los economistas que exponen esa contradicción como indicio de atraso cambiario. El Banco Central aprovechó la estabilidad cambiaria para comprar reservas, pero el peso de los vencimientos de deuda impide acumularlas.

Estas oscilaciones en el proceso de desinflación deben ser consideradas en un contexto de crecimiento económico, con dos indicadores relevantes para el gobierno: se mantiene el superávit fiscal y el nivel de exportaciones podría superar este año el récord de 2022.

El crecimiento de la economía se mantiene, aunque con señales de disparidad acentuada entre sectores. Sólo traccionan esa tendencia los sectores del agro, la energía y la minería. El empleo registrado cae sensiblemente en los grandes conglomerados urbanos, en especial del área metropolitana de Buenos Aires.

Ningún proceso de desinflación suele ser lineal y carente de sobresaltos. Pero el gobierno de Milei está obligado a leer con perspicacia la sensibilidad política diferente que la actual coyuntura implica. Vale lo mismo para su idea de armar su proyecto de reelección desde el alineamiento excluyente de su política exterior.

El factor Trump fue determinante para el triunfo electoral de medio término, pero la administración Trump también tiene sus desafíos propios. Las encuestas de opinión revelan que la imagen del presidente norteamericano cayó a su nivel más bajo desde su retorno a la Casa Blanca. Por dos motivos centrales: el aumento del precio de los combustibles y el creciente rechazo a la guerra contra Irán. Trump tiene en noviembre su propio examen en las urnas.

No sería extraño que pierda posiciones en la cámara de representantes -es casi una norma- pero si resigna el control del Senado sus últimos dos años pueden ser los de una traumática transición de salida.

Trump no encuentra aún una fórmula de clausura para la guerra contra Irán porque no dejó claro de inicio qué sería una victoria. ¿La eliminación de Alí Jamenei y su cúpula de gobierno? ¿La retracción a cero del programa nuclear iraní? ¿El debilitamiento del potencial misilístico y de poder operativo delegado en organizaciones terroristas como Hamas, Hezbollah o las milicias hutíes en Yemen, que funcionan como proxys?

Riesgos globales


El balance estratégico favorecía a Trump hasta que Irán provocó una crisis energética de alcance global con el bloqueo en el estrecho de Ormuz. Para lograrlo, Irán rompió con todos sus vecinos del mundo árabe; pero Trump quedó expuesto frente a aliados frágiles, como los que tiene en la OTAN.

Valga como ejemplo: un buque de una naviera francesa cruzó en estos días el estrecho de Ormuz sin ningún problema. La naviera es propiedad del empresario Rodolphe Saadé, cercano al premier francés Emmanuel Macron. Controla también la terminal de contenedores del puerto de Beirut. Las fuerzas aliadas vigilan esa vía de entrada de misiles iraníes destinados a Hezbollah.

El bloqueo en Ormuz es más que un problema en el abastecimiento de petróleo y gas: es una crisis en la cadena global de suministros. Su efecto no es sólo inflacionario, sino recesivo. Del metano provienen cientos de insumos derivados: desde los necesarios para producir fertilizantes, a los que se usan para fabricar medicamentos o son imprescindibles para la industria de los semiconductores.

De allí la urgencia de Trump, que provocó nada menos que la remoción del jefe del estado mayor del ejército norteamericano -en plena guerra- y ayer un ultimátum a Irán, de 48 horas.

El aumento de precios del petróleo favorece a Argentina por sus exportaciones, al mismo tiempo que impacta negativamente en los surtidores de nafta y el índice de inflación. Pero una recesión global sería sustancialmente más grave. Argentina tiene reservas negativas y un índice de riesgo país que, incluso si no hubiese guerra en Medio Oriente, restringe por causas endógenas el acceso a los mercados de crédito.  

La fragilidad de la escena global debería ser un incentivo a que Milei coagule rápidamente todas las fugas de capital político que están afectando al gobierno. Manuel Adorni tenía sólo dos funciones políticas: la vocería del gobierno y el bloqueo de la jefatura de Gabinete como posición, para que el comando de ministerios quedara en manos de Karina Milei.

La primera de esas funciones concluyó de mal modo cuando Adorni rompió la conferencia de prensa donde debía explicarse a sí mismo. La segunda función continúa, pero con un alto costo político que paga el presidente con su capital propio.


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