Bariloche a la Carta: Giorgio propone que los chicos vuelvan a la cocina a través del juego
La Cocina de Giorgio volvió a Bariloche, con una propuesta que combina teatro, música, humor y alimentación saludable. Desde hace 11 años, la asociación rosarina Supersaludable acerca a las escuelas una experiencia que busca que los chicos aprendan jugando, se animen a cocinar y recuperen el vínculo con la comida casera.
La música empieza a sonar, dos cocineros con una enorme nariz de payaso aparecen en escena, con un estilo divertido, desenvuelto y carismático, mientas los chicos en el público gritan y aplauden despavoridos. La obra de teatro contiene música, bailes, bromas, una constante interacción con el público -más que receptivo a las preguntas- y mensajes que concientizan sobre la alimentación saludable.
Giorgio arrancó como un taller en Rosario, pero hoy es una pieza teatral inmersiva que recorre escenarios del país y América Latina. En esta oportunidad, el grupo presenta “La gran espera el cocinero que nunca llega” en el Puerto San Carlos en Bariloche.
Sucede que el cocinero Giorgio no llega porque se ha quedado dormido, pero sus dos compañeros tienen la habilidad para llevar adelante una receta maravillosa a base de lentejas y yogur. Le agregan poca azúcar, suman chocolate y manzana, dos alimentos característicos de Bariloche y de la zona.

La asociación civil rosarina Supersaludable lleva once ediciones participando de Bariloche a la Carta, a través de funciones para unos 2000 alumnos de escuelas primarias. Pero en esta oportunidad, “La cocina de Giorgio” también estará presente en el escenario principal del Centro Cívico para ofrecer una combinación de gastronomía, teatro, música y aprendizaje, el viernes, sábado y domingo a las 15.30.
“En este show, Giorgio se queda dormido, pero demuestra que los niños pueden ser parte protagónica de la cocina. A veces, lo pueden hacer solitos”, comenta Giorgio que luce un enorme gorro negro con varios patitos, un pijama y una bata amarilla con más patitos. Habla un divertido itañol -una mezcla híbrida de palabras del italiano y el español-.
Detrás del personaje, se esconde el impulsor del grupo Supersaludable, Alberto Arribas. Este nutrionista valora que el BALC haya optado por incluir a los más pequeños en el festival gastronómico y que no quede solo en un evento para adultos. “Es, en cierta forma, una cosecha para que sean más saludables cuando sean adultos. Con esta propuesta, disfrutan de un show, conectan con el arte y les entregamos un recetario digital para que prueben recetas en la casa. También aportamos una secuencia didáctica para que las escuelas trabajen los ejes durante varios días, vinculados a la obra”, plantea.
Arribas no oculta su sorpresa por “la falta de acciones culturales para las infancias en Bariloche”. "El arte está como dormido. Entonces, que el BALC traiga arte como parte del cambio es una gran oportunidad para Bariloche. La alimentación va de la mano con poner límites. No hablamos de alimentos buenos o malos. El adulto debe ser quién diga: hasta acá sí; hasta acá no", manifiesta.
Mientras tanto, los dos cocineros con nariz de payaso continúan bailando. Uno de ellos intenta una pirueta en el aire, pero termina abriéndose de piernas, sin querer, y mira al público con una expresión de dolor. Los chicos fascinados gritan más fuerte y se ríen a carcajadas.
Javier Díaz es docente de la escuela rionegrina 284 y acompaña a un grupo de estudiantes de 9 y 10 años. “Nos pareció interesante esta movida del BALC y una buena oportunidad para compartir. Además, el tema de la mala alimentación preocupa mucho y esta es una buena forma de llegar con un mensaje a los chicos”, expresa el maestro.
"Más olor a comida casera"
La asociación Supersaludable cumplió 18 años desde su conformación y 11 en las ediciones del Bariloche a la Carta.
En relación a los niños obesos y con sobrepeso, Arribas asegura que el número ha aumentado, pero consideró que “el problema no es solamente alimentario. Tiene que ver con la falta de movimiento, el uso de pantallas, la falta de regulación de las emociones. Un montón de cosas”. “Claro -agregó- que la comida tiene mucho que ver: cómo el niño come, por qué come, cuánto come y con quién come. Por eso, nos propusimos poner el tema en agenda pública”.
Advirtió que, “sin responsabilizar ni culpabilizar”, los adultos no tienen las herramientas; por eso, se planifican capacitaciones docentes, mateadas con padres y talleres de cocina para familias. “Hay mamás o papás que me dicen: 'Escuchame, Giorgio, no sé cómo preparar un omelette'. Pareciera una obviedad, pero hay gente que no lo sabe. Son generaciones a las que se las sacó de la cocina y no tienen bases de producción”, confía.
Muchas veces, la gente argumenta que comer sano es caro. Este rosarino plantea que no lo es y pone como ejemplo, un guiso o una sopa de verduras. El problema, entiende, es que la gente perdió el hábito de cocinar. "Un rico guiso de arroz y lentejas, con verduras de estación, no es costoso. Lo que perdimos es el tiempo y la conexión con la cocina. Necesitamos más olor a comida casera. Volver a lo esencial. Nos metieron en la cabeza que lo mejor se compra viene en lata", indica.
Arribas propone conectar con el plato casero, con los alimentos de calidad. "Hoy, intentamos que los chicos eduquen a los grandes. Este año llegamos a 150 mil niños en toda Argentina. Si uno los estimula, aprenden y todo cambia. La idea es generar un espacio lúdico para que asocien la comida con el juego", plantea.
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