De los coros de Bariloche al Teatro Colón: la historia de Tadeo Chaves Painefil

El joven se inició en el Coro de Niños, pasó por el Camping Musical y ahora, hace carrera en Buenos Aires. Debutó como coreuta en el prestigioso coliseo.

Por Lorena Roncarolo

Tadeo tiene 26 años y un gran futuro por delante. Foto: gentileza

Ni bien terminó el concierto que se extendió a lo largo de una hora, la sala estalló en aplausos. Los padres y la hermana de Tadeo Chaves Painefil se pusieron de pie, sin poder ocultar la emoción que los invadía. Esta familia del barrio Eva Perón, al sur de Bariloche, viajó 1.600 kilómetros para asistir a la primera presentación de su hijo como coreuta.

Dos meses antes, Tadeo les había anticipado que participaría en la obra de música sacra «Requiem», de Wolfgang Mozart, junto a la Academia Coral en la sala principal del Teatro Colón. No tardaron en sacar los pasajes.

Tadeo creció rodeado de música, especialmente folclore y clásico. Pero además, estaba en sus genes. Su madre cantaba en el Coro de Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche; su padre era guitarrista y cantor. Cuando cumplió los 11, ingresó en el coro donde cantaba su madre, con el maestro Andrés Ian, donde permaneció unos 15 años y transitó todo tipo de repertorios.

«A los 8, recuerdo que en Musimundo me compraron un CD de Beethoven y eso despertó algo en mí. Me regalaron un teclado y aprendí a tocar de oído hasta que me puse a estudiar piano en serio. Cuando entré al coro, descubrí el canto y descubrí también que había cuatro pentagramas (yo estaba acostumbrado a los dos, por el piano)», cuenta a diario RÍO NEGRO.

En 2016, incursionó en teatro musical: «Me picó el bicho por la ópera y empecé a indagar en ese estilo. Me encantó eso de cantar sin micrófono y llenar una sala gigante con mi voz. Fui descubriendo la actuación y el baile. Tiene cosas más humanas que cualquier otro estilo».

El joven considera que a Héctor Bisso, exdirector del Coro Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche, «le debe la mayor parte de su formación coral y musica. De él aprendí mucho, no solo musicalmente. Transitamos mucho repertorio y una variedad de estilos. Es una persona llena de sencillez y humildad que inspira y emociona».

Con el impuIso de su familia, amigos y maestros, decidió probar suerte en Buenos Aires y así fue como audicionó en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, creado en 1960 con la misión de formar profesionales del arte lírico, coreográfico, musical y experimental. El mismo día en que cumplía años, Tadeo se probó junto a otros 100 jóvenes, de los cuales quedaron 15.

Tadeo tiene 26 años y un gran futuro por delante. Foto: gentileza

«Fue especial porque recién desembarcaba en Buenos Aires y lo cierto es que, desde los 18, soñaba con estudiar canto. En los últimos cinco años me formé con los seminarios de verano del Camping Musical Bariloche. Contribuyeron a mi formación. Buenos Aires es algo muy nuevo para mi, incluso con el ritmo de los conciertos. Uno tiene todo a mano», comenta.

Sin embargo, la confirmación del ingreso a la Academia Coral del Colón no fue inmediata. En Semana Santa, se encontraba en Bariloche para dar unos conciertos, cuando recibió el mail en el que le informaban que tenía un pié adentro.

«Me siento afortunado por el prestigio que tiene el Colón. No solo te enseñan a cantar sino que accedés a otra formación como fonética italiana, alemana, historia de la ópera. Son muchas cuestiones que van más allá de la técnica vocal y el canto. Es la mejor escuela de Argentina y de Sudamérica», advierte.

Tadeo tiene 26 años y un gran futuro por delante. Foto: gentileza

Cuando arrancó a cantar, Tadeo era soprano. Hoy es barítono. «Tenía unos buenos graves, pero al cambiarme la voz, ahora es como un bajo falso. Cuando empecé a estudiar formalmente, tuve un choque de identidad y acepté mi identidad de barítono», manifiesta este muchacho que trabaja como cantante y además, consiguió un puesto en logística en una empresa.

Entiende que cantar «es complejo». «Me encanta cantar y la sensación de estar en un escenario. Pero cuando uno estudia empieza a pensar en muchas cosas, la mayoría, son cuestiones técnicas o musicales. Somos seres muy lógicos y a veces, nos olvidamos de expresar lo humano del canto», reconoce. Admite que le gusta el hecho de que nunca dejará de estudiar con la posibilidad de mejorar. «Pueden haber voces parecidas pero nunca iguales, y creo que eso es lo más valioso«, dice.

Tadeo tiene 26 años y un gran futuro por delante. Foto: gentileza

De chico, Tadeo soñaba con hacer muchas cosas aunque siempre tuvo una inclinación hacia lo musical. «En un momento, quería ser soldado o entrar al Colegio Militar de la Nación. Finalmente, pensando en un futuro más razonable, me metí al colegio técnico donde egresé como técnico en informática. A los 16 supe que era por el lado de la música», subraya.

El sueño de una beca en el exterior

Desde que inició su carrera en la Academia Coral, Tadeo pasó unas tres veces por el Salón Dorado del Colón. Semanas atrás, debutó como coreuta en la sala principal. «Es magia ver todo esos equipos de iluminación, de dirección, de escenografía. Uno sale muy impresionado. Son como mínimo cinco horas de ensayo cada día durante semanas y semanas», comenta.

Cuando se le consulta sobre su sueño, admite que sabe que «Buenos Aires no es para siempre. Pretendo audicionar a la carrera de canto lírico como solista en el Colón a fin de año y veré hasta dónde me lleva. Se que hay mucha exigencia, pero no es imposible. ¿Y el día de mañana? Quizás alguna beca en España o Francia porque solo pretendo seguir aprendiendo y mejorando».

Tadeo tiene 26 años y un gran futuro por delante. Foto: gentileza

De Inglaterra al retorno

En 2023 Tadeo viajó a Inglaterra con un grupo de música irlandesa. Él cantaba y hacía los arreglos vocales. Durante seis meses, la banda hizo 230 presentaciones que, Tadeo describe como «una pésima experiencia que rozaba la esclavitud moderna». Asegura que volvió muy cansado.

Tadeo tiene 26 años y un gran futuro por delante. Foto: gentileza

«De regreso al país, quería irme a Buenos Aires. Nunca voy a olvidar cuando recibí ese mail que decía: ‘Le damos la bienvenida al Instituto Superior de Arte y lo felicitamos por haber sido seleccionado para integrar la Academia Coral'», recuerda. La carrera dura dos años y se consideró afortunado de haber ingresado el mismo año en que se oficializaron los títulos -ya que antes, no eran válidos a nivel nacional-.

«No voy a olvidar mi última presentación en el Colón haciendo Mozart. Era la primera vez que mi familia me veía en el teatro. Ellos saben lo que luché para estar ahí y siempre conté con su apoyo. Todo esto es fruto de lo que ellos sembraron«, concluyó.

Tadeo, el orgullo de su familia. Foto: gentileza

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