Una obra en construcción abrió una oportunidad para el arte: 75 artistas crearon una galería urbana en Viedma

La estructura de tablas dispuestas para las reparaciones del Centro Cultural se convirtió en una galería de historias con más de 75 cuadros. Desde iconos culturales y política internacional, hasta paisajes traídos desde Bariloche, las diferentes obras conviven entre sí en un lienzo colaborativo.

Por Nazarena Riquelme

El cerramiento del centro cultural de Viedma reúne artistas de distintas generaciones, con técnicas y motivaciones propias que conviven con la mirada pública de quienes transitan. Foto: Marcelo Ochoa

Entre homenajes, series y paisajes patagónicos, el cerramiento del Centro Municipal de Cultura en Viedma se transformó en una galería urbana que acompañará la renovación por los próximos dos años y que ya comenzó a generar trascendencia regional e internacional.

La convocatoria comenzó con 45 espacios, rápidamente alcanzó los 75 cupos, reuniendo artistas de todo tipo bajo una única condición: expresiones libres que no promuevan discursos de odio y violencia.


A los 84 años, volvió a pintar la Patagonia


Entre las intervenciones hay una historia atravesada por el aprendizaje y la posibilidad de seguir creando. Sabina Sosa tiene 84 años, vive en Bariloche y atravesó la provincia para llevar una parte de la zona andina al centro de Viedma.

«Empecé a dibujar a los 17 años, participe en Cerámica Bariloche y ahora estoy con los cursos de Upami, pero nunca me deje de formar», señaló Sabina en relación a su constante impulso por encontrar nuevas formas de expresión.

Sabina Sosa, artista de Bariloche que trajo consigo la flora y fauna andina a Viedma. Foto: Marcelo Ochoa

En el mural participó junto a su hija, Ángeles Nélda, y otros integrantes de la familia, incluida su nieta de nueve años, quienes colaboraron con la pintura conjunta a su paisaje patagónico de montañas y guanacos, con una poesía inspirada en una enredadera que crecía en un ventanal de Dina Huapi.

«Aferrarse con todas las fuerzas a los que nos hacen florecer», escribió Nélda junto a su madre, en un juego de palabras que combina lo férreo de la estructura en las cuales las plantas florecían con su intento por sostenerse.

Guanacos y montañas representados junto a una enredadera de flores de Dina Huapi, pintadas por tres generaciones de mujeres en Viedma. Foto: Marcelo Ochoa

«Aunque a mi cuerpo le cueste, mi cabeza sigue siendo igual», explicó Sabina en relación a la actividad que muchas veces se encuentra limitada ante el cansancio y el vértigo que ya no le permiten subir escaleras para pintar en los márgenes superiores.

Lo que envejece es el cascarón, pero con 84 años me miro y digo ‘pudiste hacer esto’ «

Sabina Sosa, artista de 84 años y miembro de la Universidad para Adultos Mayores Integrados (Upami) en Bariloche

Una muestra efímera que deja huella


El gran lienzo colaborativo cuenta con la participación de artistas como Juan Marchesi y Andrea «Hadita» Mercado, quienes ya habían colaborado en espacios de Viedma como el reconocido mural de Guernica, de Pablo Picasso, dispuesto en el Parque Ferreira.

El árbol de la vida que reúne a cuatro generaciones del artista Juan Marchesi, conectando con la naturaleza que se manifiesta tras el cerco. Foto: Marcelo Ochoa

Sin embargo, la apertura del espacio les permitió mostrar otra faceta de su trabajo, con obras que reflejan un ámbito más personal y que tendrán una duración limitada.

Marchesi convocó a toda su familia, desde su esposa hasta sus bisnietos, quienes junto a algunos de sus amigos, intervinieron en el mural que refleja el árbol de la vida.

La obra recuperó además al denominado «espía» o «mirón», un personaje que acompaña el arte de Juan como marca personal desde su llegada a la Patagonia en 1973, y un poema homenaje a su amiga Luisa Goldemberg, «fue como mi segunda madre», señaló el muralista.


«Que perdure o no es parte del arte, son las reglas de la calle»


«Al estar a la intemperie siempre les puede pasar algo. Ya sea que le escriban o le peguen cosas, así que esto no es diferente», señaló Mercado en relación a las obras que serán retiradas tras la culminación del edificio.

La muralista contó que parte de la experiencia también se centra en el intercambio, donde muchas personas se detienen a conversar, hacer preguntas o compartir un mate junto a los artistas y que disfruta de las intervenciones sobre sus obras que mezclan la fantasía, magia y herbología.

La obra «Aves migratorias» contiene un estribillo de la canción de Skay Beilinson, en conmemoración a su paso por Viedma en septiembre de este año. Foto: Marcelo Ochoa

Por su parte, Simón Salamida, otro de los artistas que participó en la obra inspirada en una pintura del británico Bansky, contó cómo su representación fue duramente criticada en redes sociales y vandalizada con un grafiti de «Esto no es arte».

La obra inspirada en Bansky representa al presidente argentino, Javier Milei, con un látigo cuya forma remite a una flecha dirigida hacia los ciudadanos. Foto: Marcelo Ochoa

«La negación confirma que la obra cumplió su objetivo de sacudir al espectador y romper con lo establecido», respondió Salamida en relación a la reacción de los espectadores, que llevó el lienzo a medios internacionales como el «Center for economic and social rights» (CESR).


Messi, el Indio y Dragon Ball


La galería reúne también obras que apelan a figuras populares y recuerdos compartidos. Entre ellas está el mural de Lionel Messi, realizado por los hermanos Gianfranco y Virginia Pelozo como agradecimiento al futbolista. Los dos también llevaron a las paredes otros personajes reconocibles, como Lautaro Martínez, Gohan, de Dragon Ball Z, y un homenaje al Indio Solari bajo la frase «Nos merecemos bellas cosas y ocurrirán».

En el cerco también conviven personajes animados de diferentes generaciones que van desde el ratón de Tom y Jerry hasta Fantasmático de Ben 10 y figuras de anime con guiños de actualidad como un lienzo en blanco con la frase «lorem ipsum», asociada a un texto de relleno estándar utilizado en diseño web.

El resultado es una galería sin una única voz ni un recorrido temático cerrado, donde conviven distintas generaciones, técnicas y motivos para pintar: desde quien se acerca por primera vez a un mural colectivo hasta artistas con una larga trayectoria en el espacio público.


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