El cronómetro está en manos de Maxi Morales: el multicampeón del Tetra es uno de los guardianes del tiempo en el Patagonia Run

¿Qué hace el Correcaminos al costado del camino?, le preguntamos a Maxi Morales, el enorme atleta roquense, ganador 7 veces del Tetra del Chapelco. Maxi nos cuenta cuál es su labor en el Patagonia Run.

Por Walter Rodriguez

Maxi Morales y Victoria Escudero, su pareja, son los encargados de cronometrar el paso de los correros en uno de los puestos de asistencia del Patagonia Run.

En el corazón del Patagonia Run, donde cada sendero te cuenta algo, hay una estructura silenciosa que sostiene la épica desde otro lugar. Lejos de los aplausos de la llegada, en los puestos de asistencia también se corre, aunque de otra manera.

En el PAS Bayos, la escena combina logística, tecnología y por sobre todas la cosas, conocimiento. Casi como una paradoja, el encargador del cronometraje en este puesto de asistencia es nada menos que un atleta consagrado apodado por muchos como el «Correcaminos».

¿Qué hace un correcaminos al costado del camino?, le preguntamos a Maxi Morales, el enorme atleta roquense, ganador 7 veces del Tetra del Chapelco, entre otros logros. Mientras los corredores atraviesan el circuito entre el cansancio y la determinación, Maxi, junto a su compañera de vida y también de trabajo, Victoria Escudero, son parte de un equipo clave que trabaja con precisión quirúrgica sobre un aspecto sensible de la prueba: el cronometraje.

Maxi, atento al paso de los competidores en el PAS Bayos.

Desde siempre protagonista en los senderos, hoy Morales sigue en carrera desde otro rol. “Fuera de los caminos, pero en el camino”, dice, con esa mezcla de humor y pertenencia que sólo entienden los que nunca se fueron del todo.

Desde hace cinco años forma parte del equipo que registra el pulso de la competencia. Junto a sus otros compañeros, se encarga de que cada corredor quede marcado en el sistema y tenga su registro exacto para que todo el mundo pueda seguir la travesía en tiempo real.

El procedimiento es tan simple como crucial: el dorsal lleva un chip que, al pasar por la antena instalada en el puesto, envía automáticamente la información. Los datos se obtienen a través de un transmisor que recibe el cableado que va por debajo de una senda coloreada por dónde pasa el competidor. Cada corredor transmite un código único, registrando el tiempo exacto.


Pero detrás de la tecnología hay algo más: horas interminables, turnos que atraviesan la noche, con frío y durmiendo casi bajo las estrellas. El sábado será la prueba máxima: hasta 24 horas de trabajo continuo, acompañando el paso de los corredores de 100 millas, 110K y 70K, en ese flujo constante que no se detiene.

La pareja también está para salvar situaciones de último momento. Este viernes Maxi y Victoria estuvieron en el PAS Pendiente, tercera parada de las 100 millas, por una urgencia que tuvo la organización en el tema de cronometraje, sobre ese punto de la competencia. «Nos dijeron si podíamos venir y les dijimos que sí. Estamos acá hasta las 20:00 y después nos vamos a Bayos porque mañana a la mañana (este sábado) pasan los 110K, las 100M y los 70K después del mediodía».

Mientras orienta a los competidores cuando salen del puesto de asistencia para que pasen entre los dispositivos de transmisión, muchos los reconocen, lo saludan y hasta hay tiempo de sacarse alguna selfie.

Maxi junto a Nicolás Cifuentes, luego de su arribo al PAS Pendiente, en Chapelco.

“¿Por qué no estás corriendo?”, le preguntan algunos al Correcaminos. Maxi sonríe y aventura que quizá el próximo año esté compitiendo en al menos una de las distancias de la prueba. «Siempre que vengo a esta montaña la veo llena de nieve… Me gustaría correr acá tal cual cómo se ve ahora». La ultima visita de Maxi aquí fue en agosto del año pasado para la disputa del Tetra de Chapelco (terminó segundo), prueba que ya ganó siete veces.


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