Donald Trump aseguró que Keir Starmer renunciará como primer ministro de Reino Unido: «Le deseo lo mejor»
El presidente de Estados Unidos indicó que dará un paso al costado por su fracaso en la política migratoria y energética. El líder laborista se refugia en su residencia campestre presionado por el colapso de su propio partido.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó públicamente que Keir Starmer va a dimitir como primer ministro del Reino Unido. A través de un contundente mensaje en su red social Truth Social, el mandatario norteamericano le atribuyó un rotundo fracaso en temas sensibles durante su corta gestión al líder laborista.
«Dimitirá como primer ministro de Reino Unido. Fracasó estrepitosamente en dos temas cruciales: inmigración y energía (¡explotación de petróleo en el mar del Norte!). ¡Le deseo lo mejor!“, sentenció Trump.
En su descargo, Trump vinculó la inminente salida de Starmer a los severos problemas de inmigración y, muy especialmente, a su política energética ligada a la explotación de petróleo en el mar del Norte.
Este último punto es un foco histórico de tensión entre ambos países, exacerbado durante la reciente guerra en Medio Oriente, un conflicto en el que el Reino Unido decidió no participar. El republicano ha solicitado en repetidas ocasiones que los británicos aumenten las perforaciones para paliar la crisis de escasez de crudo a nivel global.
Este comentario de Trump viene después de la polémica con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, cuando el estadounidense aseveró que le suplicó para sacarse una foto en la cumbre del G7.
«Solo puedo lamentar que no muestre la misma determinación hacia los enemigos de Occidente, hacia los enemigos de Estados Unidos, hacia dirigentes con los que, en cambio, se muestra mucho más conciliador», respondió Meloni y añadió: «Ni yo ni Italia suplicamos nunca».
El ultimátum interno de Starmer en Reino Unido
Mientras los rumores sobre su salida copan la agenda de los medios, Starmer se encuentra recluido en su residencia campestre de Chequers junto a su familia. Sometido a una presión asfixiante tanto de sus propios ministros como de las bases del Partido Laborista, se espera que el primer ministro anuncie una decisión definitiva este mismo lunes.
Durante el fin de semana, el dirigente evitó hacer declaraciones sobre su futuro político y se limitó a compartir un mensaje por el Día del Padre en sus redes sociales.
La prensa británica sigue el minuto a minuto del colapso institucional, pero aún no ha podido confirmar el desenlace. Según fuentes cercanas al mandatario citadas por la cadena Sky News, el primer ministro “no tiene una decisión tomada al respecto”, aunque comunicará “pronto” su resolución al partido.
Por su parte, el secretario de Comercio, Peter Kyle, intentó poner paños fríos al declarar ante la BBC que el líder laborista simplemente está “dedicando tiempo a reflexionar sobre las realidades políticas, los desafíos y las oportunidades en las que se encuentra”.
La danza de sucesores en Reino Unido
La posible dimisión convertiría a Starmer en el sexto primer ministro británico en abandonar el cargo en apenas una década, una alarmante estadística que refleja la elevada rotación y la inestabilidad en el liderazgo del país. El descontento con el gobierno se ha agudizado velozmente desde su victoria electoral en julio de 2024, empujado por la dificultad para cumplir sus promesas de crecimiento económico, mejorar los servicios públicos y aliviar el costo de vida.
A este combo letal se le suma la sangría de votos hacia el Partido Verde y el amenazante ascenso de Reform UK.
En medio del vacío de poder, Andy Burnham ha emergido como el candidato natural para la sucesión. El hasta ahora alcalde del Gran Manchester consolidó su fuerza tras ganar un escaño en la Cámara de los Comunes en las elecciones especiales de Makerfield, donde arrasó con casi el 55% de los votos. Su aplastante retorno coincidió con duras derrotas laboristas en los comicios municipales, lo que terminó de licuar la figura de Starmer.
Aún no está definido si Burnham sería coronado directamente como sucesor o si deberá someterse a una interna contra figuras como Wes Streeting, quien le asestó un golpe de gracia a la gestión al renunciar recientemente a su cargo como secretario de Salud en modo de protesta.
Aunque Starmer juró que no bajará los brazos y advirtió que se presentará a cualquier contienda por el liderazgo del partido, las voces más influyentes del espacio ya le soltaron la mano. El contundente diagnóstico de Charlie Falconer, miembro de la Cámara de los Lores, resume el clima de época en el Reino Unido: aseguró sin tapujos que el actual primer ministro “no tiene absolutamente ninguna autoridad” y sugirió que el traspaso de mando debe acordarse e inmediato con Burnham.
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