La innovadora propuesta que nació en Roca para resolver la salud infantil desde las aulas
Frente a diagnósticos tardíos y carencias en los barrios más vulnerables, la licenciada Natalia Narváez puso en marcha una solución inédita en la Escuela N°66 de JJ Gómez: llevar la enfermería al colegio. Una estrategia pionera que busca detectar problemas a tiempo y que ya entusiasma a profesionales de toda la provincia
Todos los días, en la sala de pediatría del Hospital López Lima, Natalia Narváez ve entrar a chicos y familias de toda la provincia de Río Negro. Y todos los días ve carnés de vacunación incompletos, controles de salud que nunca se hicieron o signos de salud deteriorados por la pobreza. Hace 15 años que trabaja ahí y hace cinco meses decidió no esperar a que los chicos llegaran al hospital, y fue a buscarlos a la escuela.
Natalia es licenciada en enfermería, egresada de la Universidad Nacional del Comahue, y el año pasado terminó una Diplomatura Universitaria en Enfermería Escolar en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Con esa formación armó un proyecto propio, la «Inserción de la Enfermera Escolar», la cual por ahora implementa en la Escuela N°66, del barrio JJ Gómez, uno de los más alejados de Roca.
«Podía visualizar todas estas problemáticas que reportan los documentos como la pobreza infantil, que trasciende las privaciones materiales y se vincula con la falta de acceso a la alimentación, la educación, la salud, el saneamiento», cuenta. Y eso la llevó a diseñar el proyecto.
Con el permiso de Educación y de Salud, a través de la dirección del hospital, pudo acceder a estar en el colegio una vez por semana (4 horas). Sin embargo, hace dos meses brinda asistencia dos días a la semana (8 horas en total). Su objetivo es llegar a las cuatro horas diarias, tiempo completo, de lunes a viernes.

Así es la dinámica de trabajo de una enfermera escolar
En sus primeras semanas de la escuela, detectó lo mismo que veía en el hospital (pero antes que se conviertan en urgencias), como chicos con sobrepeso, con vacunas atrasadas o con hipertensión arterial a los 11 o 12 años, «enfermedades que eran propias de los adultos hace años atrás, hoy las tienen presentes nuestros niños».
Y agregó: «son problemáticas que con una enfermera en la escuela pueden ser detectadas de forma oportuna, de forma precoz, y derivadas a tiempo a la atención primaria o al hospital«, explica.
Los malos hábitos de sueño fueron uno de los problemas recurrentes entre los chicos. En un taller, les preguntó cuántas horas dormían y la respuesta fue cuatro o cinco, muy por debajo de las nueve o diez que necesitan a esa edad. A partir de ahí armó un taller de higiene del sueño, con material propio, para explicarles por qué dormir bien mejora su rendimiento al otro día.
La enfermera que se inserta en la escuela puede desarrollar diferentes funciones, explica, por ejemplo si un chico se golpea, ella hace la primera evaluación (incluida la escala de Glasgow para el estado neurológico) y le da seguimiento durante el resto del día. También detectó casos de hipertensión y odontalgia que derivó a pediatras.
Además, da talleres a pedido de los propios docentes como alimentación saludable, lavado de manos, reanimación cardiopulmonar, bullying y ciberbullying, gestión de emociones (articulado con una psicóloga de Atención Primaria) y consumos problemáticos. Hasta ahora, según los números que maneja, esos talleres alcanzaron a entre 40 y 65 chicos de sexto y séptimo grado cada uno.
Según comenta, cada actividad se conecta con lo que los chicos ya están viendo en clase. El taller de RCP llegó después de que aprendieran en Ciencias Naturales dónde está el corazón y cómo funciona, el de alimentación se dio junto con sistema digestivo. «La idea es que no sean talleres aislados, que tengan vinculación con los contenidos de las planificaciones docentes», dice.
Además esta figura puede gestionar, documentar, procesar datos. «Mi meta sería que en las escuelas de gestión pública, de barrios vulnerables, atravesado por diversos factores sociales, económicos, de accesibilidad, tengan una enfermera escolar, que acompañe y desfragmente el sistema de salud, llevándola a las escuelas. Pero todo ello merece una regulación y una articulación entre salud y educación, así no queda solo en un proyecto».
«En los recreos me buscan»
Natalia asegura que con los chicos ya se creó un vínculo especial. «En mi caso ya me tienen como referente de la salud, porque en los recreos me buscan. A veces si quedó algún tema o una inquietud, de todos los talleres que hemos abordado, ellos vienen y siguen en diálogo conmigo».
Uno de sus principales anhelos es que quienes diseñan políticas públicas de salud «escuchen esta propuesta y se hagan eco, que no se diluya en un proyecto piloto más. Y reafirma: «ese espacio de intercambio que se genera es maravilloso».
«Me doy cuenta cómo necesitan nuestros niños ser escuchados», y comenta con emoción que de esos encuentros se lleva tanto «frases gratificantes» como «frases dolorosas» en su corazón. «Esos espacios de retroalimentación son tan sinceros, no tienen filtro. Nos plantean las situaciones sin filtro», detalla.
Una de las próximas actividades a realizar en el colegio es el 29 de septiembre, el Día Mundial del Corazón. Este día se organiza la jornada «Sembrando hábitos, cuidando corazones», con estaciones temáticas para séptimo grado. La actividad la hace junto a estudiantes de Enfermería de la Universidad Nacional del Comahue, donde Natalia es docente de tercer año.
Un modelo con antecedentes en otros países
La propuesta se apoya en documentos de la Organización Panamericana de la Salud sobre «escuelas promotoras de la salud», y en experiencias como las de la Asociación Nacional de Enfermeras Escolares en Estados Unidos (NASN), la Asociación Nacional e Internacional de Enfermería Escolar en España (Amece) o Sociedad Chilena de Enfermería en Salud Escolar (Sochiese) en Chile.
En Argentina, Natalia señala a Tierra del Fuego como pionera, ahí el enfermero escolar ingresó por el área de Educación y empezó en escuelas especiales antes de extenderse, aunque no cuente con una ley formal que lo respalde.
Natalia describe que su meta es que se implemente en toda la provincia de Río Negro y haya como mínimo dos enfermeras escolares en barrios vulnerables. «Para que esto no quede a mitad de camino y pueda transformarse en un programa o una política pública necesitamos difusión y necesitamos respaldo institucional para que se le de continuidad porque si no corremos el riesgo de que esta herramienta que viene a transformar la vida de muchos niños quede en un esfuerzo aislado», plantea.
Y adelanta que ya hay varias enfermeras de Bariloche, Cipoletti, Villa Regina y Viedma interesadas en replicar su experiencia.
Comentarios