Orgullo y agradecimiento: el Obelisco celebró a la selección que enseñó a no dejar de luchar

En el centro neurálgico de Buenos Aires, jóvenes, familias y amigos se reunieron con genuina felicidad para rendirle tributo a sus héroes. El valor histórico del triunfo con Inglaterra.

Por Santiago Sourigues

La gente se juntó a celebrar la Selección sin importar el resultado. (Foto: Enrique García Medina)

Mientras Messi se abre de piernas en el campo de juego del MetLife, pocos minutos después de perder frente a España la final del Mundial 2026, en el barrio de Chacarita un grupo de jóvenes se reúne en la esquina de Ángel Carranza y Aguirre todavía shockeados por la derrota del equipo de Lionel Scaloni. Como el capitán de la selección argentina, ellos aún no asimilaron el golpe.

«Sentimos tristeza y decepción. Jugamos mal”, se anima a levantar la voz uno de los chicos, con indisimulable desazón. “Se cierra un ciclo”, agrega. ¿Irán al obelisco, a juntarse con más gente, a celebrar a este equipo? “La posta es que no. El ánimo está muy bajo”, aporta otra de las chicas.

La Ciudad se despierta: ¿quién dijo que todo está perdido?


El panorama cambia lentamente. De pronto, empiezan a oírse fuegos artificiales que interrumpen un ruidoso silencio en las calles donde, cuatro días atrás, se cortó el tránsito por el inolvidable triunfo de la Scaloneta ante Inglaterra

De pronto, las caras largas que transitan las oscuras calles porteñas se matizan con el entusiasmo de los hinchas que se suben a la estación Dorrego de la línea B de Subte para dirigirse al Obelisco. 

Diego, hincha de Laferrere que vino a Villa Crespo a ver el partido, cambia el tenor de la conversación. “Argentina jugó un buen mundial. Las finales hay que jugarlas, ¿no? El árbitro nos re bombeó. Hubo oportunidades, pero no se lograron concretar. Orgulloso del equipo, son unos leones”. 

Franco, que llegó desde Salta y es hincha de Central Norte, asegura estar contento, y propone “que siga la buena energía, la buena vibra”. A pesar del resultado, el plan es salir a festejar al obelisco. 

La fiesta avanza. Sofía, de 23 años, está exultante de alegría y no abandona el maquillaje celeste y blanco que pinta su rostro. “Nunca en mi vida estuve tan agradecida por una selección. Perdemos o ganamos, vamos al obelisco con la gente a bancar a la selección que lo dio todo”. 

El triunfo frente a Inglaterra matiza el dolor


Hay un triunfo que no opaca la derrota sin atenuantes ante España por 1 a 0: “Le ganamos a Inglaterra. Somos campeones porque le ganamos a Inglaterra”. ¿Ese es el sentimiento? No es unánime. La gente también llora y completa el complejo paisaje de una ciudad que celebra a sus héroes, pero llora por la última batalla perdida. 

Tuvieron que pasar unos pocos minutos para que los vagones del subte se convirtieran en un verdadero jolgorio. A medida que avanzaban las estaciones, los hinchas se multiplicaban con la misma consigna: celebrar a la selección. Un hincha con la 10 de Messi lidera los cánticos, que van desde el último hit  “La Cuarta Estrella”, “Y ya lo ve, el que no salta, es un inglés” y el Himno Nacional Argentino. 

La familia dice presente en la avenida Corrientes. Mariana, de 39 años, y su pareja Matías, decidieron acercarse a celebrar con sus compatriotas al histórico monumento porteño para dejarle un potente mensaje a su hija de 6 años: “Lo importante es que los jugadores  llegaron a la final, que siguieron adelante, que compitieron. No importa perder.. Más allá de cómo juega, Messi es un grande por los valores que demuestra”.

Zaira, de 39 años, camina la Avenida Corrientes y, al mismo tiempo, expresa su descontento con el cuerpo arbitral de la final de la Copa del Mundo, liderada por Slavko Vinčić, que no amonestó a ningún futbolista español y le mostró una tarjeta amarilla difícil de justificar a Enzo Fernández, quien salió expulsado por doble amonestación en el segundo tiempo. 

Desde Parque Patricios llegaron a Montserrat el grupo de amigas integrado por Marianela, Ailen y Marisa. Refuerza la idea que justifica el festejo: “Nuestra final fue el miércoles. Le ganamos a Inglaterra, ya eramos campeones del mundo”.  

Andrés le hace cococho a Pía. Su amor por la selección lleva un cuarto de siglo. “Hace 25 años que sentimos orgullo por este equipo. Eso no te lo saca ninguna final perdida. Esto también construye la historia, la épica y la resiliencia”. 

9 de julio y Corrientes es un mar de gente. A veces, cuesta identificar si se trata de un profundo deseo de comunión, de liberación o de un sincero sentimiento hacia ese grupo de futbolistas devenidos en héroes.

Hay tres figuras cuya presencia, a esta hora, dan vueltas por este sector de la ciudad: el propio Messi, Diego Maradona y el Indio Solari, cuya música completa el encuentro. Las banderas muestran a los tres ídolos unidos, como parte de una misma narración de la que son sus protagonistas. 

“Desde que tengo memoria lo veo jugar. No fue el final que se merecía pero ganó una copa. Siempre hay que intentar hasta el final”, concluye Jair, de 20 años, que tiene el rostro cubierto por una foto de Messi. 

También dicen presente María y Carmela, de Florencio Varela. Admiten que el equipo superó sus expectativas: “Nunca pensamos que iban a llegar a la final”, la que España dominó de principio a fin, aunque se demoró 117 minutos en superar a la disminuida guardia pretoriana que sostuvo al equipo hasta el último suspiro del torneo. Brian, de 23 años, se resiste a pensar que haya nacido un nuevo rival para la Albiceleste. “España es un equipo más. Es indiferente. Hoy jugaron mejor, pero tuvimos muchos mejores rivales que ellos”. 

Y ahora, ¿cómo se hace para volver a la “vida normal”? “Con la selección en el corazón”, responde. Norma Navarro, de Don Torcuato.”Nos hicieron muy felices. Gracias a ellos, aprendimos que la pérdida no es vencida, que hay que seguir luchando”, completa Lola Gómez, de Capitán Sarmiento, que resume el sentimiento de quienes salieron en defensa de sus muchachos.


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