Empezaron en un galpón atrás de su casa y hoy es una empresa de bebidas líder en Río Negro
Hace 60 años, Carlos Alberto Pablo y Elida Paschetta iniciaron un proyecto que durante muchos años se llamó Soda Pablo. Hoy su hijo Carlos atesora en sus oficinas decenas de fotografías que dan cuenta de la extensa historia que tiene la empresa familiar y relata cómo llegaron a ser hoy Roca Refrescos, Distribuidora Pablo y Distribuidora Pampeana.
Las instalaciones donde trabaja Carlos Alberto Pablo, en General Roca, están repletas de fotografías que le recuerdan el legado que heredó de sus padres, quienes seis décadas atrás fundaron su empresa familiar. Desde temprana edad estuvo involucrado en el negocio, y a sus 17 años dejó sus estudios para darle una mano a su familia y llevar adelante lo que hoy son Roca Refrescos, Distribuidora Pablo y Distribuidora Pampeana.
Durante mucho tiempo, la empresa era mejor conocida como Soda Pablo. Sus padres Carlos Alberto Pablo y Elida Paschetta iniciaron el proyecto en 1965 para saldar una «deuda» familiar que tenían pendiente: «Mi familia materna había venido con una sodería en ese tiempo, pero había mucha guerra comercial entre los soderos, y la verdad desaparecieron» recordó Carlos hijo, en diálogo con Río Negro.
Su madre se vino desde La Pampa con su familia cuando era adolescente, mientras que Carlos padre era roquense, y laburaba de frutero. Cuando se vendió la chacra donde él vivía, se vinieron a la ciudad. En sus comienzos, su empresa se llamaba Soda Carlos A. Pablo, y era de pocos integrantes.
Mientras su mamá fabricaba la soda, su padre se encargaba de distribuirla, y contaban con algún empleado que «pudiera haber en ese momento». Él los ayudaba en los días que no tenía colegio. «Desde muy joven lo ayudé a mi papá porque había sufrido una enfermedad en ese tiempo, y yo ahí comencé a trabajar mientras podía», explicó.
«Fue todo a pulmón, con mucho sacrificio y siempre trabajando», exclamó con orgullo.
Mucho más que soda en el norte de la Patagonia
Más allá de su nombre inicial, no solo se dedicaban a la soda, ya que desde sus inicios habían comenzado a expandirse. Al año siguiente de fundar la empresa, en 1965, tomaron la distribución de cerveza Andes de Mendoza -que entonces era independiente, hoy está con Quilmes-, y así se comenzó a trabajar en la sodería.
“Con el tiempo pasó a llamarse Soda Pablo y se hizo la sociedad Soda Pablo S.R.L. -que fue una sociedad provisoria de 3 o 4 meses-, pero como era una empresa muy chica, la sociedad duró muy poco tiempo. Y seguimos funcionando como Soda Pablo SRL figurando mi papá, mi hermana y yo” contó.
Después tuvieron que dividir las tareas de la empresa en un contexto en el que dentro del país “los que tenían origen sodero, todos los que representaban o una gaseosa o una cerveza, se iban diferenciando” explicó.
Fue así como la tradicional producción de soda y agua de mesa quedó a cargo de Roca Refrescos, mientras que la distribución de todos losproductos de Quilmes, de Distribuidora Pablo. Más tarde se extendieron hasta Santa Rosa, en La Pampa, bajo el nombre Distribuidora Pampeana.
La empresa que en el presente cuenta con más de 140 trabajadores, distribuidos entre Río Negro y La Pampa, comenzó su proyecto en un galpón, atrás de la casa de la familia Pablo, en la calle Moreno entre Misiones y Santa Cruz. Años después se trasladaron a un salón enfrente, donde permanecieron hasta su ubicación actual en el barrio Parque Industrial.
Empresa de bebidas en Río Negro: «Todo el que trabaja debe tener un sueño»
Cuando Carlos tenía 17 años, su padre pidió ayuda a sus hijos para seguir el negocio. Como Estela, su hermana, no podía estar porque estudiaba abogacía en La Plata, él tomó la decisión de dejar sus estudios para darle una mano a su familia, y a partir de allí nunca paró.
A pesar de las circunstancias, no considera que haya dejado de formarse. «Aprendí todos los días en el negocio, porque estuve en la calle mucho tiempo trabajando, repartiendo, conociendo a mis clientes, y eso te da una enseñanza muy importante», remarcó.
Carlos Alberto Pablo -el padre- le dejó todo lo que pudo, incluido su nombre. Bajo el mando de Carlos hijo, la empresa continuó con su rumbo, aunqueno estuvo exenta de desafíos, tanto por la economía cambiante del país como por los distintos problemas personales que tuvo que atravesar su familia todos estos años.
«Dificultades pasamos muchas. Haber perdido dos hijos como perdí yo, y el fallecimiento de mi hermana que era mi socia joven también, nos ha pegado muy fuerte. Pero ahí es cuando vos tenés que tomar una decisión: o abrazás la herida, o salís adelante a trabajar y generar todos los días trabajo y objetivos para la gente. Y un sueño, porque todo el que trabaja tiene que tener un sueño«, planteó.
Muchos años después, Carlos pudo cumplir un objetivo que había dejado pendiente desde su adolescencia, y conoció la universidad por primera vez: “Quilmes me dio la posibilidad de conocer la facultad. Entonces fui a hacer un máster de gestión comercial a la Universidad de San Andrés, que al margen de lo que pude haber aprendido, está el haber cumplido un sueño”.
Hoy, el legado del proyecto que nació como Soda Pablo sigue vigente con su hija menor Malén y su sobrino Javier Federico Persi, quien hoy es su socio en las tres empresas. En una simple frase, Carlos resumió más de 60 años de trayectoria: “Somos una empresa de familia”.
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