Con el salario mínimo cerca de $400.000, el 20% de los empleados en blanco no cubre la canasta básica

Pese a la desaceleración de la inflación en alimentos, la falta de acuerdo paritario mantiene el piso de ingresos lejos de la canasta básca $1,5 millones en septiembre de 2026. El impacto de las tarifas sobre el presupuesto y las razones de un fenómeno que presiona a la clase media.

Por Redacción

Con el haber mínimo en torno a los $400.000, dos de cada diez trabajadores registrados no logran cubrir el costo de la canasta básica. (Foto: gentileza)

La economía argentina atraviesa un escenario de contrastes. Mientras los índices de precios reflejan una fuerte desaceleración en alimentos y bienes de consumo masivo, la pérdida de dinamismo en los ingresos formales, la falta de acuerdo paritario para actualizar el piso salarial y el aumento del endeudamiento en los hogares configuran un frente de creciente preocupación para el bolsillo.

Al respecto, el periodista especializado Pablo Wende analizó en Río Negro Radio la radiografía del consumo y advirtió sobre la brecha que divide a los sectores productivos: «Hay sectores que crecen mucho, como el energético o minero, pero los puestos de trabajo que generan por ahora no compensan la caída en ramas que sufren la reconversión y la competencia, especialmente la industria, el comercio y la construcción».

Salario mínimo estancado y el fenómeno de los «trabajadores pobres»


Uno de los puntos críticos de la agenda económica es la falta de entendimiento entre el Gobierno y las centrales sindicales en torno al salario mínimo, vital y móvil. Frente a la pretensión gremial de fijar una base cercana al millón de pesos, el Ejecutivo ratificó aumentos mensuales escalonados que mantienen el haber de referencia en niveles reducidos, apenas bordeando los $400.000, muy lejos de la canasta básica familiar fijada en $1,5 millones.

«Se dan los dos fenómenos al mismo tiempo: la persona tiene un empleo formal pero no llega a superar la línea de pobreza», puntualizó Wende en base a los últimos relevamientos oficiales de la Secretaría de Trabajo y el Ministerio de Capital Humano.

De acuerdo con esos datos, el porcentaje de empleados registrados bajo la línea de flotación experimentó un retroceso respecto a los picos de la última devaluación:

  • Evolución histórica: En 2017 la proporción de trabajadores formales pobres era del 19%, trepó al 28% en 2023 y escaló al 44,6% en el primer semestre de 2024, en coincidencia con el salto inflacionario inicial.
  • Registro actual: La medición del segundo trimestre de 2026 ubica el indicador en 20,6%, lo que implica que dos de cada diez asalariados registrados no logran cubrir la canasta básica.

Pese a esa baja estadística, Wende remarcó que la recomposición real sigue condicionada por la actividad interna: «Las empresas están con niveles de rentabilidad bajos en casi todos los rubros y no hay margen para subir sueldos; van a empezar a mejorar cuando la economía crezca en los sectores que generan volumen de empleo».

El dilema de los morosos: renegociación privada y rechazo al salvataje


El sobreendeudamiento es el otro foco de alarma que golpea tanto a los hogares como al sistema financiero. La acumulación de cuotas impagas en tarjetas y préstamos personales llevó a las entidades bancarias a diseñar planes de alivio que contemplan alargamiento de plazos, quitas parciales y reducción en el costo de financiamiento.

«El tema de los morosos es hoy el principal debate, pero estamos mirando con el espejo retrovisor porque este pico responde a créditos otorgados hace un año», explicó el economista. En paralelo, descartó de plano una asistencia directa con fondos públicos: «El Gobierno descartó totalmente un salvataje estatal. Poner plata del Estado para deudas de 100.000 o 500.000 pesos al único que salvaría es al banco que prestó mal, no al deudor».

Frente a iniciativas legislativas en debate y medidas de alivio tributario impulsadas por provincias como Río Negro, la Ciudad de Buenos Aires y Córdoba —que reducen alícuotas de Ingresos Brutos a entidades que refinancian pasivos—, Wende consideró prioritaria la propuesta de transparentar el costo crediticio: «Lo que hay que mostrarle a la gente de forma clara es cuánto va a pagar en total, tal como hace ARCA en sus planes. Si tomás un crédito de $500.000 para comprar una heladera y al cabo de un año pagaste $1.500.000, terminaste devolviendo el triple por las tasas del mercado. Eso es lo que el usuario tiene que saber de entrada antes de mirar solo el valor de la cuota».

Tarifas en alza y bienes en baja: la presión sobre la clase media


La distorsión entre precios relativos profundizó el cambio en los patrones de consumo. Mientras los bienes transables compiten con productos importados y registran una fuerte desaceleración —con alimentos proyectando un incremento cercano al 1,2% en agosto, e indumentaria y electrodomésticos con valores estables o a la baja—, el rubro de servicios no detiene su marcha.

Las subas constantes en electricidad, gas, transporte, medicina prepaga y educación privada absorben una proporción creciente del ingreso disponible. Al citar mediciones sociológicas recientes sobre la pirámide socioeconómica, Wende advirtió que el mayor impacto de esta dinámica recae sobre los sectores medios.

«Hoy una familia que reúne un ingreso de 3 millones de pesos califica como clase media-baja debido al encarecimiento del costo de vida y las tarifas», concluyó el analista, remarcando que la suba de los salarios medida en moneda extranjera resulta insuficiente cuando las facturas de servicios públicos y los gastos de mantenimiento hogareño continúan corriendo por encima de la pauta general de ingresos.

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