Amanita muscaria en la Patagonia: hay nuevas líneas de investigación sobre este hongo no comestible
El hongo, asociado a especies forestales introducidas, comenzó a registrarse también en ambientes nativos. Estudian posibles efectos en el suelo y la regeneración del bosque. Es normal verlos en otoño, el organismo permanece bajo tierra todo el año.
Cada otoño, en distintos puntos de la región, comienzan a aparecer unos llamativos hongos de sombrero rojizo. Se trata de la Amanita muscaria, una especie originaria del Hemisferio Norte cuya presencia en la región hoy es objeto de estudio por parte de investigadores.
El primer reporte de esta especie de hongo, nativo del Hemisferio Norte, se dio en 2006 en Bariloche, y y se expandió por la región. Hoy hay reportes de su propagación en el parque Lanín, Nahuel Huapi, Arrayanes, Lago Puelo y Los Alerces.
Amanita muscaria en la Patagonia: nuevos reportes gracias a ciencia ciudadana
Es normal verlas en otoño, aseguró Eugenia Salgado Salomón, investigadora del Conicet en el Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (Ciefap) con base en Esquel. «Sucede que ahora contamos con reportes que antes no teníamos, gracias a la ciencia ciudadana, por la cual la gente nos informa, nos manda fotos y nos consulta y, el posteo en las redes sociales», explicó.
La Amanita muscaria es una especie micorriza asociada a las raíces de los árboles. «Es benéfica dentro de los árboles y les permite desarrollarse correctamente y tener lo necesario para vivir. Sin embargo, es una especie asociada a los bosques del Hemisferio Norte«, especificó la docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

Destacó que el cuerpo del hongo está por debajo de la tierra, donde vive todo el año. Lo que se puede ver es «el sombrerito» una vez que fructifica, entre marzo y mayo. «En el otoño, el 80% de las especies fúngicas fructifican. No se ven en otro momento«, acotó la especialista en micología y ecología forestal.
Salgado Salomón advirtió que la Amanita muscaria «no puede vivir sin estar asociada a un árbol. Naturalmente, está asociada a robles europeos, cedros, pinos, abedules, castaños. Con la introducción de esas especies forestales a nuestra zona llegó la Amanita que se asoció a especies de Nothofagus«.
La primera detección de una Amanita muscaria en Bariloche
Los primeros reportes de Amanita en el país corresponden a Córdoba y provincia de Buenos Aires, siempre asociada a especies exóticas.
Recién en 2006 se la detectó en Bariloche, asociada a pinos. Hasta ese momento, no se conocían registros en Patagonia. Desde entonces, se empezó a reportar en plantaciones de pino y abedules también de la zona.
Entre 2015 y 2018, guardaparques contactaron a los investigadores del Ciefap alertándolos sobre la presencia de un hongo que «nunca habían visto en el bosque de coihues» dentro de los parques Los Alerces y Puelo. «En un primer momento, les dijimos que no podía ser, que debía haber un pino cerca. Insistían en que no había. Fuimos al lugar y efectivamente, estaba la Amanita. Rápidamente, se empezó a expandir«, comentó.
«Lo que identificamos fue que los sitios invadidos cambian y dejan de regenerarse. No aparecen nuevos plantines. Podría ser que la Amanita modifica el suelo«, subrayó Salgado Salomón.
Las hipóstesis de investigación en torno a la Amanita muscaria
Una de las hipótesis de los investigadores es que su presencia altera a otros hongos. Esto mismo ha ocurrido con otras especies invasoras. «Hay un concepto que se llama ‘maladaptación’ y se toma cuando una especie se mete a un ecosistema que no es propio. En este caso, todo el sistema tiene una adaptación equivocada y se empiezan a generar cambios que, para las especies, son negativos. Sospechamos que está ocurriendo ese proceso, pero hay que demostrarlo«, manifestó.
Otra hipótesis fue que la gente y los animales ayudaron a propagar la Amanita ya que los sitios donde se la encontró fueron de tránsito habitual (al lado de un camino, en una zona turística, en una senda de paseo).
«Como la gente nos va contando lo que ve, hacemos tres recomendaciones. Si vemos una amanita es preciosa, pero se le saca fotos y se avisa al guardaparque, sin trasladarla. Conviene limpiarse los zapatos con un cepillo y alcohol. De esa forma, se evita llevar las esporas a otro lugar y continuar dispersándola», recomendó la especialista.
También sugirió tener cuidado con mascotas, como perros y gatos. «Hay reportes que dan cuenta de la modificación de la conducta de animales salvajes, como el pudú, zorros y aves nativas. El pudú se volvió más vulnerable, el zorro se sobreexitó y las aves se lastimaban», describió.
En el Hemisferio Norte, los animales de gran porte se comen las amanitas muscaria. Si bien les modifica el comportamiento, están adaptados. «Nuestros animales, en cambio», acotó, «son pequeños y hay problemas. Los perros y gatos se las comen porque les atrae el olor, pero puede producir daño hemolítico y llegar a ser mortal«.
Una red de trabajo: saber qué hacer y qué no
La Amanita muscaria no es comestible, es tóxica. Un hongo tóxico es aquel que contiene sustancias que pueden causar daño al organismo humano al ser ingerido. Por eso los especialistas aseguran que si simplemente se toca, no hay peligro, pero no se debe comer. «El primer síntoma es la diarrea, la intoxicación severa y la deshidratación. Hay reportes de fallos hepáticos y cardíacos. La precaución es no consumirla y evitar cualquier contacto«, dijo.
Su erradicación es compleja ya que la especie crece asociada a las raíces. Los especialistas trabajan con personal del parque Lago Puelo para controlarla y evitar que se siga expandiendo.
«Logramos contener los parches, los lugares donde fructifican. Es un trabajo cuerpo a cuerpo. Y la ciencia ciudadana nos ayuda a seguir muestreando y evaluando. Si la gente se educa, sabe qué hacer y qué no hacer. Se construye una red de trabajo«, señaló.
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