Messi, el superhéroe nacional no se detiene: doblete, récord histórico y otro día inolvidable con la Selección Argentina
Con un doblete ante Austria, Lionel Messi se convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales y fue la gran figura de la victoria de Argentina. A un día de cumplir 39 años, el capitán volvió a demostrar por qué sigue siendo determinante en la búsqueda del bicampeonato.
¿Quién sería capaz de superar lo que ya había hecho Lionel Messi en el debut del Mundial contra Argelia? ¿Qué tan alto sería el listón que él mismo elevó, cuando se presentó en su sexta Copa del Mundo anotando tres goles para la Selección?
Parece un cuento de otra galaxia, pero no. Es el mismo héroe, la misma historia, el mismo desenlace. Y para bien de toda la patria albiceleste de la pelota, el muchacho de esta película sin final es argentino.
Inconmensurable, liberado e imposible de ser medido, el súper héroe sin tiempo que lucha contra rivales que nacieron cuando él ya deslumbraba al mundo, sigue desparramando inmortalidad futbolera.

A apenas un día de plantar 39 velitas en su torta de cumpleaños, el capitán argentino que ha ganado todo, aún tiene deseos para pedir. Sino, no se entiende de dónde saca la fortaleza, el espíritu de lucha y por su supuesto la calidad, para mantener bien arriba a la Selección y su ansia de bicampeón.
El de ayer ante Austria fue otro escenario mucho más complejo, diferente al de Argelia, más allá de que Messi haya marcado dos goles y no tres como lo hizo ante los africanos.
Fue una puesta inusual para la Argentina, un equipo acostumbrado a tener el control casi absoluto del abanico territorial: balón, posesión y pulso del partido. Austria decidió presentar un juego sin complejos ni temores, en una postura que se potenció cuando Messi confirmó que es humano al errar un penal a los 6’, tras una clara falta que le hicieron a Lautaro Martínez que los árbitros insólitamente tardaron una eternidad en validar.
El paso en falso del capitán desorientó a la tropa, que de repente se encontró corriendo detrás de la pelota y asumiendo papeles dentro del campo dónde no se siente cómodo. Funciones poco usuales para el trío de volantes conformado por Enzo, De Paul y Mac Allister, que veían cómo sostener la pelota era una misión cada vez más complicada. La presión de los hombres de rojo sin embargo, no alcanzó para lastimar al Dibu Martínez. No hubo una situación de riesgo real frente al arco argentino hasta el final del encuentro, cuando un doble cabezazo en el área se fue apenas afuera.
Pero el campeón del mundo tiene otros atributos, y lo tiene a Messi, siempre capaz de desanudar cualquier embrollo que pueda presentar el rival . Argentina sabe cómo y a qué jugar cuando sufre. Entiende que es parte de las posibilidades y la madurez que ha desarrollado como equipo, ayuda a disimularlo. Y eso no tiene que ver necesariamente con sus guerreros de mil batallas, sino también con novatos como Facundo Medina, que en el primer gol de Messi tiró un centro atrás mortal para la defensa contraria.
A pesar del dominio aparente en la primera mitad, Austria carece de esa riqueza individual como la que mostró Thiago Almada, que con el solo gesto técnico de abrir las piernas ante el centro de Medina, dejó a toda la defensa rival a contramano en el primer gol del capitán argentino.
A la Argentina la hace diferente Messi y los campeones del mundo. El rival de ayer pudo haber tenido la sensación de que hasta dominó al equipo de Scaloni, pero lo que le falta a Austria es nada más y nada menos que jerarquía.
Lo que vino después del entretiempo fue más de lo mismo, pero con la sensación de que a Austria el arco del Dibu le quedaba demasiado lejos. El partido para nuestra selección no fue fácil ni mucho menos y seguramente le servirá a Scaloni para reafirmar conceptos: a la Selección le quitaron la pelota, lo sacaron de su zona de confort, pero aún así lo pudo sacar a flote. Está claro que en gran parte fue por la inmensidad de Messi, que sobre el final le sirvió el gol a Julián Álvarez, aunque él mismo tuvo que corregir el destino del segundo tanto a pura insistencia y coraje.
A 40 años del gol más icónico de la historia de los mundiales, Messi, con Maradona como testigo celestial, se convierte en el máximo anotador de la Copa del Mundo con 18 gritos. Como si faltaran estadísticas para reafirmar que es el mejor de todos los tiempos, una vez más y hasta la eternidad, la película empieza y termina con Messi.
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