A 10 días del Día del Niño: la verdulera de Roca que busca sumar los últimos 200 juguetes para Alta Barda

Diana lleva juntados 300 juguetes y busca sumar 200 más para repartir en la fiesta del Día del Niño en Alta Barda, el domingo 16 de agosto. Detrás de la colecta hay una historia de superación que empezó cuando llegó a Roca sola con sus cinco hijos.

"Con los chicos del merendero somos familia", dice Diana. Foto: gentileza.

Diana Muñoz (49), es verdulera, mamá de ocho hijos y por su propia historia de vida siempre tuvo el impulso de ayudar a niños y madres solteras que más lo necesitaban. Actualmente, lleva adelante una campaña solidaria para que ningún chico se quede sin su regalo del Día del Niño.

Ya consiguió 300 juguetes de los 500 que espera juntar para repartir en el festejo de Alta Barda. «Ayer terminamos de embolsar, de empapelar, y llegamos a los 300, así que faltan 200 nada más», contó en diálogo con Diario RÍO NEGRO.

La celebración se realizará el domingo 16 de agosto a las 16, en el barrio Alta Barda, entre Félix Heredia y Evita. Los interesados en donar juguetes o alimentos tienen plazo hasta el 15 de agosto y pueden acercarlos a la verdulería ubicada en Mitre y Damas Patricias. «Ahí pueden acercar el juguete para ser partícipe de esta fiesta», explicó Diana.

La jornada incluirá una merienda con chocolatada caliente, galletitas, tortas fritas y bizcochuelos, además de una carrera de bolsas y un juego en el que participarán los padres. También está previsto un espectáculo con globos a cargo de un artista de Neuquén y la entrega de los juguetes.

Diana detalló que con el correr del tiempo, la convocatoria se fue ampliando. «Al principio eran muchísimos nenes de Picapiedra -el grupo que ella misma fundó-, así que no nos queríamos ir a otros lugares que no sea Barrio Nuevo. Pero después de pandemia los nenes crecieron, son grandes, entonces hace tres años que vengo haciendo fiestas en otros lugares», relató. El año pasado se realizó en Alta Barda y se llevaron 400 juguetes y este año el objetivo es superar esa cifra.

Una historia de superación: de Bariloche a Roca, sola y embarazada


Detrás de esta convocatoria, hay una historia que arrancó hace años, cuando se fue de Bariloche y se separó estando embarazada de su quinto hijo. En Roca, con cuatro hijos chicos y sin trabajo descubrió que ayudar a otras familias también era una forma de salir adelante.

Diana es de Bariloche y llegó a Roca junto a su entonces pareja «por una expectativa tanto laboral como a nivel familia», en busca de un cambio. Poco después se separó. «Al mes me había dado cuenta que me quedé embarazada», recordó sobre el inicio de una etapa que describió como «complicada».

«Costaba conseguir trabajo, me acuerdo que mis nenes iban al trueque, y bueno, nos las rebuscábamos, porque es difícil salir sola, más cuando hay menores«, recordó. Fue en ese contexto que empezó a repartir ropa y calzado entre otras familias del barrio. «Salí a repartir, y ahí me hice de varias amistades chiquititas, que son los niños«, contó.

Con el tiempo consiguió trabajo en una panadería y después puso una verdulería en Villegas y avenida Roca, que le dio independencia económica. Hoy tiene ocho hijos y una nueva pareja, y sigue sosteniendo la ayuda a otras familias.

Diana atribuye ese impulso solidario a su abuela, ya fallecida, y a la vecina que la ayudó cuando llegó a Roca: «Siempre me enseñó estas cosas de ser solidario y de ponerme en el lugar del otro (…) Y también cuando yo vine a Roca, en el lugar que yo alquilaba, estaba la abuela Rosa, que fue como una abuela sustituta para mis hijos, y ella también me ayudó muchísimo».

«A mí lo que me mueve son los nenes, y si son mamás solas, me muevo más todavía por esto mismo, por la vivencia que tuve y porque sé que cuesta», resumió sobre lo que la llevó a trabajar, sobre todo, con madres que están criando solas.

Acerca del merendero «Los Picapiedras»


Anteriormente, Diana contaba con un espacio físico donde tenía el merendero «Los Picapiedras», un lugar donde gracias a la ayuda de vecinos y colaboradores, podían asistir a más de 70 familias. Pero, según mencionó, durante los últimos años, cada vez menos personas pudieron continuar ayudando con dinero y comida, por lo que decidieron cerrar el lugar.

El nombre Los Picapiedra surgió, según contó Diana, «como un nombre de familia» y por su gusto personal por el dibujo animado. En los inicios, el grupo funcionaba como merendero, una definición que Diana eligió de manera deliberada: «estaba muy mal visto lo que es merendero y comedores, en el sentido de que a veces lucran, y daba un poco de miedo poner ese nombre. Pero siempre fui transparente y siempre con la verdad, y los colaboradores me siguen gracias a eso, porque si yo digo que es urgente es porque realmente lo es».

A lo largo de los años, conoció diferentes realidades de las familias del barrio. «Mamás sin trabajo, con baja autoestima, con miedos, y también con nenes con poca confianza en sí mismo. Y yo trataba de decirles que siempre se va a poder y que estaba yo para ayudarles. Uno habla y habla y algo les queda a los chicos y uno piensa que por ahí no les sirve, pero les ayuda un montón».

Uno de sus anhelos es poder volver a tener un espacio donde trabajar con familias y niños.

Además de las meriendas y la colecta de juguetes, Diana organiza los cumpleaños y las fiestas de 15 de varios de los chicos del grupo, para quienes gestiona vestido, peinado, maquillaje y las fotos, con aportes de sus colaboradores para la música o la decoración.

Todo lo sostiene, según explicó, sin recibir ayuda institucional: «Acá estoy a pulmón nada más y con mis colaboradores fieles, que si en el momento pueden, se realiza».

Muchos de los chicos que empezaron yendo al merendero cuando eran pequeños ya son mayores de edad y varios consiguieron trabajo, mientras que otros todavía lo buscan. «Está complicado conseguir laburo».

Los vínculos que generó con esos chicos que hoy son adultos siguen vigentes, y según comenta, al reencontrarse con ellos es como si el tiempo no hubiese pasado: «es re lindo rencontrarse, porque somos familia. Es como si nos hubiésemos visto ayer, no hay mucha diferencia».

«Siempre se puede», repite Diana como una consigna que aplica tanto a los chicos del merendero como a las madres emprendedoras a las que acompaña, y es con esa misma convicción que encara la meta de juntar 200 juguetes en 10 días.


Comentarios

Exit mobile version