Del barrio a la pantalla: el proyecto de cine que nació en la Casita de Nehuén

El espacio comunitario que reúne a más de un centenar de jóvenes del barrio Guido cumple dos décadas. Entre talleres, cine y acompañamiento, el lugar se convirtió en un punto de encuentro para adolescentes de Viedma que buscan construir proyectos propios.

Crhistian Andraca, coordinador de la Casita de Nehuen, junto a Romina Polizzi, la tallerista a cargo del grupo audiovisual. Foto: Marcelo Ochoa

La Casita de Nehuén cumple 20 años de historia en el barrio Guido de Viedma. El dispositivo no solo ofrece talleres deportivos, culturales y educativos gratuitos, sino un espacio comunitario de escucha que acompaña a jóvenes en sus proyectos desde hace dos décadas.

Desde allí, un grupo de adolescentes emprendió su proyecto de cine comunitario, llegando a festivales, obteniendo premios y comenzando a construir su futuro académico, profesional y social.


La casita de los chicos


Foto histórica del taller de música brindado en el dispositivo, presentada durante los festejos por los 20 años de gestión. Foto: gentileza

La primera vez que Montserrat Fuentealba entró a La Casita de Nehuén tenía unos 15 años y hacía poco se había mudado al barrio Guido. Había escuchado a otros chicos decir «vamos a La Casita» y decidió acercarse con unos amigos, sin saber que ese espacio eventualmente marcaría el rumbo de su vida.

«En un principio no sabíamos escribir guiones ni filmar, fuimos aprendiendo junto a los chicos», señaló Romina Polizzi, psicóloga social y referente del taller que originalmente se orientaba a otras actividades y fue mutando hasta convertirse en un espacio de cine comunitario.


El cine como una forma de decir


«Construir cine en comunidad tiene que ver con contar las propias historias que los pibes y pibas tengan ganas de contar y de compartir», explica Polizzi, quien relató cómo las producciones de los jóvenes utilizan el humor para reflejar las problemáticas y facetas que atraviesan.

Uno de los primeros cortometrajes fue «Agua zombie», una comedia acerca de los cortes de agua y problemas sanitarios con las cloacas del barrio que se convirtió en el puntapié inicial de múltiples premiaciones y la posterior afiliación a la Red Argentina de Cine Comunitario.

Algunos de los premios obtenidos en el festival internacional de cine para adolescentes, «Cine a la Vista», junto a pósteres con las producciones realizadas. Foto: Marcelo Ochoa

Después llegaron otros trabajos, como «Abasto», que obtuvo el primer premio en el festival internacional de Cine a la Vista, «El duelo de la nada», que ganó el segundo, y viajes a festivales de Bariloche, Córdoba y Chapadmalal.

Durante el último encuentro, seis adolescentes de La Casita también participaron como jurados en una de las ediciones del festival, que reunió a más de 200 jóvenes de Argentina, Chile y Uruguay.

«Volvimos emocionadísimos de esa experiencia, incluso con ganas de replicar algo así en la zona», recuerda Polizzi.

No se trata de una actividad que empieza y termina después de unos meses; nosotros los vimos crecer»

Romina Polizzi, psicóloga social y tallerista en la Casita de Nehuén
Los seis jóvenes que participaron como jurados en el festival internacional de cine, junto a sus talleristas. Foto: gentileza

«Estoy convencidísima de que muchos pibes y pibas no serían lo mismo sin La Casita de Nehuén en su barrio»


El acompañamiento va más allá de los talleres; el equipo también ayuda a los adolescentes a terminar la escuela, orientarlos a nuevas propuestas académicas y atravesar dificultades familiares.

«El grupo ahora tiene entre 15 y 19, y hace poco empezaron un corto justamente sobre elecciones de vida y las dudas que van surgiendo», señaló la tallerista en relación a los jóvenes que atraviesan etapas decisivas para su futuro.

Tal fue el caso de Monserrat, quien reconoce que su elección de carrera estuvo muy vinculada con las experiencias vividas en La Casita y su participación en programas de radio y streaming como «La voz sin azúcar» y «Nuestras voces».

«Cuando nos empezaron a enseñar todas las cosas más técnicas, yo dije: Quiero estudiar esto», cuenta la joven, que ahora se encuentra cursando dos carreras universitarias vinculadas a Periodismo Deportivo y Comunicación Social en la UNRN, junto a otros miembros del taller.


Una casa para quedarse


El ámbito audiovisual no es la única propuesta de La Casita. El espacio ofrece actividades deportivas, culturales y educativas que van rotando de acuerdo a las necesidades y recursos.

Además de talleres, se ofrecen actividades deportivas que van rotando, como gimnasia, boxeo y futbol.

Crhistian Andraca, coordinador del lugar y exprofesor de educación física, explica que muchas veces la actividad funciona como una puerta de entrada para trabajar otras situaciones.

«La actividad en sí vendría a ser un pretexto, una excusa como para que vengan los chicos y ahí poder hablar, tomar unos mates y trabajar otras cuestiones», señala.


Nehúen: el espíritu del barrio


El lugar nació con otros nombres y objetivos. Antes de convertirse en La Casita de Nehuén, funcionó como un espacio de promoción familiar que repartía alimentos y módulos. Con el tiempo, el trabajo se fue orientando hacia las actividades comunitarias y la guía de los más pequeños.

Hicimos un concurso para elegir el nombre y quedó Nehúen, que en mapuche significa espíritu y fuerza»

Crhistian Andraca, coordinador de la Casita de Nehuén

El espacio también atravesó momentos difíciles. Durante este año, sus integrantes llegaron a temer por la continuidad de la institución que estaba por alcanzar las dos décadas de trayectoria; fue entonces cuando pasó a depender del Ministerio de Desarrollo Humano de Río Negro, asegurando su continuidad.


El dispositivo originalmente nació como un espacio que ofrecía alimentos y merienda para la comunidad. Foto: gentileza

Para Andraca, ese cambio marcó un antes y un después. «Fue el peor momento, porque fue una semana muy dura que nos querían sacar, querían cerrar el espacio», recuerda. Pero también destaca que después encontraron acompañamiento y respuestas de las nuevas autoridades.

Actualmente, el equipo está integrado por 12 personas, entre operadores, talleristas y profesionales. Hay unos 134 chicos registrados en los talleres y la mayoría vive en los barrios Guido e Inalauquen, aunque también llegan jóvenes de otros sectores de Viedma.


«Me gustaría que en todos los barrios posibles haya un espacio como La Casita»


Montserrat, que llegó casi por casualidad, ahora busca retribuir parte de lo que recibió con un taller de cine y teatro orientado a niñas y niños que asisten al espacio y todavía no cuentan con una actividad propia.

Los doce miembros que conforman el staff de la Casita de Nehuén, incluyendo a su coordinador, operadores y talleristas. Foto: gentileza

«Los referentes son personas de un corazón enorme. Me dieron demasiadas experiencias y solamente quiero agradecer», manifestó la joven acerca del espacio que la vio crecer.


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