Curaron en SAO a un cóndor que pertenece al programa de conservación de la especie

Fue el domingo, y ya regresó a Sierra Pailemán, donde tienen su base los conservacionistas, y seguirá recuperándose. Lo asistió la veterinaria María Eugenia Picerno, que siempre colabora con la iniciativa. El proyecto, que arrancó en 2013, ya liberó a muchas de estas aves, criadas en cautiverio, y rescató a otras tantas





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Fue sólo una emergencia. Pero que demostró que el programa que hace años funciona para lograr el retorno del cóndor al mar está más que aceitado. Es que el macho de una pareja de la especie sufrió unas heridas en sus patas producto de una pelea con su compañera. Y, rápidamente, los coordinadores lo trasladaron para que recibiera asistencia. Hoy ya está de regreso en Sierra Pailemán, el paraje ubicado a escasa distancia de San Antonio, donde funciona la base de operaciones que los expertos usan para controlar la actividad de las aves.

El percance lo sufrió Quillén, un cóndor que llegó desde San Luís con la pata rota por un escopetazo. Como la herida fue muy grave ahora sólo puede sobrevivir en cautiverio. Su compañera es Konka, una hembrita que, por su historial, tampoco podría manejarse en la naturaleza.

“Ellos forman una pareja que sirve de ‘anclaje’. Están en una gran jaula y, cuando llevamos a los pichones criados en cautiverio que luego liberaremos, les aportan confianza, y son como un imán para otros de su especie que, todavía, están aprendiendo a volar” contó Luis Jácome, el coordinador del proyecto “El Retorno del Cóndor al Mar”, auspiciado por el Zoológico de Buenos Aires y la Fundación Bioandina Argentina.

La herida de Quillén fue controlada por la médica veterinaria María Eugenia Picerno y por su colega Belén Aciar, que siempre están dispuestas a colaborar. Claro que, para evitar nuevas lesiones, desde el programa de conservación deberán tomar otras medidas. Es que Konka pretende que su pareja sea tan activa como ella, por eso lo ataca. La solución será conseguirle un compañero más joven que le traerán desde Buenos Aires. Esto permitirá, incluso, que la futura pareja pueda reproducirse, dando lugar a nuevos pichoncitos, que nacerían en un hábitat natural. Mientras, Quillén seguiría supervisando los vuelos, pero alejado de los requerimientos de esa hembrita a la que ahora acompaña y a la que, por su deteriorada condición, no puede satisfacer.

“Debido a este episodio se activó la posibilidad de contar con una nueva pareja reproductiva” se entusiasmó Jácome.

Cabe recordar que en Sierra Pailemán está ubicada la base de operaciones de los voluntarios del programa, que durante todo el año supervisan a la especie. Es que antes de que cobren valor y vuelen libres ellos se ocupan, sin ser vistos, de aprovisionarlos de comida y de agua, para que sea más fácil esa transición. Allí también está la plataforma, ubicada a gran altura, desde la cual los cóndores son impulsados para que levanten vuelo, una vez que culmina su fase de adaptación.

“El programa se inició en 2003, y ya llevamos muchas aves rescatadas. Algunas, la gran mayoría, nacen en cautiverio. Luego pasan una época en el Zoo, donde son alimentadas con títeres, para que no se acostumbren al trato con humanos, y después las traemos aquí para liberarlas. Hoy podemos decir, con orgullo, que, gracias a esta tarea, el vuelo de los cóndores volvió a formar parte de nuestros cielos” cerró Jácome, emocionado.

La liberación de este año, en duda por la pandemia

Sierra Pailemán

La liberación de los ejemplares de cóndor andino que los expertos del programa que depende del Zoo de Buenos Aires crían en cautiverio, este año se verá afectada por la pandemia de coronavirus.

“Será imposible hacer la ceremonia multitudinaria que organizamos siempre, porque los protocolos sanitarios lo impiden” expresó Luis Jácome, el coordinador del proyecto, que también auspicia la Fundación Bioandina Argentina.

“Tenemos tres aves para liberar, pero supongo que esperaremos. Podemos coordinar una suelta sin público, entre los miembros del programa. Pero la idea es que se pueda reorganizar para cuando podamos hacer la ceremonia habitual, de la que participan vecinos, alumnos de escuelas de la zona y la comunidad mapuche” afirmó Luis.


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