La oportunidad histórica que brinda Vaca Muerta ¿Cuáles son los tres escenarios de las exportaciones para 2035?
Un informe reciente destaca el potencial exportador de Argentina de cara al futuro. Señala el giro positivo en la balanza comercial energética en los últimos años, aunque advierte que se requiere un aumento en las inversiones para aprovechar los recursos hidrocarburíferos.
El país tiene actualmente una «oportunidad histórica» para posicionarse como país exportador de petróleo y gas a nivel global, impulsado principalmente por Vaca Muerta, y tras una década de déficit en la balanza energética, la producción de hidrocarburos aumenta progresivamente. En este marco, tres escenarios se pueden proyectar a futuro.
Así indica un nuevo informe respecto al panorama actual de la industria, con el foco puesto en la potencialidad del sector de cara a los próximos años. La publicación fue presentada por el presidente de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), Carlos Ormachea, y el CEO de la Consultora Economía y Energía, Nicolás Arceo, mediante un encuentro virtual organizado por el Mercado Electrónico de Gas SA (MEGSA).
Frente los próximos años, los analistas destacaron la «potencialidad» del sector hidrocarburífero de cara a las exportaciones.
«Argentina está en una situación histórica única por primera vez: sólo considerando los recursos de Vaca Muerta, tiene recursos para abastecer la demanda de petróleo por más de un siglo y dos siglos en el caso del gas natural. Esto lo que permite es garantizar el abastecimiento de la demanda local y a la vez conformar una plataforma de exportación a gran escala», explicó Nicolás Arceo.
Sin embargo, advirtió que aprovechar el gas y petróleo que provee el territorio nacional requiere un incremento importante de las inversiones en el sector. A su vez, dijo que es importante sostener los precios locales alineados con los del mercado internacional, así como un régimen regulatorio que potencie los niveles de inversión.
En ese sentido, añadió que la «ventana de oportunidad» para aprovechar los recursos hidrocarburíferos es «relativamente acotada en términos históricos», más allá de la velocidad en que se desarrolla el proceso de transición energética a escala global. «Seguramente, a lo largo del presente siglo, lo que va a haber es una disminución en la demanda de combustibles fósiles», aseguró.
Tres escenarios de proyección para 2035
En este contexto actual, los analistas presentaron tres escenarios de proyección hasta 2035: moderado, expansivo y acelerado.
Para el escenario moderado se estima una tasa de aumento en la producción de crudo del 5% anual acumulativo, mientras la producción de gas natural se expande por el crecimiento de las exportaciones. Para 2035, se llegaría a una producción diaria de 1.204 millones de barriles de crudo y 218 millones de metros cúbicos de gas natural, con una balanza comercial energética que rondaría los 18.535 millones dólares de superávit.
En el escenario expansivo, esa capacidad de crudo crece al 11% anual acumulativo, y la producción de gas natural también se expande, impulsado por la instalación de casi 24 millones de metros cúbicos de capacidad de licuefacción. Se estimaría un superávit de 37.678 millones de dólares, y la producción de 1.688 millones de barriles de crudo y 301 millones de metros cúbicos de gas natural diarios.
Por último, el escenario acelerado supone que se alcanzaría el pico de nivel de producción de crudo del escenario expansivo (1.676 millones de barriles diarios) cinco años antes, para 2030. Lo mismo ocurre con el gas natural (302 millones de metros cubico diarios), aunque requiriendo menos pozos ante el crecimiento del gas asociado. El superávit a largo plazo sería de 37.271 millones de dólares.
Recuperación de la producción de petróleo y gas
Antes de proyectar a futuro, los especialistas resumieron la trayectoria de la actividad hidrocarburífera en las últimas décadas, donde hubo una importante caída productiva entre finales de los 90 y los 2000, hasta su recuperación en los últimos años.
La producción de petróleo alcanzó -lo que era en su momento- su pico histórico de producción en 1998 (850.000 barriles), y a partir de ahí tuvo una caída progresiva cuyo punto más bajo fue 2017 (500.000 barriles). Esa caída se basó en dos factores: en primer lugar, al fuerte desacople que tuvo el precio del crudo en el mercado local respecto al mercado internacional, sobre todo a lo largo de la primera década de este siglo; en segundo lugar, al agotamiento que empezó a mostrar la actividad convencional.
Su recuperación para finales de la década pasada fue impulsada principalmente por el desarrollo de la actividad no convencional en Vaca Muerta, lo que llevo al sector a superar la marca de 1998 el año pasado, tras alcanzar la cifra de los 859.000 barriles diarios. De hecho, hoy la producción sigue creciendo: en abril, se llegó a los 891.704 barriles por día.
El gas natural, por su parte, tuvo una trayectoria similar, ya que alcanzó su pico de producción en 2003, para derivar en una caída prolongada a través de los años, a causa de la contracción de su precio en el mercado local tras el colapso del régimen de convertibilidad.
En este caso, la reversión del declino de su producción se logró en 2013 mediante el Plan Gas, que permitió recuperar el precio percibido por los productores de gas natural en el mercado local y con eso incentivar los niveles de inversión. Junto con el posterior desarrollo de infraestructura en Vaca Muerta, en julio de 2025 se alcanzó el récord de 161 millones de metros cúbicos de gas natural por día.
«Sin política de precios clara no hay inversión. Esta es una lección que creo que hemos aprendido todos«, resumió Ormachea al respecto. «Cuando estas cosas cambiaron, sea porque se pusieron incentivos en el caso del gas aun siendo un mercado bien regulado, o en el petróleo cuando claramente los precios se empezaron a alinear con los del mundo, eso permitió que se desarrollaran básicamente los recursos nuevos», añadió.
Del déficit al superávit: el cambio en la balanza comercial energética
Un resumen similar se puede hacer de la balanza comercial energética en los últimos años, cuyo déficit se ha extendido durante poco más de una década (con excepciones en 2019 y 2020). Esto obedeció a dos factores: la ya mencionada disminución de la producción de crudo y un aumento significativo en las importaciones de gas natural, gas natural licuado (GNL) y combustibles líquidos.
Comenzó en 2011 y tuvo su punto más bajo en 2013, cuando se registró un déficit de 6.902 millones de dólares. Aunque el mismo fue disminuyendo con los años, tuvo una recaída en 2022 de 4.359 millones, impulsada por la guerra entre Rusia y Ucrania, según indicaron los analistas.
En 2024 regresó el superávit con 5.740 millones de dólares después de que Argentina se convirtiera en exportador neto de energía. El crecimiento se trasladó a 2025, cuando se alcanzó la cifra de 7.829 millones.
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