Propiedad privada: el “combo” de errores políticos que llevó al Gobierno a un duro revés en el Congreso
El proyecto que aprobó el Senado perdió tres capítulos en el camino y quedó diezmado. Las claves de la derrota de la Libertad Avanza y la necesidad de recalibrar la estrategia para futuros debates.
Una combinación de errores políticos llevó al gobierno de Javier Milei a uno de sus fracasos más atronadores en el Congreso. Objetivos ambiciosos que no se condicen con la realidad de los votos, el descuido de los aliados, la oportunidad del debate en pleno fervor nacionalista y una defensa deficiente ante la opinión pública estrellaron contra la pared el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada.
La iniciativa del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, salió aprobada con lo justo (37 votos positivos) y sin los capítulos de extranjerización de tierras, Manejo del Fuego y Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP), que fueron retirados por el oficialismo ante la falta de apoyos. Lo único que quedó en pie fueron los cambios en desalojos, expropiaciones y Registro de Propiedad del Inmueble.
El Gobierno perdió la “batalla cultural” que se empeña en ganar. “Si Tini, Lali y Emilia Mernes nos convocan a una marcha, eso quiere decir que ya perdimos”, se lamentó en privado un libertario. La consigna de “la Patria no se vende” se impuso en la opinión pública y casi ocho de cada diez argentinos se manifestaron a favor de restringir la venta de tierras a extranjeros, según una encuesta de Zuban Córdoba.
En la recta final hacia la sesión, el cordobés Luis Juez le advirtió a Patricia Bullrich, resignado, que el relato estaba perdido. La jefa del bloque oficialista le transmitió a Milei que las cosas no estaban bien. Sus últimos esfuerzos discursivos no alcanzaron y todo terminó con un “sincericidio” del canciller Pablo Quirno al admitir en una entrevista que con la reforma “se podía” vender un pueblo o una provincia entera.
El momento del debate también fue un error de cálculo. Las negociaciones venían trabadas desde hacía meses porque el escándalo de Manuel Adorni dominaba la agenda. Cuando el jefe de Gabinete renunció y Bullrich reflotó el proyecto, una bandera de Malvinas en la semifinal contra Inglaterra generó un efecto simbólico que fue prácticamente letal.
En la praxis política, volvió a notarse la distancia entre lo ideal y lo posible. La magnitud de las reformas que promueve la Casa Rosada no guarda relación con su realidad parlamentaria. En el Senado, La Libertad Avanza tiene 21 integrantes y necesita 37 voluntades para abrir una votación. Al proponerse un objetivo tan ambicioso, el resultado final de la ley de propiedad privada no puede dejar otra cosa que un sabor amargo.
Sturzenegger es uno de los funcionarios de mayor cercanía y confianza con el presidente, quien toma sus ideas y las envía al Congreso sin certezas de que pasen el filtro de la política. El ministro es, además, muy adepto a las “leyes ómnibus”, que contienen numerosos temas inconexos entre sí y complejizan la negociaciones que después quedan a cargo de Bullrich o de Martín Menem. Los dialoguistas se hartaron de ese formato.
No es un dato menor: el fracaso con propiedad privada hizo que en el Gobierno reconsideren enviar al Congreso otro “megaproyecto” desregulador que tenía en carpeta Sturzenegger para liberar la actividad de farmacias, inmobiliarias, corretaje, navegación, agroindustria y librería, entre otros sectores.
Además del tamaño del texto de propiedad privada, las idas y vueltas con una redacción que llegó a tener 17 versiones diferentes fastidiaron a los aliados. Los senadores llegaron al recinto sin certezas de lo que iban a votar. El “manoseo” fue el principal argumento que esgrimieron senadoras como la cordobesa Alejandra Vigo (PJ) y la salteña Flavia Royón para no acompañar la votación, ni siquiera en general.
La Libertad Avanza descuidó a sus aliados y lo puede pagar caro de cara a las reformas que quedan por aprobar, como la electoral. El ejemplo más claro fue el enojo que detonó el discurso nocturno del senador libertario Joaquín Benegas Lynch, quien, ofuscado por la caída del capítulo de Tierras, se refirió a los dialoguistas como “los tibios del medio”.
Esas palabras motivaron que dos senadores santacruceños que pueden torcer la balanza, José Carambia y Natalia Gadano, abandonaran el chat de WhatsApp del “grupo de los 44”, como bautizó Bullrich en un principio al conglomerado de oficialismo y aliados que se quedó con el control de las comisiones. El número quedó inflado porque la jefa del bloque libertario ya no cuenta con esos votos en la práctica.
El dato de los patagónicos es anecdótico, pero sirve para graficar las consecuencias que puede tener un discurso desmedido. Ya había sucedido algo similar en Diputados, en una sesión donde otro santacruceño clave amenazó con no dar más quórum porque un libertario asoció al gobernador actual con el kirchnerismo. Lujos que un oficialismo en minoría no puede darse.
La Libertad Avanza acusa recibo del golpe y dejará reposar el diezmado proyecto de propiedad privada en la Cámara de Diputados. La agenda continuará allí con la reforma del Banco Central, prioridad absoluta de Milei, y el nuevo régimen de Inocencia Fiscal. En el Senado, en tanto, Bullrich intentará sacar adelante otro proyecto no menos complejo de Sturzenegger que modifica la Ley de Sociedades.
Corresponsalía Buenos Aires.
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